¿Podemos cambiar quiénes somos?

¿Quiénes somos realmente? Richard Linklater se inspira -muy libremente- en una historia real para construir una comedia deliciosa y aparentemente ligera, Hit Man (2024), que nos dice que nuestras personalidades, inclinaciones y principios morales no son más que una construcción, personal y social, un relato que nos inventamos sobre nosotros mismos y que proyectamos a los demás. Esta idea, que parece sacada de un manual de autoayuda, resulta tremendamente eficaz y hasta entusiasma al ser presentada por Linklater en esta estupenda película. La historia nos presenta a un profesor de filosofía, Gary (Glen Powell) que, en su tiempo libre, se dedica a ayudar a la policía a detener a cualquiera que se le ocurra contratar a un asesino a sueldo. Gary, un tipo gris, aburrido, divorciado y un poco friki, se verá obligado a interpretar el papel del falso asesino que sirve de gancho a los policías y eso desbloqueará su verdadero potencial como persona. 

Hit Man es una comedia en la que vemos a Gary interpretando diversos papeles y conociendo a personajes de lo más variopintos, hasta que conoce a una atractiva mujer (Adria Arjona) que quiere contratar a alguien que la libere de su marido maltratador. Es entonces cuando la película muta de una comedia de humor negro sobre el submundo criminal a una comedia romántica que funciona de maravilla gracias al tremendo atractivo de sus protagonistas, Powell y Arjona, que tienen una explosiva química y que provocan una tensión erótica tremenda. Luego, el relato se hace más oscuro -pero no demasiado- y nos lleva a terrenos filosóficos pantanosos, pero Linklater consigue que la luminosidad de su historia no se pierda en ningún momento. De una forma muy original, Gary, como profesor, expone diferentes ideas a sus alumnos, o a su exmujer, que luego se traducen en la historia que nos cuenta la película.

¿Podemos cambiar y convertirnos en otra persona? ¿Se puede justificar un crimen si la persona eliminada es realmente dañina? No es que Linklater justifique la pena de muerte, pero, tal vez sí lo hace. Sea como sea -que cada uno saque sus propias conclusiones- una de las ideas más divertidas de Hit Man es cómo Gary crea una nueva personalidad, Ron, que es algo así como la fantasía masculina por excelencia: un tipo duro, guaperas, que se carga a quien se le ponga por delante y ante cuyo atractivo las mujeres caen rendidas. Básicamente, James Bond. Y una de las mejores cosas de esta película es cómo Glen Powell es capaz de pasar de ser el remilgado Gary al tiarrón de Ron, delante del objetivo de la cámara.

Original, divertida y realizada con talento, Hit Man es una de las películas del año.