El mal debe acabar hoy

Halloween Kills no solo mejora la propuesta de La noche de Halloween (2018), sino que en mi opinión amplía a su predecesora y la convierte en una mejor película. Esta secuela dirigida por David Gordon Green y escrita junto a Danny McBride, es un slasher inteligente que juega con la mitología del personaje y hace una suerte de resumen de todas las -más bien mediocres- continuaciones que convirtieron al asesino en serie en un monstruo sobrenatural. John Carpenter concibió al psicópata Michel Myers, con su máscara blanca impasible, como una representación del mal puro: sin motivaciones ni coartadas. El mal por el mal. Pero Carpenter no se apartó del todo del realismo: esto ocurrió a través de las múltiples secuelas, argumentalmente absurdas, empeñadas en resucitar al hombre del saco una y otra vez por el puro rendimiento comercial. 

Gordon Green y McBride borraron esa continuidad en la mencionada La noche de Halloween (2018) y propusieron una continuación directa del clásico de Carpenter de 1978, 40 años después, convirtiendo a Laurie Strode (Jamie Lee Curtis) en una superviviente traumatizada, en una conspiranoica escondida en un búnker. Lo más interesante de aquella película es que le daba la vuelta a los roles: el asesino se convertía en presa al ser cazado por su supuesta víctima y esto se hacía gracias a un juego de planos-espejo de la película original, en los que Laurie Strode reemplazaba a Myers. Un final redondo que completaba la película original con una vuelta de tuerca pensada para los tiempos de la reivindicación de la igualdad de género y del empoderamiento. Lo que hace ahora Halloween Kills es desatar ese nudo final -como lo hizo también Halloween 2: Sanguinario (1981)- para continuar directamente los hechos ocurridos durante esa fatídica noche de Halloween. Para ello, la historia recrea y desarrolla también las postrimerías de la película de 1978 -impresionante la caracterización del doctor Loomis, el fallecido Donald Pleasence– para luego recuperar a una serie de personajes que, como Laurie Strode, también quedaron marcados por los asesinatos de Michael Myers. Entre ellos, nada menos que Tommy Doyle -el muy ochentero Anthony Michael Hall-, aquel niño que Laurie Strode cuidaba en la película original -y un papel que ya hizo Paul Rudd en Halloween: La maldición de Michael Myers (1995)-.

Con estas ideas, Halloween Kills se las arregla para darnos un slasher muy jugoso en terror y en muertes sangrientas -lo que pide el aficionado- y para presentarnos además una historia que desactiva nuestras expectativas. No sabemos lo que va a ocurrir. El guión plantea una idea que expande el concepto de la primera película: ¿Qué pasaría si las víctimas del slasher se unieran para enfrentarse al asesino? -una idea sugerida, por cierto, en Halloween 4 (1988)-. La respuesta es un comentario político sobre las turbas enfurecidas que se dejaron llevar por los eslóganes de Donald Trump. Apunte muy interesante que aporta variedad, tensión y que llevan a un final en el que Gordon Green se desmelena, homenajea el famoso asesinato de la ducha de Psicosi(1960) -la raíz madre del slasher– y eleva -de nuevo- a Michel Myers a abstracción del mal, utilizando el lenguaje cinematográfico. Encima, nos deja con ganas de más: Halloween Ends se estrenará en 2022.