6.5
Score

Final Verdict

Interpol vuelven a entregar otro trabajo irregular en el que tratan de contentar a sus seguidores con tres o cuatro temas notables, pero, en su conjunto, resulta decepcionante.

Es una lástima que Interpol se haya convertido en una de esas bandas a las que les cuesta una barbaridad sacar un disco que, por lo menos, sorprenda a sus seguidores. El grupo neoyorquino ya va por su séptimo álbum, y sus dos primeros trabajos, los que, a su vez, son los dos más laureados por crítica y público, quedan muy lejos. Así que llevan casi veinte años sobreviviendo a base de discos irregulares en los que meten tres o cuatro canciones resultonas entre una buena tanda de temas más bien olvidables. Aunque sí hay que reconocer que en su anterior trabajo lo intentaron un poco más y el resultado fue un tanto más satisfactorio. Pero, tras escuchar su nuevo álbum, se podría decir que fue un espejismo.

The Other Side of Make-Believe’ es un disco plano donde se van sucediendo las canciones sin que ninguna de ellas resulte muy sorprendente. Flood y Alan Moulder, que se han encargado de la producción, van a piñón fijo, y su sonido se decanta por destacar ese lado más áspero de la banda que, sinceramente, no creo que interese a muchos de sus seguidores. Y sí, es cierto que tratan de innovar dejando que el piano se llevé el protagonismo en temas como “Toni” y “Something Changed”, que al final, son de lo mejor del álbum, pero a la gran mayoría de canciones les falta un poco de vida y alma. Es más, tenemos cortes como “Into The Night” y “Mr. Credit”, que son un autentico tostón.

Lo mejor del séptimo trabajo de Interpol llega con “Fables”. Aquí sí que han conseguido dar con un tema que destaca y puede entrar entre lo mejor de su carrera. Y todo porque, en lugar de preocuparse en sonar ásperos y esquivos, le han dado importancia a su melodía y a su estribillo lleno de melancolía, que es de los que se quedan grabados. Tampoco está nada mal “Gran Hotel”, donde tratan de volver al sonido de sus comienzos. Y bueno, aunque no lo consiguen del todo, si que es una canción que destaca entre el resto. Luego tenemos alguna buena idea mal ejecutada, como ese teclado que protagoniza “Big Shot City”, el cual no terminan de aprovechar del todo-su estribillo es de lo más pobre-. O que tengan pasar casi tres minutos para que “Renegade Hearts” estalle y se convierta en una canción sobresaliente.