Hilary Woods «Birthmarks» (Sacred Bones 2020)

La artista irlandesa publica un segundo trabajo tan íntimo como inquietante

La cantante y compositora Hilary Woods se dio a conocer en solitario con su primer LP, «Colt» (Sacred Bones, 2018), pero no era nueva en esto de la música. Entre 1996 y 2003, fue la bajista de la banda de indie rock JJ72, llegando a telonear a bandas como Coldplay o Muse y a colarse en el cartel de festivales importantes. Tras abandonar JJ72, Woods se entregó al estudio del arte y desapareció de la escena musical.

Once años después, reapareció en escena. Dos EP, «Night» (2014) y «Heartbox» (2016), bastaron para comprobar que estábamos ante otra Hilary Woods. El paso del tiempo conlleva un proceso de madurez que en la irlandesa significó la configuración de una nueva artista con un universo sonoro propio, absolutamente alejado del estilo de sus primeras incursiones musicales. Su trabajo es ahora mucho más personal, oscuro y de estética tan evocadora como inquietante. De hecho, es tan distinto que bien podría ser el de otra persona.

En su primer LP, «Colt», Woods se reveló como una sublime narradora del trauma, la recuperación y la redención silenciosas. Ahora, en «Birthmarks» reflexiona sobre el “yo”, la incertidumbre futura, la gestación y el nacimiento de una nueva vida, intentando dar un sentido a las cicatrices que la experiencia deja en el cuerpo y la psique.

Con un sonido más oscuro en comparación con su álbum debut, la artista ha colaborado con el productor y cineasta noruego Lasse Marhaug, y juntos han creado un nuevo conjunto de paisajes sonoros, cohesivos y sombríos que casan a la perfección. Sin embargo, este cambio estilístico supone, en cierto modo, una ligera pérdida de distinción, con un sonido que en su primer disco se sentía mucho más único y personal, y ahora entronca más fácilmente con el de otras artistas como Zola Jesus, Grouper, Marissa Nadler o incluso Chelsea Wolfe.

Compuesto a lo largo de dos años y grabado en invierno de 2019 entre Galway y Oslo mientras estaba en avanzado estado de gestación, «Birthmarks» es un disco cautivador y absorbente. Sus ocho canciones, cargadas de una fuerte introspección y emocionalidad, a veces incómoda, son de una extraordinaria belleza.

En el tema que abre el disco, “Tongues of Wild Boar”, violín y percusión envuelven la voz etérea de la cantante creando un ambiente sombrío, aunque extrañamente envolvente. “Orange Tree” es un canto al miedo a lo desconocido (I’m afraid of what’s growing inside of me) y el tema en el que la experiencia del embarazo de la artista está más presente. Marcada por la distorsión, “The Mouth” es una de las pistas más arriesgadas y ruidosas. La instrumental “Cleansing Ritual” es densa y relajante, cargada de zumbidos y distorsiones que parecen ejercer un poder cicatrizante y sanador.

La publicación de este segundo disco ocurre cuando el mundo vive en confinamiento, sometido a la propagación de una pandemia. Música oscura para tiempos oscuros, pero también música curativa para tiempos de encierro y reflexión obligadas.

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