Historias desde la cadena de montaje, Ben Hamper (Capitán Swing, 2014)

Historiasdesdelacadenademontaje-indienauta

«El trabajo dignifica al hombre» esa debe ser una de las mentiras más gordas jamás escritas y/o contadas, al menos para la amplísima mayoría de personas de este planeta —el porcentaje lo dejo a vuestra a elección—. El proletariado —los «curritos», si es que os da miedo la otra palabra— difícilmente tiene ocasión de escoger. Somos esclavos del salario, una servidumbre que con desoladora frecuencia conlleva la alienación humana, ese sustantivo terrible bajo el que se agrupan varios de los peores males de las sociedades modernas. Algo que este Historias desde la cadena de montaje, singular obra del norteamericano Ben Hamper que nos trae la más que interesante editorial Capitán Swing, ejemplifica de forma inmejorable, hilarante y a ratos brutal.

Roger & me. Sí, ya sé que el documentalista Michael Moore hace tiempo perdió el favor de quienes deciden qué está «en la onda», pero servidor ha visto pocas películas tan brillantes a la hora de retratar como una población, en este caso Flint, Michigan, puede vivir sometida —lo siento, esa es la palabra— al tirano de los siglos XX y XXI, la multinacional, concretamente General Motors, que fagocita las almas y exige pleitesía en nombre de la eficiencia, la productividad y el beneficio empresarial. Tres sinónimos de la miseria humana. Moore plasmó como nadie la dependencia de una ciudad a los caprichosos vaivenes de unos directivos que vendieron ser el motor de América —el archiconocido lema «lo que es bueno para GM es bueno para América»— pero la dejaron en la estacada en cuanto el margen de beneficios no fue el deseado, mandando a ingentes cantidades de gente al paro, la pobreza y la desesperación. Bienvenidos pues al mundo de Ben Hamper, operario de General Motors y conocido dentro de la fábrica como «Rivethead», es decir, «cabeza de remache».

En la nota de prensa y alguna que otra reseña se alude a Hunter S. Thompson al hablar de la prosa y el alcance de la obra de Hamper. La comparación es acertada, pero además del gran Doctor, yo añadiría a otro tótem del «lado salvaje» de las letras norteamericanas en la comparación. Me refiero, claro, a Bukowski. Historias desde la cadena de montaje entronca con Los Ángeles del Infierno, y también con el Cartero de Hank. Y es que Hamper hace periodismo gonzo, pero al contrario que Thompson, éste se convirtió en periodista por casualidad y la insistencia de Michael Moore, quien lo reclutó para su Flint Voice —luego Michigan Voice—. Gracias a su columna Impresiones de un cabeza de remache sobre la vida en la fábrica de General Motors, pasó a ser solicitado por publicaciones nacionales como Harper’s, Mother Jones o Esquire. Y a raíz de la publicación de este libro en 1991, compilación de dichas columnas, se convirtió en un inesperado icono a nivel estatal. Pero mientras Hunter creó el estilo gonzo por necesidad periodística y exceso de alucinógenos, Hamper, como hizo Bukowksi con la oficina de correos más fotografiada de Los Ángeles, simplemente narró su experiencia de once años en la cadena de montaje más famosa de América con descacharrante e inapelable mordacidad, revelando una realidad en la que uno debe perder algo la cabeza para sobrevivir. Puro gonzo. Puro realismo sucio. La grotesca realidad que supera la ficción.

Dicho esto, lo que diferencia a Ben Hamper de ambos es la sensación de fatalismo que rezuma su obra. Ojo, no es victimismo ni cínica amargura en la que el autor se regodea. Es genuina condena y trágico determinismo, desde la primera página. Primero familiar —«¿qué clase de ciudadanos pueden surgir de un padre alcoholizado en la fábrica y una madre víctima de la violencia familiar?»— y acto seguido, del lugar —«Una ciudad cuyos habitantes alcanzan una puntuación media a los bolos cuatro veces superior a su coeficiente intelectual. […] El paraíso de las barrigas cerveceras. La carnicería mundial de operarios. Patatas fritas con salsa»—. Relaciones que se van irreversiblemente a pique, estudios fracasados, drogas, alcohol… ¿consecuencia? La cadena de montaje.

Dentro de General Motors, Ben Hamper traza una historia de pesadilla que tiene la brillante virtud de hacer reír al lector, con momentos increíbles y disparatados como el del «Gato de calidad» gigante o el del «hockey remache», al mismo tiempo que muestra las entrañas de la bestia multinacional. Por ahí transitan, casi peor que reos deambulando por la cárcel, obreros hastiados, sepultados por el ruido, a punto de explotar pero temerosos de perder su cheque o los privilegios logrados —pura picaresca, transformada en dantesca sociología por el autor—, alienados por completo no solo en sus turnos interminables, sino también fuera de ellos. Para siempre. Cada día una derrota. ¿El sueño americano? Peor. La lenta, agónica muerte por la más letal de las enfermedades: el capitalismo. Lectura más que recomendable. Divertida. Estimulante. Necesaria.