Interesante ejercicio de revisionismo el que nos propone Efe Eme en Héroes malditos, del músico y periodista barcelonés Eduardo Izquierdo. Treinta y tres trayectorias músico-vitales de otros tantos artistas injustamente olvidados —o como mucho, la etiqueta fatal, de culto— por la inmisericorde historiografía musical. Un ensayo que reivindica a esos talentos a quienes una serie de catastróficas desdichas, adversidades insuperables, absurdas estupideces, o contextos inapropiados, relegaron a la nota al pie del relato oficial basado en el éxito.     

Eduardo Izquierdo es colaborador habitual de la revistas Ruta 66, Mondosonoro, EFE EME y Rock On, y lo ha sido de «La Ruta Norteamericana» de El País, Desolation Post, Supernovapop,  la web SonicWaveMagazine, o los programas de radio «Sentido Común» y «Prefiero una jukebox». Como autor de libros musicales, tiene referencias sobre Quique González, Bob Dylan —se le considera uno de los mayores dylanitas del país—, Johnny Cash, The Doors, Elvis o Aerosmith, además de guías sobre Country Rock, Punk, y la coordinación de la obra coral Political World. En el terreno de la ficción ha escrito Debo ser muy buena presa (cuando tengo tantas escopetas apuntándome), Canciones que nunca escribí, y el libro infantil La pequeña historia de Roc. Y en el de lo inclasificable —y muy entretenido— publicó el socarrón «manual» Los sureños no llevan paraguas con Eloy Pérez, antes de este Héroes malditos.

La estructura del volumen, con semblanzas concisas —cinco o seis páginas por artista, foto incluida— pero de lo más amenas, junto a la desenfadada prosa de Izquierdo, permite al lector introducirse de inmediato en Héroes malditos. Y depara no pocas sorpresas agradables. La primera y más evidente es la encomiable selección de «infortunados». Lejos de los clásicos y nombres más recurrentes —sólo un par del «club de los 27»—, y con generosa amplitud de miras en cuanto a estilos y épocas —rock, blues, soul, punk, country, power-pop, indie— el musicólogo barcelonés escoge biografías, sino en los márgenes, sólo conocidas para quienes hayan profundizado en dichos géneros, más allá de sus «panteones». 

Así en Héroes malditos tenemos varios nombres que alcanzaron «el Olimpo» de forma efímera, caso del Big Bopper, las nunca suficientemente valoradas Mama Cass y Florence Ballard —uno no quiere que Diana Ross le caiga mal, pero…—, «el periodista de tercera» —Dylan dixit— metido a gran cantautor Phil Ochs, o la reivindicada a posteriori Laura Nyro. Aunque, a mi juicio, el meollo del libro reside en los descubrimientos, o recordatorios, de aquellos que pudieron reinar… y, sin embargo, el éxito les fue esquivo. Personajes como Blaze Foley —nota mental: tengo que ver la peli de Ethan Hawke—, Roy Buchanan, Phil Seymour, Chris Spedding, Terry Reid —¿mayor gafe del planeta?— o Robert Gordon, por citar algunos.

Claro, estos treinta y tres panegíricos permiten a Héroes malditos trazar algunos «patrones de la desdicha». La mala cabeza y las adicciones, por supuesto, están bien presentes. Igualmente las tendencias, digamos, kamikazes tipo Esquerita, Lew Lewis, Wendy O. Williams, o el misterio de Richey Manic. Asimismo, la pura desgracia, ya sea en forma de enfermedad, de un primoroso talento fuera de época —esos incomprendidos, pasto del ostracismo—, o de una torpe, luego fatal, elección. Y lo que es aún peor, la vileza, con contratos draconianos, cesiones mal calculadas o apropiaciones de canciones. O, directamente managers criminales. Pobre Peter Ham y sus Badfinger

Aunque Spotify, Youtube —la perversa paradoja de la elección— y el FOMO lo pongan más dificil que nunca, siempre ha existido la atracción por los underdogs. Esos «versos libres» que lo dieron todo y deberían haberlo logrado. Los «otros», en definitiva. Sus historias tienden a ser fascinantes —sus erráticos itinerarios son parte de su legado— y, quizás, más reconocibles y empáticas. Además, recopiladas, nos brindan la posibilidad de recorrer seis décadas de música por el camino menos transitado. Por eso, el lector conecta inmediatamente con una obra como Héroes malditos, convertida en estupendo homenaje a estos supuestos perdedores.