7.9
Score

Final Verdict

Hayden Thorpe continúa con su notable carrera en solitario tras la disolución de Wild Beasts, y nos deja un estupendo segundo trabajo en el que se mete de lleno en la electrónica más ensoñadora.

Si hay algo bueno que nos trajo la separación de Wild Beasts, fue encontrarnos con la faceta en solitario de Hayden Thorpe, el que fuera su cantante y compositor principal. En su álbum de debut, Thorpe, cambiaba bastante de rumbo y dejaba atrás esa faceta algo más sucia que tenía el último trabajo de su banda. No obstante, compuso gran parte del disco con un piano. Aunque, eso sí, también coqueteaba con los sintetizadores en cortes como “Earthly Needs” o “Anywhen”. Y ese es el camino principal de segundo trabajo en solitario, el cual nos presenta al músico británico un tanto más versátil y con más ganas de salir de su zona de confort. 

Moondust For My Diamond’ es un disco en el que la electrónica es la gran protagonista. Todas sus canciones están envueltas en sedosas capas de teclados, e incluso, en alguna de ellas, se acerca a terrenos bailables. Un sonido que le viene de maravilla a la forma de cantar que tiene Thorpe, en la que no hay sobresaltos y sí mucha calidez. Solo hay que escuchar la estupenda “Material World” que lo abre, donde nos lleva a su particular pista de baile ensoñadora. Un camino que también sigue en las no menos estupendas “Parallel Kingdom” y “Rational Heartache”. Además de en ese maravilloso tema de funk-pop llamado “Metafeeling”. 

Con este disco, Hayden Thorpe se ha metido de lleno en ese grupo de artistas que saben cómo emocionar con la frialdad de la electrónica. La mayor prueba de esto es “The Universe Is Always Right”, el que ha sido elegido, con mucho atino, como el single principal del álbum. Es un corte con una delicada caja de ritmos, la cual, por momentos, recuerda a los Pet Shop Boys del ‘Behaviour’, que logra su objetivo gracias a su voz. Algo que también ocurre con otros cortes del álbum en los que la electrónica más minimalista es la protagonista. Ahí está “No Such Thing” y su pequeño punto épico final. O ese “Hotel November Tango” que te arropa con su manto sintético. Eso sí, prefiere terminar a lo grande con “Runaway World”, todo un baladón que hace que nos acordemos un poco de los primeros Wild Beasts