Gretel & Hensel

Todas somos brujas

El cine de terror bien podría ser el sucesor natural de los viejos cuentos infantiles clásicos, despojados estos de sus contenidos más perturbadores para preservar el sueño inocente de nuestros hijos.

En aquellas historias para niños, los villanos recurrentes suelen ser el lobo y la bruja, personaje éste último que, en el cine de horror de los últimos años ha ido cobrando protagonismo en títulos como, obviamente, La bruja (2015) o The Lords of Salem (2013) y el remake de Suspiria (2018). En estas cintas, la figura de la hechicera se convierte en un símbolo del poder de lo femenino.

No es casualidad, por tanto, que en Gretel & Hansel encontremos cambiado el orden de los nombres del cuento de los Hermanos Grimm. Gretel -estupenda Sophia Lillis– es el centro de la historia y su enfrentamiento con la malvada bruja –Alice Krige– tiene connotaciones muy diferentes a las que conocemos.

La historia de Gretel es la de una liberación: el guión de Rob Hayes utiliza la represión de una difusa Edad Media para convertirla en poco más que una esclava, en peligro de ser violada o asesinada por los hombres, y que sobre todo tiene que cargar con el peso de servir a los hombres, en este caso, su hermano pequeño Hansel, niño empeñado en demostrar su masculinidad con un hacha.

Por suerte, para contar esto, detrás de la cámara tenemos a Oz Perkins, capaz de fabricar atmósferas de cuento terroríficas, apoyándose en un cuidado diseño de producción que convierte la famosa casa de caramelo en una estilizada mansión encantada de líneas expresionistas. El relato está trufado de guiños esotéricos y de apariciones inquietantes que llevan a un clímax fiel al cuento original, pero completamente diferente. Estupenda película de terror que comete un solo pecado: el de explicarse, quizás, demasiado.