Interpol, ‘This Mirror Weighs a Ton’ (Partisan, 2026)

Puede parecer que Interpol no es una banda con inquietudes musicales, pero lo cierto es el que grupo neoyorquino se ha transformado en varias ocasiones. Quizá no de forma muy evidente, pero su discografía está llena de momentos en los que se aprecia esas ganas de no repetirse. Pero claro, al final, la oscuridad está ahí, y la voz tan característica de Paul Banks es la que es. Así que, para su último trabajo, han decidido ir un paso más allá. ‘This Mirror Weighs a Ton’ es un disco en el que las cuerdas aparecen en varias ocasiones. A lo que hay que añadir incursiones en la electrónica bastante más profundas que las de sus anteriores discos. Y lo mejor de todo esto es que lo han hecho con toda naturalidad y sin perder su personalidad. De hecho, se podría decir que es su mejor trabajo en bastante tiempo.
Para crear las canciones de este álbum, Interpol se reunieron en el estudio que tiene Andrew Wyatt en Nueva York. Una decisión que ha terminado marcando el rumbo del disco. Básicamente, porque Wyatt, que es amigo personal de la banda, se ha terminado involucrando más allá de sus labores de productor. Gracias a él, aparecen todos esos instrumentos de cuerda y todos esos sintetizadores que adornan las canciones. Incluso se atrevió a meterles unas campanas en “Iron City”. Algo que, como se ha podido comprobar después, funciona muy bien, porque es uno de los mejores cortes del disco. Como también funcionan muy bien las cajas de ritmos y los sintetizadores sedosos del tema principal. O en esa “Enemy” tan oscura, pero a la vez tan fascinante. Y si nos vamos a “So Rides the Reindeer”, vemos que la electrónica también les sirve para dar con algo más emocionante.
Por supuesto, en este disco no faltan esos temas en los que Interpol sacan las garras y endurecen sus guitarras. Y ahí también hay cosas realmente interesantes. Es el caso de la estupenda “See Out Loud”, donde nos sorprenden con un tramo final realmente alucinante. O de esa “Wings On Fire” de guitarras áridas y ritmos entrecortados. Es decir: un clásico tema de Interpol. Algo que no casa con “Wake Up”, donde sí que aparecen sus características guitarras. Lo curioso es que las combinan con una sección rítmica que se acerca a la pista de baile y en la que aparecen unos bongos. Y la verdad es que les ha quedado muy bien. Como también les ha quedado bien el post-punk de tintes electrónicos que protagoniza “Ever the Actor”. Incluso se podría decir que “Sudden”, que cierra el disco con apenas un piano, tiene todo el sentido del mundo.