8.8
Score

Final Verdict

El nuevo trabajo de Jane Weaver es uno de esos discos creados para que se conviertan en un gran acontecimiento del pop. Un álbum en el que explora nuevos caminos, logrando una colección de canciones ecléctica, pero coherente con su propuesta Y todo esto dejándonos su disco más directo hasta la fecha.

No es precisamente una recién llegada. Jane Weaver lleva cultivando su inquietud artística y musical desde hace ya casi tres décadas, ya sea asociada a bandas a las que la industria dejó en la cuneta, o en una carrera en solitario que ha ido sofisticándose al tempo que deja cada vez más atrás sus bucólicos inicios en el campo de la folktronica. ¿Por qué, entonces, se está recibiendo este ‘Flock‘ como toda una revelación y como uno de los primeros grandes acontecimientos del pop independiente en este 2021? Pues porque nació con el objeto de llegar lejos, o al menos más lejos que los anteriores, ya celebrados, trabajos de Weaver. 

Para su séptimo disco en solitario, la artista de Liverpool se ha lanzado a la nada desdeñable tarea de entregar 10 canciones de pop más o menos puro. Digamos que, para alguien acostumbrada a buscar giros radicales, lo más radical a día de hoy podría ser la persecución de un discurso más simple. Lo que para otra artista debería de ser una misión obvia, en el caso de Weaver -y de su aliado musical y personal, el productor/músico/coleccionista/capo discográfico Andy Votel– ha significado afinar bastante el punto de mira, dejar atrás algunas de sus veleidades conceptuales, y dar paso a una serie de ganchos melódicos y rítmicos que nos dan la bienvenida (casi) desde el comienzo.

Obviamente, la cosa no es tan sencilla. Weaver pertenece a familias musicales similares a las de Julia Holter o Weyes Blood, entre otras celebradas artistas de los últimos años. Lo que para ella puede parecer una línea recta, un trabajar con las riendas puestas, en realidad a nosotros, comunes mortales, nos llega como una ruta cósmica repleta de desvíos y sugerentes obstáculos.

Hay en este “Rebaño” de Weaver mucho de la psicodelia brit de bandas como Broadcast o Stereolab (especialmente notable en temas como “Heartlow“, “Flock“, “All the Things You Do” e incluso en “Lux“, un emotivo interludio instrumental a base de mellotrones), aunque lo que acaba convirtiendo el disco en una escucha constantemente fascinante es la apertura a otras influencias, desde las más consecuentes (el traqueteo motorik de “Modern Reputation” entra a la fiesta sin que nadie tenga que invitarle) hasta otras más sorprendentes como el glam rock de “Stages of Phases”, el funk de “The Revolution of Super Visions” (tan cercano a Prince o a la St. Vincent más principesca) y hasta una tentativa de hacer de diva pop en “Solarised” (que bien podría haberlo firmado Róisín Murphy). Este cocktail imposible viene en un envoltorio coherente y muy original, coronado por la voz de Weaver, sugerente en tonos graves y magnética y marciana en los extremadamente agudos. 

Ha tardado mucho en llegar aquí, pero da la sensación de que el punto recién alcanzado por Weaver va a marcar un nuevo horizonte artístico que nos puede dar aún más alegrías en el futuro.