7.9
Score

Final Verdict

Grushenka han vuelto con un tercer trabajo que en el que su sonido evoluciona para irse a mundos más psicodélicos y dream-pop. Y lo mejor es que, por el camino, nos dejan una estupenda colección de canciones.

No lo vamos a negar: prácticamente nos habíamos olvidado de Grushenka. El joven grupo barcelonés nos sorprendió con el noise-pop directo y potente de su EP de debut, y nos terminó de conquistar con un par de álbumes en el que mostraban unas inquietudes musicales que iban más allá de la distorsión. Pero, a partir de ahí, desaparecieron del mapa. Y desde su último disco han pasado siete años. Así que, hace unos meses, cuando anunciaron un nuevo trabajo, nos llevamos una grata sorpresa. Una sorpresa que se ha convertido en doble al escuchar el contenido del disco, porque hay un evidente, y muy lógico, cambio de sonido.

Entre flores de azafrán’ presenta una nueva formación de Grushenka. Además de un nuevo paquete de influencias donde entran la psicodelia, la movida madrileña, o el dream-pop planetario. De hecho, mencionan a bandas como Unknown Mortal Orchestra, Parcels o Metronony. Y hay que reconocer que, tras la sorpresa inicial, el disco te atrapa y no te suelta. Sí es cierto que, quizá, esperábamos más distorsión y ese sonido que hizo que durante un corto periodo de tiempo fueran los Pains españoles, pero han sabido evolucionar y mostrar una nueva cara que les sienta de maravilla.

Una de las cosas más interesantes del tercer trabajo de Grushenka es ese sonido que los acerca al pop español de otras épocas. Es el caso de “Nacen en primavera”, una preciosa canción que bien podría pertenecer a bandas nacionales de los ochenta como La Granja o La Dama se Esconde. Un sonido que también aparece en la estupenda “Un atardecer de otoño”. O esa “Frenesí” tan acelerada que tanto recuerda a los primeros años de La Movida Madrileña. Incluso cuando le dan un toque de psicodelia al asunto, nos vienen a la cabeza todos esos grupos españoles que se dejaban llevar por esta corriente en los setenta. Y una buena prueba de esto la tenemos en la burbujeante “Esplendor” y en sus órganos tan retro.

Evidentemente, no han dejado de lado su faceta más rock. Pero sí es cierto que ahora se cuece a fuego más lento. Solo hay que escuchar “Si miro atrás”, el extenso tema que abre el álbum. En él, presumen de limpieza hasta bien entrados los dos minutos. Y, es más, toda esa distorsión que aparece en su estribillo, y en su parte final, se fusiona con un teclado de lo más psicodélico. Unos ingredientes que también forman “La autenticidad”, en la que, incluso, bajan un poco más la velocidad, y nos dejan una bella canción en la que coquetean con el dream-pop. Un sonido en el que también se meten de lleno en el delicado y envolvente tema titular. O en “Electrizante”, la canción que cierra el álbum entre capas ensoñadoras y sintéticas.