De hecho, Composed ofrece tantas variantes de lo que se puede hacer con una canción y una orquesta, que a veces más que un disco con un discurso unitario parece un portfolio de las diferentes habilidades de Bischoff. ¿Que necesitas un ambiente inquietante y casi gótico? Tenemos Insomnia, death and the sea, con un pasaje que podría pasar por heavy metal si sustituyéramos al chelo por distorsiones y la percusión por un baterista melenudo y cabreado; ¿Quieres imaginar a qué sonaría una peli Disney sobre el tropicalismo? Nada mejor que contar con el aval del mismísimo Caetano Veloso en The secret of the machines; ¿Pop majestuoso digno de Divine Comedy? Prueba con Young and lovely; ¿Melodías excéntricas y exquisitas? Nada superará a Crazy, sobre todo si cuentas con el lujo de tener a David Byrne para cantarla; ¿Vanguardia orquestal versus guitarras eléctricas? Para eso está Nels Cline, guitarra de Wilco, recorriendo vertiginosamente los trastes en Blossom; y si lo que quieres es que la próxima vez que Björk haga un disco orquestal cuente contigo, procura enseñarle The Nest (en el que Mirah hace de Björk mejor que Björk).

En definitiva, una postulación en toda regla para conseguir en el futuro el trabajo que suele quedar reservado a orquestadores tan consolidados como Owen Pallet o Nico Muhly.