Gloria (Julianne Moore) es una mujer corriente que atraviesa ese momento vital, pasados los 50, en los que ya no te puedes considerar joven, pero tampoco perteneces a la llamada tercera edad. La película del chileno Sebastián LelioUna mujer fantástica (2017), Disobedience (2017)- habla del paso del tiempo -la jubilación, la muerte, la decadencia orgánica e incluso ecológica, son temas muy presentes- pero también de cómo nuestra sociedad está construida con la familia como paradigma. En la juventud se trata de encontrar pareja, pasados los 40 más te vale mantenerla. Gloria vive un triste mundo de discotecas para divorciados en las que solo se escuchan éxitos de los 70 y 80 –oldies-. Un mundo de adultos abatidos que intentan por todos los medios esconder las heridas de un pasado fracasado, como Arnold, el personaje de John Turturro, acosado por las hijas de un matrimonio anterior.

Sebastián Lelio nos cuenta así la vida de Gloria, sin estridencias, sin forzar las situaciones, y esmerándose para que su historia transcurra de forma tan real como nuestra anodina existencia. Estamos ante una comedia apagada, que corre el peligro de perder nuestro interés dado el rigor de Lelio en evitar giros, trucos y manipulaciones. Por suerte, el chileno mantiene, en este proyecto en inglés, su capacidad para extraer imágenes de belleza poética de situaciones completamente cotidianas. Sobre todo, la omnipresencia de la siempre magnífica Julianne Moore impide que desconectemos de la trama. Según Lelio, ella es la razón de haberse embarcado en este remake de su propia película, Gloria (2013), de la que es un calco casi exacto. El otro elemento narrativo que nos lleva de la mano durante la historia son los mencionados temas musicales, todos hits de una época que hoy pueden pasar por horteras, pero que alcanzan altura dramática -no exenta de humor- especialmente hacia el final de la película, con dos temazos, ‘Total Eclipse of the Heart’ y ‘Gloria’, cantadas con desgarro por las potentes Bonnie Tyler y Laura Branigan, respectivamente. La película consigue la pirueta de emocionar con dos canciones como esas y, sobre todo, con un relato plano, en el que las situaciones se van acumulando hasta encontrar, en el rostro de Julianne Moore, un desahogo que desemboca en nuestras propias emociones.