Hidrogenesse “Joterías bobas” (Austrohúngaro 2019)

Declaración de intenciones: Intentar no hacer una crítica larga y exagerada, con todo explicado pésimo y con tantas palabras ¡ Claro que sí !

La relación que Hidrogenesse mantiene con México viene de lejos: ya publicaron en 2013 El Artista con la discográfica Vale Vergas del país norteamericano y lo han visitado varias veces desde hace una década. Por lo que la pregunta sería ¿Es Joterías Bobas el disco mexicano de Hidrogenesse? Se podría considerar que, en gran parte, sí.

Por un lado, la historia de donde viene el título, con ese insulto transformado en orgullo, sucedió después de una actuación allí; por otro, tenemos Xochimilco y su historia de María Candelaria, que ya hizo su aparición en la portada del Golden Greats que sacaron con Single con una versión de “No hay nada más triste que lo tuyo”, y que escuché por primera vez hará dos años en el Teatro Luchana junto con Maracas (si la memoria no me engaña).

Si seguimos, vemos  que casi todas las fotos del libreto (donde ¡hasta sonríen!) fueron hechas en México después de la grabación del disco, y están también esas notas que vienen junto a las letras, donde los propios Hidrogenesse dan algunas pistas para entender ciertas referencias. Todo el componente rítmico pasa de la hasta ahora frialdad robótica teutónica a ritmos de mambo, tango y bailes de salón. La versión respetuosa de Maracas de Paolo Conte con su evocación de América y su música no tiene pinta de ser casual: parece que esta vez nos hemos pasado al baile.

Sin embargo, Joterías Bobas no es solo México o ese disco de ruptura con la discografía previa, sino que resulta ser un eslabón más en la carrera de Hidrogenesse, más cercano a lo anterior de lo que parece en un primer momento.

Si empezamos por la forma de presentar el disco, es de agradecer que, a través de Austrohúngaro, sigan cuidando tanto el formato físico.

Así como en las portadas de Espanto hay continuidad en cuanto a utilizar referencias medievales, en el caso de Hidrogenesse existen también elementos comunes entre sus discos. El uso del mismo tipo de digipack que ROMA (2015), con una misma disposición en tríptico con las letras de las canciones, aparentemente con la misma tipografía, y el libreto de fotos mencionado anteriormente, hacen que este sea otro capítulo más dentro de la historia de Hidrogenesse, una capa más de la que nutrirse para futuros pasados.

En cuanto a la música, vuelven a aparecer Teresa Iturrioz e Ibon Errazkin en varias canciones, continuando esas colaboraciones que llevan haciendo en los últimos diez años entre sí, tanto en discos propios como de Single. También hacen su aparición de nuevo Jérémie Orsel y su infinita colección de sintetizadores. Como novedades surgen Elsa de Alfonso y La Terremoto de Alcorcón, siendo la segunda una sorpresa que no parecía encajar en el mundo Hidrogenesse que teníamos en mente y que sin embargo se integra perfectamente.

La impresión que uno acaba sacando líricamente del disco es que existen dos tipos de canciones: las narrativas, donde nos cuentan historias, como La Carta Exagerada, La Cita o Xochimilco,  y las más personales, siendo Nombre de Flor la que sirve como bisagra entre ambas clasificaciones. La importancia de Nombre de Flor viene reforzada por su aparición a lo largo del disco en tres ocasiones, así como por ser la canción dedicada a su amigo Jorge Pedro Uribe La Flor. Esto enlaza con el resto de canciones (obviemos Maracas, que sirve más como declaración de intenciones rítmicas) en donde podemos intuir una serie de principios o filosofía de vida.

Claro que sí, el tema que abre el disco, arranca como una actualización lírica (que no musical) de la dinaramaniana ¿A quién le importa?, pasando del orgullo y la autodefensa de la de Alaska a una posición de confirmación y autoafirmación en la de Hidrogenesse. También vemos dentro de este grupo una cierta aceptación de lo que no funciona o se ha perdido: más serena en Se Malogró y Teclas que no suenan y más lúdica en Llorreir. Solo quedaría hablar de la última canción del disco: Brujerías Jotas.

Suele ser en estos temas musicales de cierre donde, mal que les pese a ellos mismos cuando nos ponemos a sobreanalizar cosas que para ellos no existen, podemos encontrar una especie de síntesis del resto del disco. Ya pasó en los dos anteriores con Historia del Mundo Contada por las Máquinas (Un Dígito Binario Dudoso) y sobre todo en Aquí y Ahora (ROMA), casualmente las más largas de ambos discos. En la que cierra Joterías Bobas, la tesis más o menos se mantiene, aún siendo en este caso la más corta del álbum. Es en esta canción donde, a través de rituales y de deseos fuertes, esa patata no cocida de Se Malogró pasa a ser el arroz cocido en su punto y donde basta hacer encantamientos para conseguir lo que uno quiere, convirtiendo las casualidades en causalidades ( idea que también aparece en el planteamiento del último disco de La Bien Querida con sus canciones hechizo o en la historia de sus adorados KLF recogida en Caos y Magia de John Higgs)

Vamos a rezar y rezar muy fuerte ¡Todos juntos !