7.8
Score

Final Verdict

Tras tres trabajos algo eclécticos e irregulares, Gaz Coombes consigue dar con una colección de canciones de lo más coherente en ‘Turn The Car Around’. Lo que hace que estemos ante el mejor disco de su carrera en solitario.

Como cada movimiento musical, el tiempo ha terminado poniendo a las bandas del Britpop en su sitio. Y es que, en esos noventa en los que salían diez bandas inglesas por semana, había una buena cantidad de carroña de la que ya ni nos acordamos. Lo que sí resulta curioso es que, a Supergrass, que tuvieron bastante éxito en su día, no se les suele dar mucha cancha cuando se hacen los típicos repasos nostálgicos de aquellos años. Y cuando los mencionan, no se suele ir más allá de su álbum de debut. Y es una pena, porque eran de lo mejor de aquella escena, y su trilogía de discos inicial es para enmarcar. Por eso la carrera de Gaz Coombes en solitario resulta bastante interesante. De hecho, diría que lo es bastante más de lo que han hecho los Gallagher por separado. Y su último disco lo corrobora.

Turn The Car Around’ es el tercer trabajo de una trilogía que Gaz Coombes inició con ‘Matador’. Eso sí, casi se podría decir que, cada uno de los discos que lo forman, no tienen mucho que ver entre sí. En cuanto a sonido, claro. Y es que, los dos primeros volúmenes contaban con una producción más actual y menos añeja. Sobre todo, el segundo, que era mucho más ecléctico. Pero aquí apuesta por un sonido totalmente retro que te lleva directamente a los setenta. De hecho, hay unas influencias muy evidentes del Bowie de esa época, o del rock con tintes de soul. Y lo cierto es que eso hace que estemos ante el disco más coherente de su carrera en solitario.

Coombes no se corta un pelo y abre el álbum con “Overnight Trains”, todo un baladón épico que revienta en su parte final. Es más, casi lo podríamos calificar de su “Space Oddity”. Y es que, ese sonido expansivo y lleno de épica que se hizo tan popular en el rock de los setenta tiene bastante protagonismo por aquí. Solo hay que escuchar como va creciendo “Not The Only Things”, otra de esas canciones que tienen una parte final que derrocha épica. O lo bien que se adapta esa épica a la melancolía que desprende “Sonny The Strong”. Un tema en el que, por cierto, nos cuenta la historia de un boxeador que tiene luchar con sus conflictos interiores. Además de “Dance On”, que es la joya de la corona del disco. Y sí, no puede acercarse más el Bowie glam.

No todo gira en torno a ese sonido en el cuarto trabajo de Gaz Coombes. También tenemos una balada como “Don’t Say It’s Over”, en la que sus cuerdas, y todo su sentimiento, hacen que se adentre en terrenos más soul. O todo un artefacto rock como es “Long Live The Strange”, en la que nos habla de la diversidad a la hora de amar. Y sí, es tremenda. Como también lo es la juguetona y algo más pop “This Love”, que es algo así como el tema con más espíritu comercial del álbum. Además, también nos encontramos con una gamberrada llena de guitarras sucias como es “Feel Loop (Lizard Dream)”, que es de lo más curiosa.