Felizmente, Neo Person sigue empeñada en que leamos sobre música desde su imprescindible colección Neo-Sounds, además con el valor añadido de proponernos biografías y ensayos que se escapan de los grandes —y manidos— nombres. Es el caso de Haz lo que quieras. La historia de Bad Religion. El relato, hilvanado por el periodista Jim Ruland, de los padres del llamado hardcore melódico. Auténticos decanos del punk más comprometido —abstenerse «libertarios del botellón», aquí hay que pensar— con más de cuatro décadas de carrera a cuestas. 

Radicado en el sur de California, la trayectoria de Jim Ruland no le anda a la zaga del grupo biografiado. Veterano de la Marina, ghost-writer, asalariado en agencias de publicidad, empresas de entretenimiento y de la industria del juego. Pluma fija sobre punk y cultura pop en Razorcake, único fanzine musical independiente sin ánimo de lucro en EE.UU. Reseñista de libros y perfiles de autores para Los Angeles Times y Los Angeles Review of Books. Colaborador en medios como Flipside, Electric Literature, Esquire o Granta. Autor de la premiada novela Forest of Fortune, la colección de cuentos Big Lonesome, y co-autor de My Damage con Keith Morris, co-fundador de Black Flag y Circle Jerks. Mucha «carretera». 

Esa experiencia y conocimiento en la materia se nota en la solvencia de Haz lo que quieras, un repaso intenso y detallado al recorrido de un grupo que las ha visto de «todos los colores». Sólidamente cimentado en las voces de Greg Graffin, Brett Gurewitz, Jay Bentley y Brian Baker, miembros fundamentales de Bad Religion —entre muchos otros actores vinculados al grupo, la única ausencia es su celebrado ex-guitarrista Greg Hetson—, las memorias se estructuran de forma estoicamente cronólogica. No hay lugar para florituras ni excursiones, lo que quizás le resta algo de dinamismo a la obra —hecho ajeno a la traducción de Ainhoa Segura Alcalde—. Sin embargo, su linealidad no debe confundirse con falta de interés. 

Formación actual de Bad Religion
Formación actual de Bad Religion (2020). De izq. a dcha. Mike Dimkich, Jamie Miller, Greg Graffin, Brett Gurewitz, Jay Bentley y Brian Baker. Foto de Alice Baxley

Porque Haz lo que quieras se revela como una biografía pseudo-coral —unificada por Ruland— que cubre diversos flancos. Por un lado, la crónica del devenir personal de unos adolescentes que formaron una banda en un «agujero infernal» —tradúzcase como garaje— en el Valle de San Fernando y pasaron a convertirse en referentes mundiales del género, no sin lidiar con ingentes dificultades y vicisitudes. Generoso en anécdotas, y más aún en honestidad, aquí conocemos de adicciones, agotamientos, deserciones y enfrentamientos internos. Y unos cuantos «renacimientos» para un combo de funcionamiento complejo —la bicefalia compositiva Graffin-Gurewitz, virtud y ocasional tormento—, con más de siete de vidas gastadas…  

Por otro lado, tenemos la historia de Epitaph, sello independiente creado por Brett Gurewitz, por siempre ligado a Bad Religion, no obstante igualmente clave para entender movimientos como el skatepunk o el neopunk californiano —con Pennywise, NOFX, Rancid u Offspring entre sus filas— que reventaron listas de ventas a principios de los 90. Su historia, y la de Gurewitz, ocupa cuantioso espacio de las memorias. No solo tiene sentido. Es indisociable del camino seguido por su banda más icónica, exitosa dentro de lo minoritario en los 80. Telonera de los «críos mainstream» —léase Blink-182— y fuera del sello —fascinante el periplo en Atlantic— en pleno boom del punk comercial. Establemente regresados en el nuevo milenio. 

Y es que, inextricablemente ligado al punto anterior, Haz lo que quieras se erige en un notable documento histórico acerca de la construcción del punk moderno. Y lo hace a través de un grupo nacido a contracorriente, en una era de hardcore duro, cuyas influencias partían de los Ramones, Germs o MC5, pero también los Beatles. Esa peculiar idiosincrasia deparó en un estilo propio, donde la melodía importa tanto como las letras —bastante más elaboradas que la norma—, cercano al rock alternativo sin perder el espíritu crítico, que se abrió camino junto a formaciones como Circle Jerks, Minor Threat, Minutemen o Dead Kennedys

En ese sentido, Jim Ruland no solo ahonda en giras, festivales o la gestación de sus discos esenciales, caso de Suffer (1988), Recipe for hate (1993) o Stranger than fiction. Los contextualiza para hablarnos de la influencia y legado de Bad Religion. Su conclusión es clara: fueron el eslabón entre el punk original y el estallido del punk de consumo masivo —el debate sobre la «ortodoxia» dentro del género queda en manos del lector—. Y, algo que Haz lo que quieras corrobora en sus páginas, unos supervivientes natos, aún muy activos y combativos… Y ahora reivindicados.