7.7
Score

Final Verdict

En su segundo trabajo, Flock of Dimes consigue sacar una bella colección de canciones de un corazón roto y de un confinamiento. Y lo mejor es que su folk se expande hacia otros caminos, como el indie-rock o la electrónica.

Jenn Wasner es una de las artistas de folk norteamericanas más interesantes de la actualidad. En parte, porque, con su proyecto Flock of Dimes, se deja llevar por otros caminos y se sale de lo que propiamente conocemos como folk. No obstante, su mayor éxito hasta la fecha es un remix de lo más bailongo de su canción “The Joke”. Pero más allá de colaboraciones con otros artistas, sus canciones se mueven por muchos caminos diferentes, y su segundo trabajo es una buena prueba de ello.  

Head of Roses’ es otro disco que nace del aislamiento de los primeros meses de la pandemia. Wasner compuso prácticamente todas las canciones con el corazón roto y encerrada en su casa de Carolina del Norte. De ahí que también haya sido como una especie de terapia para ella misma. La artista Baltimore canta sobre lo que es enfrentarte al dolor, y a causar dolor a otros. Pero, además, también habla de aprender a responsabilizarse de sus propios actos. 

Estamos ante un álbum muy personal, pero eso no le ha impedido contar con la ayuda de algunos de sus colaboradores habituales. Como Nick Sanborn de Sylvan Esso, que la ayudó a crear estas canciones como si de una mixtape se tratara. Una forma de trabajar un tanto extraña, pero que no ha impedido que el resultado final sea notable. Sobre todo, en la primera parte, que es la más variada. “2 Heads” abre el disco presentando su faceta más onírica y ambiental, que es de una belleza tremenda. Pero enseguida saca la garra y nos deja “Price of Blue”, un corte de más de seis minutos, donde las guitarras rugen. Y hay que reconocer que se le da muy bien meterse en terrenos puramente indie-rock. Aunque puede que el gran momento pertenezca a “Two”. Aquí se deja llevar por folk-pop de lo más juguetón que, la verdad, es una auténtica delicia. 

La segunda parte del disco es bastante más calmada y algo menos variada. Aun así, de esa relajación, saca muy buenos momentos. Es el caso de la minimalista “Lightning”, en la que apenas necesita su voz y un delicado rasgueo de guitarra para salir victoriosa. O de “One More Hour”, la cual, gracias a su pátina electrónica y su pequeño punto de épica, se convierte en uno de los momentos más bellos del disco. Algo que también ocurre con “Awake for the Sunrise”, donde le pone un poco más de emoción al asunto (punteo de guitarra incluido) y nos deja un tema maravilloso.