Fiesta Casa Jägermeister, Madrid (21-10-2010)

Por un momento, parecía que el típico amigo heredero de una gran fortuna daba la FIESTA en la mansión de sus padres. Y sin reparar en gastos para traer a nuestros grupos favoritos. Una vez llegados al lugar del evento y tras la media hora de rigor de inspección del curioso casoplón, dieron comienzo las actuaciones musicales, con el ligero retraso que se presupone en este tipo de fiestas. Los gallegos Novedados Carminha inauguraron el festival tocando casi todas las canciones de su primer y único disco hasta la fecha, “ Te vas con cualquiera”. Una sucesión de pelotazos punk desconocidos para la mayoría, que, sin embargo consiguieron captar la atención de los asistentes mientras engullíamos las deliciosas hamburguesas ofrecidas por el catering.

Los siguientes en animar el cotarro fueron los neoyorquinos Liars. El trío, consciente de ser uno de los platos fuertes de la noche, ofreció un buen concierto durante el cual se pudieron observar los primeros desmelenes de la noche. Un público muy entregado y agradecido tarareaba los estribillos de las canciones que conforman su último trabajo, Sisterworld, mientras los integrantes de la banda alucinaban con la anarquía general del ambiente. Un directo corto, pero intenso. La transición perfecta entre el punk salvaje y la exquisita electrónica que nos ofrecería el siguiente grupo.

Con los ingleses Metronomy llegó el llenazo total del salón de la mansión. Éramos muchos los que esperábamos un directo del antaño cuarteto y ahora trío de Devon. Hit tras hit, Metronomy no dieron tregua y a pesar de que en directo se echan de menos las voces femeninas que acompañan algunos de sus temazos (la batería se encargó exclusivamente de eso, de la batería), consiguieron que nos diera igual todo, transformando el salón de la casa en la pista de baila más desenfrenada. Como era de esperar, cerraron su actuación con A thing for me. Probablemente la canción más coreada de la noche.

Tras ellos, y poniendo el broche final a la fiesta, llegaron los ingleses –que no navarros-, Crystal Fighters. Ataviados como mensajeros de una religión aún por llegar, el grupo salió a escena con aspecto de haber disfrutado de la fiesta tanto o más que el resto de los asistentes. En este concierto también faltó la voz femenina, pero pronto la furia del grupo hizo que nos olvidasemos de la existencia de una cantante. Un concierto que nos dejó a todos con ganas de más. De mucho más. No por que fuera corto –aproximadamente una hora. Lo normal para un grupo que sólo tiene un disco en el mercado-, sino por su impresionante directo. Todas las canciones incluídas en «Star of love» funcionan como perfectos singles encima de la pista. Cada una superando a la anterior en registro instrumental y velocidad (y uso de txalaparta). Un hipnótico cruce entre el tecno, los sonidos andinos, la tradición vasca y la percusión más salvaje y primitiva. Impagable.

En resumen, directos brutales y ambiente entregado en el lugar perfecto. Esta vez, Jägermeister lo tiene dificil para superarse.

Fotos: Pablo Almarcha


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