Joel Sarakula, “Companionship” (Légère Recordings, 2020)

Cuarto trabajo del artista australiano

Con estos tiempos terribles que nos está tocando vivir, casi sería comprensible que la música marcada por las tendencias del momento pierda fuelle, que el oyente opte por escapismo hacia estilos y músicas que nos lleven a otro momento y a otro lugar. Está claro que donde sea que habita la música de Joel Sarakula no hay pandemia que valga y nadie piensa en el distanciamiento social. Como mucho, la mayor preocupación de la sociedad que habita en esa música ha de ser que el hielo de su Martini se haya derretido en el tiempo en que se han dado un chapuzón en la piscina. 


Y es que este australiano residente en el Reino Unido se ha convertido en todo un experto en soft rock, en el pop jazzístico y perfeccionista de Steely Dan; en el soft soul melódico de Hall & Oates ; o en el yatch rock que puebla los recopilatorios de Too Slow To Disco. O sea, todo lo que cierta doctrina hipster puede haber condenado al ostracismo por hortera, pero que en realidad acaba siendo “más molón que lo molón”. Además, no se encuentra solo en su empeño: por ahí andan sueltos seres maravillosos como The Lemon Twigs o Thundercat, que saben apreciar combinados musicales parecidos, o incluso los también australianos Parcels, a quien Sarakula parece haber cogido algunos recortes para dotar de mayor groove a este, su estupendo cuarto disco.

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