Libros Cúpula nos trae ¡Grabando!, una lectura musical sumamente atractiva. Porque, de la mano del productor, mezclador e ingeniero de sonido canadiense Mark Howard —con la colaboración de su hermano Chris—, nos permite descubrir los entresijos —variopintos— y rarezas —ingentes— tras las sesiones de gestación de los álbumes o canciones de algunos de los creadores más importantes del siglo XX. O, lo que es lo mismo, una biografía diferente y sin desperdicio. La del tipo dueño del estudio, parapetado tras la mesa de mezclas, a base de discos producidos y artistas con los que ha trabajado.  

Nacido en Manchester en 1964, Mark Howard comenzó su carrera en Hamilton, Ontario, como mezclador de espectáculos en clubes locales y giras por Canadá con King Biscuit Boy. Pero un accidente de moto lo incapacitó para levantar equipo pesado, pasando a ejercer de asistente en Grant Avenue Studios. Allí, en 1986, conoció a Daniel Lanois, con quien estableció una asociación musical —con notables altibajos— de más de dos décadas, con estudios en Nueva Orleans, México o San Francisco. Ya sea en colaboración o en solitario. O con independencia de las labores en el estudio, la nómina de artistas con quienes ha trabajado Howard habla por sí sola: Bob Dylan, Tom Waits, Willie Nelson, Marianne Faithfull, Emmylou Harris, U2, Peter Gabriel, R.E.M. o Neil Young, entre muchos otros —no os perdáis el playlist final— .

¡Grabando! da buena cuenta de esa dilatada trayectoria con suma agilidad —rasgo que recoge plenamente la traducción de Pilar Recuero Gil— y, motos aparte —demasiadas—, voluntad de centrarse en los artistas producidos y lo ocurrido entre bambalinas. De ese modo, el libro resulta de lo más disfrutable y variado. También revelador. Y es que Mark Howard disecciona una suerte de «pautas de comportamiento» de una pléyade de estrellas en esos períodos de realidad «suspendida», o paralela, que a veces parece la vida en el estudio. Bienvenidos al freak show

¿Exagero? Veamos. En ¡Grabando! tenemos a Neil Young y su calendario lunar para grabar. El caos extenuante de U2. El exhibicionismo de Iggy Pop. Las inseguridades de dos gigantas como son Joni Mitchell o Lucinda Williams. Los ataques de ira de Daniel Lanois —veladamente, o no tanto, el célebre creador quebequés no sale muy bien parado—. La estafa de Mumford & Sons —juro que no lo he escrito adrede…—. Los ambientes, ejem, «enrarecidos» de Los Neville Brothers o, por distintos motivos, Robert Plant. O los perroverdismos premium de Tom Waits y, cero unidades de sorpresa, Bob Dylan, quizás el «secundario» con más enjundia del lote. Así que de exagerar nada. Más bien me quedo corto…  

No obstante, el jugoso anecdotario no impide a Mark Howard ofrecernos la vertiente más técnica de los procesos de producción y grabación. Ciertamente, ¡Grabando! rebosa métodos, instrumentos, estrategias y trucos, con especial énfasis al establecimiento de los múltiples estudios mantenidos a lo largo de su carrera. Debiera ser la parte más espesa para los no versados. Sin embargo, Howard logra maridarla con las peripecias y sucesos vividos. Son dos caras de la misma moneda. Entretenídisimo y directo, al estilo de las entregas de nuestro ínclito Paco Loco, pero sin la parte gonzo-kamikaze-bocachancla del productor asturiano.  

Asimismo, ¡Grabando! también actúa como original y fragmentada autobiografía del propio Mark Howard. La del joven canadiense al servicio de Lanois —luego, diría que agotado por su vinagrismo—, encargado de buscar el local a transformar en ese territorio de resonancias míticas que es Nueva Orleans. La del montador de estudios itinerantes, o sitios tan glamurosos como el Teatro en Oxnard, California. El ingeniero de sonido cada vez más solicitado, finalmente dispuesto a lanzarse en solitario. La del nominado al Juno como productor del año. O el hombre, capaz no solo de repetir grabación con el mismísimo «míster gruñón» —Dylan, claro—. Sino de ser alabado públicamente por éste en la ceremonia de los Grammys donde Time Out of Mind obtuvo tres galardones. 

Ligero y muy ameno, ¡Grabando! funciona a diferentes niveles. Es un privilegiado pase vip a los momentos de creación de algunos discos icónicos —Automatic for the People y Monster de R.E.M., no me hace falta añadir nada más—. Una inesperada disección de la psique del músico en esos instantes de inspiración y, al mismo tiempo, volubilidad y vulnerabilidad. Y un breve narrador de secretos. Ya sean estos métodos, ardides, o puro, feliz azar, para lograr el mejor sonido, la mejor toma. O manías, sandeces, incluso amenazas a la integridad de un compañero de sesión… o al productor. Una labor muy especial, explicada aquí con absorbente detalle.