Gore festivo

Cuando el cine está más codificado que nunca y acudimos a las salas con la capacidad de predecir lo que vamos a ver -no solo por la repetición de fórmulas y esquemas, sino también por la exagerada cantidad de información que recibimos antes de cada estreno- resulta refrescante acercarse a una película de Quentin Dupieux. El director francés lleva ya más de una década cultivado un cine basado en la comedia surrealista -desde Rubber (2010) hasta la reciente Mandíbulas (2020)- cuyo principal valor es sorprendernos -y hacernos reír, claro-. Dupieux recupera para el espectador una sensación que creía perdida: el no saber qué esperar de lo que estoy viendo. 

Fumar provoca tos parte de un referente conocido, una parodia de los famosos Power Rangers, un grupo de superhéroes enfrentados a monstruos de goma, en la conocida vertiente infantil del kaiju eiga. Pero esa es solo la excusa inicial, muy vistosa y atractiva, para desarrollar todo tipo de situaciones de humor absurdo en una película que, en realidad, es una antología de breves historias que mezclan el surrealismo, el humor negro, y el gore festivo, muy presente en todos los relatos. Un reparto coral –Gilles Lellouche, Vincent Lacoste, Anais Demoustier, Oulaya Amanra o Adèle Exarchopoulos, entre otros- da vida a personajes imposibles, pero curiosamente cercanos -la clave de la comicidad de Dupieux es insertar el costumbrismo en una situación de ciencia ficción o terror-.

El humor es subjetivo y más de uno puede no conectar con la propuesta, pero en mi opinión Dupieux consigue en Fumar provoca tos una película divertida, sorprendente y que además permite pensar en temas más serios, como el estado actual de las cosas, esta sociedad apocalíptica en la que vivimos, en la que sabemos que fumar es asqueroso y aun así, fumamos. Lo mejor que podemos hacer al respecto es, claro, reírnos un poco.