Festival de la canción de Eurovisión: la historia de Fire Saga

Placer culpable

¿Qué se puede decir de una película sobre el festival de Eurovisión protagonizada por Will Ferrell? Que es exactamente lo que parece. Ferrell como productor, guionista y estrella, suele afrontar la comedia de una forma directa, sin segundas lecturas. Apuesta por lo ridículo, en la línea paródica, quizás, de Zoolander (2001). Eso sí, hay que decir que, si Ben Stiller parodiaba el mundo de la moda, Eurovisión es de por sí un espectáculo kitsch, por no decir marciano, en el que asistimos a la exudación de los clichés de la música comercial, en canciones en las que lo épico convive con lo extravagante. Es la falta de prejuicios de los concursantes -y los fans- de diferentes países, además de la saturación de purpurina, colores chillones y luces cegadoras mezclados con el folclore de cada región, lo que genera ese extraño encanto de un festival que parece tener más aceptación en los fríos países del norte. 

La película dirigida por David Bobkin -con experiencia en videoclips- y producida por el socio habitual de Ferrell, Adam McKay, gravita entre la parodia del festival y la comedia romántica que busca provocar sentimientos genuinos. Para conseguir esto, el personaje de Ferrell cumple la función de introducir el absurdo en el film: empezando porque con 52 años interpreta a un treintañero con sueños adolescentes, pero sobre todo porque el actor da vida a Lars -un islandés que sueña con ganar Eurovisión- en un registro paródico, mientras el resto de estupendos actores se toman “en serio” la historia. Rachel McAdams está encantadora, Dan Steven está muy divertido y Pierce Brosnan resulta muy gracioso sin siquiera esforzarse.

La película progresa sin gags verdaderamente brillantes, pero tiene interés por el fino equilibrio entre hacer sangre y reírse con cariño del festival. Las actuaciones que aparecen son claramente reconocibles como eurovisivas y sospecho que aquí hay mejores canciones. Hay cameos de concursantes eurovisivos famosos y bromas a costa de varias nacionalidades, empezando por Islandia y acabando por Estados Unidos. Pero es en el tramo final, cuando la película intenta despertar emociones, cuando creo que Ferrell comienza a ser verdaderamente paródico, replicando las buenas intenciones de cualquier film de Hollywood. Sea como sea, sorprende que una chorrada como Festival de la canción de Eurovisión: la historia de Fire Saga esté impecablemente dirigida y producida y que sea capaz de inyectar buen rollo al espectador. Entretenimiento inocuo, puede ser, pero un buen rato, también.