Cine de atracciones

Es curioso que Martin Scorsese afirmara aquello de que las películas de superhéroes -concretamente de Marvel- no son cine, sino parques de atracciones, cuando Disney, empresa dedicada al séptimo arte y a los parques temáticos, tiene toda una línea dedicada a convertir en película las atracciones más conocidas de sus parques. 

Jungle Cruise sigue claramente el camino de Piratas del Caribe (2003), con la que guarda más de un elemento en común. Pero, aunque le pese a Scorsese, el resultado es una cinta muy simpática y entretenida, aunque quepa preguntarse si podemos encontrar en ella auténticas emociones.

Dirigida por un estupendo Jaume Collet Serra, el argumento propone la búsqueda de un objeto mágico-legendario -en la línea de los McGuffin de la saga de Indiana Jones- por parte de una intrépida botánica, Lilly Houghton (Emily Blunt), quien necesitará la ayuda de un curtido -y fornido- capitán de barco, Frank (Dwayne Johnson), para remontar el Amazonas en busca de algo muy parecido a la fuente de la juventud. En su camino se interponen empresarios antipáticos, Nilo (Paul Giamnatti), un aristócrata alemán -la historia ocurre justo antes de la Primera Guerra Mundial- que es una suerte de pre-nazi interpretado por un estupendo Jesse Plemons, que persigue a los héroes un submarino steam punk a lo Julio Verne. Por si fuera poco, nos encontramos con la leyenda sobrenatural de tres conquistadores, interpretados nada menos que por Edgar Ramírez, Dani Rovira y Quim Gutiérrez.

Con estos elementos y un montón de efectos especiales, Jungle Cruise recicla acertadamente el espíritu de las grandes aventuras clásicas. Collet Serra brilla detrás de la cámara sobre todo en las primeras secuencias, cuando la película establece una interesante reflexión entre lo real y lo simulado, apoyándose en el hecho de que, como ya he dicho, esto es la adaptación de una atracción de un parque temático.

Emily Blunt y Dwayne Johnson tienen química y consiguen imprimir humanidad en sus personajes y que nos importe lo que les ocurre. Por último, Disney mantiene su agenda para promover la inclusión -hay un personaje gay- y fomentar el feminismo -Lilly no necesita ser rescatada- además del ecologismo. El espectáculo familiar perfecto.