Un repaso a como ha cambiado la vida de esta chica en un par de años, gracias a un disco tremendo que la ha catapultado al número uno de medio mundo, y especialmente a las listas norteamericanas, algo que parecía preocupar mucho a los jerifaltes de su sello, y a los cuales se les llena la boca de tanto número uno, premios, ventas y reconocimientos (escuchen al AR) pero que choca con una Amy que se muestra tal y como es, sencilla, cercana, con sus virtudes y sus defectos como toda personita. Se ha obviado el tan manido tema de la droga durante todo el documental (quizás no sea politicamente correcto) mientras que de sus escarceos con el alcohol sí que se habla aunque de pasada. Pero no importa ni nos interesa, porque Amy va mucho más allá de sensacionalismos. Solo hay que verla interpretando “There Is No Greater Love” en las oficinas de su discográfica cuando realizó las pruebas de selección o interpretando con  una guitarra acústica “Love is a losing game” en el festival SXSW de Texas para darnos cuenta del calibre de Amy. Ella puede ser todo lo grande que le dejen, pues canta con el alma y con el corazón. Sincera como pocas, con unas dotes interpretativas fuera de toda duda, sólo podemos desear una larga vida a Amy Winehouse en el mundo de la música. Desde luego más que nunca se puede afirmar que con Amy ha nacido una estrella.