Janis Joplin, Holly George-Warren (Libros Cúpula, 2020)

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Tras De cara, las muy recomendables memorias de Debbie Harry, Libros Cúpula redobla su apuesta por las figuras femeninas de la historia de la música con este Janis Joplin, a cargo de la célebre musicógrafa Holly George-Warren. La pormenorizada crónica de una leyenda, uno de los miembros más ilustres del trágico «Club de los 27» —vive deprisa y deja un bonito cadáver— y, sobre todo, una artista de inmortal presencia vocal y escénica, cuya corta carrera no le ha impedido obtener y mantener un lugar privilegiado en el «Olimpo del rock». 

Nacida en Asheville, Carolina del Norte, en 1956, Holly George-Warren es una de las cronistas más reputadas de la historia de la música, con una carrera apabullante. Ha sido directora editorial de Rolling Stone Press y colaboradora de publicaciones como el New York Times, MOJO o Entertainment Weekly. Ha ejercido de curadora del Museo de los Grammy en Los Ángeles y del Rock and Roll Hall of Fame, y como consultora y conferenciante para casi cualquier museo musical relevante en EE.UU. Su bibliografía es igualmente vastísima, tanto como contribuyente, coautora, o en solitario, con títulos, entre muchos otros, sobre Alex Chilton —¡traducción, por favor!—, los Grateful Dead, Gene Autry, el country, el rock primigenio, el bestseller The Road to Woodstock y, claro, este Janis Joplin, su obra más reciente. Ha sido nominada dos veces a los Grammy, primero por su labor en la coproducción del box set de Rhino’s R-E-S-P-E-C-T: A Century of Women in Music. Y segundo, entroncando directamente con el libro, gracias a sus notas a la reedición de 2013 del mítico Pearl

Y ese asombroso bagaje de su autora se muestra plenamente en Janis Joplin, una biografía que responde fielmente a su apostilla en el subtítulo de «definitiva», al menos en lo que a nivel de detalle de su investigación se refiere. George-Warren, que en el cierre del volumen confiesa su vínculo vital —una fan acérrima— con el icono de Port Arthur, Texas, es minuciosa hasta el extremo. Ello es debido al contacto directo y entrevistas mantenidas con el entorno familiar y musical de la cantante, y muy especialmente a los archivos personales de los hermanos de Janis, Laura y Michael.

Esa escrupulosa historiografía es algo que, en el primer tercio del libro, dedicado a la vida familiar y convulsa adolescencia de Janis en el condado tejano de Jefferson, puede resultar incluso agotador para el lector únicamente interesado en su música y su infausto mito. No obstante, ese extenso tramo de Janis Joplin pronto se demuestra casi tan relevante como el crucial concierto de Monterrey, las complejas ensambladuras de sus diversas bandas, los hallazgos de sus canciones más universales, o la gestación del póstumo Pearl. Sin él, no se entendería una psicología frágil, abocada al daño emocional. Primero frente a las limitaciones y presiones de un entorno sociocultural y familiar conservador. Luego ante la imposibilidad de hallar la estabilidad anímica en plena vorágine hacia el estrellato.

Janis y su psicodélico Porsche Super-90 en San Francisco. Foto: Jim Marshall

Inicialmente, por tanto, Janis Joplin es el relato de una friki a su pesar, una niña repleta de inseguridades frente a la estereotipada «normalidad» americana de los cincuenta —su físico, sus intereses artísticos— en la que no encajaba pese a sus desesperados intentos. Como suele ocurrir, la joven e impulsiva Janis reaccionará finalmente abrazando la extravagancia y la provocación en una comunidad bastante rígida —interesantísima la figura paterna, un alma cercana a su hija soterrada por el peso de la vida—. Será la reina de los excesos de Port Arthur, abriéndose tanto la puerta de la música, como de California… y de las adicciones. 

Esa dualidad es la que reina en el resto de Janis Joplin hasta cerrar el retrato de esa meteórica y desdichada figura. Es una «bola de nieve» sin frenos, que se disfruta con la prosa sencilla y sin tregua de Holly George-Warren —trasladada con solvencia al castellano por Rocío Varelo—, aún sabiendo el funesto desenlace. Todo encaja, de hecho. Janis no podía —¿quería?, la correspondencia con sus padres y ese matrimonio frustrado siembra la duda, expone la contradicción entre sus anhelos, y rompe el corazón— detener «la rueda» del circo del rock: imparable fama, libertinaje descontrolado y autodestructivo… y desoladora soledad en la cima. 

Soberana de Haight-Ashbury, Janis Joplin fue un epítome de la era hippie —crónica paralela del libro por la que desfilan Diggers, acontecimientos históricos, y las bandas y músicos más relevantes de la época—, desde su estrafalaria indumentaria a su concepción del amor libre, transgrediendo los roles tradicionales de género. Al igual que su maleable estilo vocal, capaz de traspasar géneros maridando blues, hard rock y psicodelia —Janis es uno de los mayores what if? de la música—. Aventura, apertura, evasión. Sin embargo, ella también refleja el lado tenebroso de ese tiempo. Caos, frenesí, y una angustia, un vacío que las drogas solo embotan, nunca llenan. Y ahora tenemos un libro que lo explica, TODO, con loable profusión.