Tras conseguir un éxito total con la premiada y taquillera Campeones (2018), Javier Fesser vuelve en Historias lamentables al humor y a la estética de sus primeros trabajos, como El milagro de P. Tinto (1998) y La gran aventura de Mortadelo y Filemón (2003). Un regreso a los orígenes que yo, francamente, celebro, sobre todo por la recuperación de una estética muy personal, que bebe de Amelie (2001), de la publicidad, del videoclip, pero sobre todo del cómic, del tebeo de Bruguera. Cada plano está cuidado al máximo, con dinámicas composiciones y un divertido uso de los colores que no huye, sin embargo, del naturalismo y de lo cotidiano. 

En Historias lamentables, Fesser juega al film de episodios, pero en realidad crea un artefacto cerrado, que recupera su universo personal de nostalgia retro, humor surrealista y de lo esperpéntico. Son cuatro relatos breves, cada uno más absurdo que el anterior, en los que se mira con humor la miseria humana de unos personajes, repletos de defectos, que, sin embargo, Fesser mira con su ternura acostumbrada. Porque al director siempre le ha interesado la figura del diferente, entendido como el marginado, pero también como el inocente. Laten debajo de las situaciones que plantea como humorísticas, temas tan serios como el acoso escolar, la inmigración, las relaciones tóxicas o la picaresca española, pero sin dar lecciones a nadie. 

Preestrenada en Amazon Prime Video para luego proyectarse en las salas de cine, Historias lamentables recupera al mejor Fesser, que dibuja su película en las páginas de un tebeo imaginario, que consigue que todos sus actores estén maravillosos y en el mismo registro, que demuestra de nuevo un oído finísimo para la frase costumbrista, esa que escuchamos todos los días, y a la que le da un giro irónico para elevarla a la categoría de lo cómico. Fesser hace películas en las que se mofa de la idiosincrasia española, pero siempre desde dentro y con cariño. Somos así de lamentables, así que ¿Por qué no reírnos?