Uno descubrió a Julia Jacklin a finales de 2016, con su debut Don’t let the kids win, uno de esos trabajos que va calando lenta pero irremisiblemente. El refrendo llegó con su directo en el Primavera Sound el verano siguiente. Y, sobre todo, con el magnífico Crushing —de lo mejor de 2019 para quien escribe—, convirtiendo a la australiana en un nombre fijo para un servidor. Así que su visita a Barcelona, presentando el notable Pre Pleasure, era cita obligada. La primera sorpresa —grata, con algún matiz en forma de «golpeantes» bolsas— fue que no éramos los únicos. El ambiente era mucho más bullicioso de lo esperable en un frío martes novembrino. 

Sin embargo, la verdadera encargada de caldear la noche iba a ser la telonera Erin Rae. Pese a plantarse sola con su guitarra en el escenario de La [2] de Apolo, la de Nashville no tardó en ponerse a la audiencia en el bolsillo. Claro, con esa preciosa voz todo es más fácil, pero el encanto y dominio de los elementos no son dones milagrosos. Su country-folk deudor de la mística de su tierra natal funciona tan bien en disco como en desnudo directo, entroncándola con maestras como Courtney Marie Andrews —con quien ha girado— o delicatessens como aquel enorme Rabbit Fur Coat de Jenny Lewis and Watson Twins de 2006. Maravillosa «Modern Woman» retro. 

Erin Rae en La [2] de Apolo. Foto: Raül Jiménez

Puntual respecto al horario previsto, Julia Jacklin y su banda —sólido quinteto, sólo algo sepultados por la iluminación— arrancaron con una contenida «Don’t Let the Kids Win», seguida de la más ruidista y rotunda «Be Careful With Yourself», para delirio de las fervorosas primeras filas. Aunque el primer triunfo del show llegó con la dupla formada por las inmensas «to Perth, before the border closes» —tan sencilla, tan conmovedora—, y el ensoñador pulso, muy a lo Weather Station —comparten productor, Marcus Paquin— de «Love, Try Not to Let Go», quebrándose en el épico estribillo. La horterada de entrar con el «My heart will go on» de Céline Dion —nunca fue una buena canción Julia— quedaba más que perdonada. 

Con un sonido impecable toda la noche —a uno le cuesta recordar una acústica mejor en la antigua La [2], gran (re)estreno— una Jacklin cada vez más suelta y feliz al ver el entusiasmo y cantarín conocimiento del público más devoto, claramente femenino, —todo genial, excepto la «violencia» bolsátil— continuó con un tramo de mayor recogimiento. Ahí cayeron su ya pretérito single de debut, «Pool Party», entre las canciones más «americanas» de su repertorio. O las brumosas cadencias de «Good Guy» y «Moviegoer». No obstante, las tres palidecieron ante el hechizo de «Body» y su cinemática tensión —sin olvidar la letra—. 

Julia Jacklin en trance guitarrero en Barcelona. Foto: Raül Jiménez

Hermanada con el tono aparentemente contemplativo de la anterior, acaso más vivaz, a continuación le tocó el turno a una de las cimas de Pre Pleasure, «Lydia Wears a Cross», de los envoltorios musicales más sofisticados y sugerentes de su discografía —ese teclado, las líneas de guitarra abriéndose paso entre la turbadora quietud— para otra letra de enjundia. Acto seguido vino «Ignore Tenderness», donde Julia Jacklin flirteó inicialmente con el spoken word —¿pseudo rapeo?— acabando con el pop más almibarado. Quedaba más emotividad, vía el baladón de «Don’t Know How to Keep Loving You», donde la de las Blue Mountains lució poderío vocal —insisto—, impecable toda la velada. 

Julia Jacklin se reservó sus temas más movidos para el tramo final del concierto. Primero con la estupenda «I Was Neon», con su eléctrica coda «Am I gonna lose myself again?» desparramándose por La [2]. Le correspondió una de las joyas de su repertorio, la jovial a la par que potente «Head Alone», himno empoderador donde los haya, con su explosivo final, coreado a viva voz por las más idólatras, ante el regocijo —micro para que cante el público incluido— de la aussie. Y el remate corrió a cargo de la muy esperada «Pressure to Party», una oda a la angustia social y los corazones rotos atacada con jubilosa fiereza e inmediatez rockera. 

Como había anunciado anteriormente, tras el agitado trío final, quedaba una postrera canción —exultante, Jacklin y los suyos ni siquiera hicieron el ademán de irse para el bis, se agradece—. Ese honor le fue otorgado a la delicada «End of a Friendship», petición de las susodichas fanáticas —en positivo, 110%— vecinas, aunque parece que ya ocupa la posición de cierre en su gira. Un elegante y algo dramatizado desenlace para un show contagioso y sin mácula. A tenor de lo vivido, no sé si ha nacido una diva y, por tanto, será la última ocasión para haberla disfrutado en espacios reducidos. Será una pena, pero mientras las canciones y los directos tengan este nivel, seguirá siendo fija para quien escribe…

Julia Jacklin, en plan crooner. Foto: Raül Jiménez