8.0
Score

Final Verdict

'Little Oblivions' es un disco en el que Julien Baker da un paso hacia adelante, llenando sus canciones de capas de instrumentos, jugando con la electrónica, y dejando que sean las emociones las que lleven las canciones a buen puerto. Imposible que este trabajo no te deje noqueado/a tras una escucha.

No resulta fácil destacar en el nuevo rock femenino norteamericano, que cuenta con un nivel de lo más alto, pero Julien Baker lo ha conseguido. Y lo mejor es que lo ha hecho con personalidad, sin tirar de efectismo, y dejando que sean sus emociones las que hablen. Sus letras, que reflejan esa dualidad que existe entre su fe cristiana, y su homosexualidad, derrochan sinceridad. Pero, además, hasta ahora, su música reflejaba una sobriedad que no cuadraba con una chica que acababa de cumplir la veintena. Todo esto ha cambiado con su nuevo trabajo, que es mucho más rico en instrumentación, y mucho más ambicioso.

La de Tennessee ha pasado de no meter ni una sola batería en su dos primeros álbumes, a llenar este ‘Little Oblivions’ de cajas de ritmos, baterías reales, sintetizadores que lo envuelven todo, y unas guitarras que rugen más que nunca. Y ojo, que lo ha tocado todo ella. Un envoltorio que hace que nos encontremos ante las canciones más directas de su carrera. Además de las más épicas. Temas tan desgarradores como “Hardline”, con ese final en el que casi se acerca al post-rock, o “Faith Healer”, están cargados de intensidad. Lo bueno es que no empalagan y resultan de lo más emocionantes. Y cuando está más contenida, acierta de pleno con canciones tan bellas como “Heatwave”, “Relative Fiction” o “Ringside”. Además de la impresionante “Favor”, donde colaboran Phoebe Bridgers y Lucy Dacus, sus compañeras en Boygenius.

El uso de la electrónica es una de las principales bazas de este álbum. Casi todas las canciones tienen una capa sintética que las hace más envolventes y cautivadoras. Uno de los mejores ejemplos es ese emotivo y ensoñador final que tiene “Highlight Real”, donde nos deja toda una tormenta eléctrica que no puede ser más apabullante. Pero hay casos donde incluso casi es la protagonista absoluta. Ahí está “Bloodshot”, en la que juega sin pudor con las cajas de ritmos. O “Repeat”, la cual podríamos meter sin ningún problema en el mundo indietronica. Y es más, ese papel que juega la electrónica, hace que temas con menos capas de instrumentación, como “Crying Wolf” y “Song in E”, se queden un poco cojos al lado de estos cortes menos minimalistas. Es la única pega que se le puede poner a este trabajo, el cual refleja muy bien el crecimiento de una las artistas con más talento de la actualidad.