8.0
Score

Final Verdict

Gina Birch se muestra concisa, juguetona, afilada, combativa y naíf… Como la vida misma.

Desde la práctica del “hazlo tú mismo”, el punk supo aderezar su lírica y sus melodías escupiendo rabia, nihilismo mientras desafía la resistencia de los altavoces. En ese un territorio fronterizo, parte de la audiencia prefirió sudar y aullar desde el escenario, por cutre y cavernoso que fuese. Entre ese público había muchas chicas.

Entre esas mujeres inquietas en lo musical y lo vivencial se encontraba un cuarteto británico, The Raincoats, y en ese grupo de corta vida – apenas tres discos– una veinteañera tocaba en bajo. Gina Birch, no se ha cansado de contar que la elección de ese instrumento fue una cuestión de practicidad. “Era una de esas cosas en las que parecía que la batería era demasiado grande, la guitarra demasiado dura y yo no quería ser el cantante principal”. Después de mucho tiempo, pues también es cineasta, realizadora de vídeos y pintora reconocida –la carátula del álbum es suya–, vuelve. Más amable en las formas, pero igual de contundente. A sus 67 años, “I Play My Bass Loud” es el primer trabajo en solitario de la cantante de Nottingham, editado en el sello de Jack White, admirador suyo como del grupo. La grabación cuenta con el inquieto y solicitado guitarrista Martin Glover, ex-Killing Joke, como coproductor, junto a Helen McCallum, que también aporta letras. Asimismo, ambos, ejercen como bajistas.

En 1977, conoció a Ana Da Silva, pues eran estudiantes en la misma escuela de arte; una noche, ambas abrazaron la música como medio de expresión después de ver a The Slits. El álbum de debut, “The Raincoats” (1979), sigue siendo un hito. Pero, alguien dijo que ya no era punk. Era post-punk. Y luego art-punk. Más que rabia, las canciones de entonces giraban en torno al feminismo y la política. En este disco, las cosas no han cambiado mucho para la bajista y el poderoso sonido que produce. En “I Play My Bass Loud”, que sirve de título homónino del álbum, Birch indica que “la canción es una celebración del bajo como voz, simple o en capas, golpeando o bailando, o todo a la vez”. Su destreza para las letras se hace evidente en “And Then It Happened”, una suerte de spoken word, que contiene pasiones y anhelos como activista y encierra la ambición de que la sociedad otorgue a las mujeres sus derechos. No debería pedirlos, ni reclamarlos. Debería disfrutarlos por el simple hecho de ser una persona.

Birch llegó al feminismo por Vicky Aspinall, la violinista del grupo; su trabajo desde entonces ha estado impregnado de esa ideología. “Feminist Song” es otro punto álgido del álbum. Compositora principal del disco, Birch desea explorar otros ámbitos. En “Digging Down” encontramos tintes de reggae y rock alternativo en “Dance Like a Demon”. Y, en general mucho dub, buena muestra son “Pussy Riot”, su homenaje al colectivo ruso; “Big Mouth” o “Digging Down”. En “Wish I Was You” cuenta con la sólida presencia del guitarrista Thurston Moore. En “I Will Never Wear Stilettos” usa la moda para abordar de manera lúcida la deriva de la agresión sexual. Y “I Am Rage” es una oda a la sororidad, cantada en un susurro irónico y bailable. “Let’s Go Crazy” supone un cierre cinemático que puede remitir al imaginario de David Lynch.

La mayor cualidad de esta producción es la frescura. Las letras suelen ser incisivas, sin abandonar cierta ingenuidad, que aporta una sensación agradable y contagiosa por el baile, que puede remitir a The Specials, como al sonido Motown. Gina Birch se muestra concisa, juguetona, afilada, combativa y naíf… Como la vida misma.