El inconveniente de haber nacido…

Basta mencionar las tres nominaciones que tiene Flee a los premios Oscar para darse cuenta de que se trata de una obra bastante especial: mejor película de animación, mejor largometraje documental y mejor película extranjera. La primera se debe a que estamos ante la historial real de Amin, un refugiado de Afganistán que se ve obligado a huir de su país en los años 80, lo que supone separarse de sus raíces, de su familia y mantener oculto su pasado para no perder su condición de asilado político. Amin es homosexual y el descubrimiento de su orientación sexual se complica por la necesidad de emigrar y por la discriminación a la que se enfrenta en Afganistán y también en Rusia. Esto está contando con materiales de archivo reales, pero sobre todo a través de la animación -la película ha ganado premios en festivales especializados- que sirve muy bien para plasmar en la pantalla esta historia humana estremecedora.

Por último, Flee compite en los Óscar por Dinamarca -aunque es una coproducción de varios países-. La película, dirigida por el danés Jonas Poher Rasmussen, es un relato emocionante que nos muestra la lucha incansable de un ser humano por conseguir algo tan básico como la felicidad. Si esta parece garantizada a ciertos niveles en países de occidente como el nuestro, esta cinta nos hace reflexionar sobre el azar de nacer en un país que parece destinado al conflicto, en una cultura castradora, en una religión retrógrada, con un color de piel que puede complicar la posibilidad de ser aceptado o con una orientación sexual que todavía, en pleno siglo XXI, sigue siendo perseguida por los que cultivan el odio irracional.

El viaje de Amin hacia la libertad, la aceptación y la felicidad, que todos creemos merecer solo por haber nacido, da como resultado un film emocionante que habla de muchas cosas, todas ellas, verdaderamente importantes.