8.5
Score

Final Verdict

Este disco es una invitación a realizar una mirada a una época poco y mal divulgada.

Hafla” –que significa fiesta o reunión social– es el tercer capítulo del proyecto Siwan, que también da nombre al combo del compositor y músico de vanguardia Jon Balke, 1955, vinculado al sello bávaro ECM, desde 1994. El pianista noruego después de la publicación de su álbum solo, “Discourses” (2020), vuelve a este concepto, ya anticipado por “Siwan” (2009) y “Nahnou Houm” (2017). La música, o mejor dicho las distintas sonoridades, no solo es transversal sino que decididamente mira al pasado, desde la multiculturalidad. En lo lírico, se remonta hasta el s. XI para conjugar versos que se escuchan –en el librito que acompaña al cd se observan diversos deslices ortográficos en la reproducción de los versos en castellano, además se echa en falta un texto explicativo del porqué de la grabación–, maridados por músicas contemporáneas que realzan una belleza etérea, cuya autoría es responsabilidad de Balke. 

El compositor noruego, mediante una fórmula híbrida, sustentada por una variada instrumentación, surgida de tiempos y culturas distintas, obtiene unos resultados sorprendentes, que conducen a la belleza. En este sentido, se admira la interpretación notabilísima del Barokksolistene, el brillante ensemble de cuerda escandinavo, especializado en música barroca, que realza la musicalidad del poemario escogido. El otro elemento primordial es la lírica árabe y la mixtura de Siwa, el combo del propio Balke, que propone sonoridades del s. XXI, combinadas con la percusión y la cuerda árabes. En este apartado destacan Derya Turkan, al kemençe y Pedram Khavar Zamini, al tombak, el característico tambor persa en forma de cáliz, y la kuitra de Mona Boutchebak, autora de la delicada letra de “La estrella fugaz”.

Las letras de “Hafla”están extraídas de la tradición poética musulmana. El disco se centra en versos de temática amorosa, de la princesa Wallada bint al-Mustakfi (entre 994 y 1010-1091), hija del que sería undécimo califa de Córdoba, y su enamorado, el poeta Ibn Zaydun (1003-1071), uno de los más grandes poetas de al-Ándalus e Ibn Sara As-Santarini (1043-1123). Las cuatro primeras piezas, “Tarraquab”, “Enamorado de Júpiter”, “Mirada furtiva” y “La estrella fugaz”. El resto de las piezas se alimentan de los versos de Ibn Sa’id al-Maghribi (1213–1286), Abuy Bakr al-Turtushi (1059-1126) e Ibn Hazm (994-1064), todos ellos autores andalusíes. “Visita” no deja de ser una versión breve de la inicial “Tarraquab”, pero para la ocasión, cantada en castellano.

El atractivo tanto lírico como compositivo suponen el vestido ideal para y la dúctil voz de Boutchebak, que hábilmente ocupa el espacio diseñado para ella. La polifacética vocalista, todo un descubrimiento, canta indistintamente en árabe como en castellano, con raíz andalusí, en “Arrihu Aqwadu Ma Yakunu Li-Annaha”, en que los instrumentos de cuerda bailan, y en “Uquálibu” hacen lo mismo, pero, esta vez, en compañía de las percusiones y esa línea de contrabajo, que desprenden un aroma cinemático, y en “Wadadtu” la voz de la argelina danza entre planos y círculos de percusiones y cuerdas.

El violonista Bjarte Eike canta en inglés “Is There No Way”, una pieza cuya sonoridad conduce a un pasado muy lejano. Además, dirige el Barroksolistene, compuesto por tres violines; dos violas, dos violonchelos y un contrabajo. También cabe resaltar la imagen de la carátula, que desprende un sabor hípnótico, como es la imagen del adolescente suspendido en movimiento, obra de la fotógrafa Sarah Murtaja.    

Cada nueva escucha ofrece algún detalle diferente, entronando con naturalidad presente y pasado. Un pasado que alcanza la canción gharnati, que designa el repertorio de música árabo-andalusí de la Escuela de Tremecén, en el norte de Argelia, que coincide en el tiempo con la expulsión de la comunidad árabe de Granada a finales del s. XV que se trasladó al Magreb. Ese exilio coincide con la diáspora de la comunidad sefardí, dispersa por Europa y Medio Oriente, desplazada de unas tierras que habitaron durante siglos. 

Entre otros elogios, la prensa internacional especializada indica que “la visión musical de Jon Balke es concisa y se transfiere maravillosamente a este tapiz de colores y emociones”. Este disco es una invitación a realizar una mirada a una época poco y mal divulgada. Asimismo es una filarmonía que se puede estimar en Montréal como en El Cairo; en Córdoba como en Copenhague, donde se ha grabado el álbum, o en Yakarta como en Buenos Aires, pues consigue diluir el tiempo al franquear los parámetros entre presente y pasado.