Family Romance, LLC

Vidas simuladas

El alemán Werner Herzog firma en Family Romance, LLC una película importante de ciencia ficción en el presente. Para ello, utiliza la estructura y la textura de un documental y sitúa su historia en un Japón alienígena, una sociedad de emociones contenidas, saludos separados por la distancia social y abrazos muy torpes. 

Inspirado en el caso real de una empresa japonesa que alquilan familiares para ceremonias como bodas o funerales, o simplemente como compañía, Herzog idea un protagonista, interpretado por Ishii Yuichi -el emprendedor real y fundador de la verdadera Family Romance- que presta sus servicios como actor para hacerse pasar, por ejemplo, por el padre que necesita una madre soltera para su hija; que se alquila para una novia que debe ser llevada al altar, o para la ganadora del premio de la lotería, que quiere revivir la inmensa alegría de un momento que sabe que nunca se va a repetir. Seguimos los pasos del protagonista en sus diferentes trabajos, y Herzog dibuja a su alrededor una sociedad de falsas apariencias, de emociones simuladas para las redes sociales, de hoteles manejados por robots, de funerarias que permiten que los clientes prueben sus ataúdes en vida. Una sociedad en la que las emociones reales ya no se distinguen de las fabricadas y en la que percibimos una inmensa soledad.

El protagonista sufre la esquizofrenia de tener que interpretar diferentes papeles para sus clientes, hasta el extremo de que su propia identidad se desdibuja, y de hacerle dudar de si lo que le rodea es también una representación teatral orquestada. Un miedo que remite, claro, a Phillip K. Dick. ¿No actuamos todos, en alguna medida, para agradar a los demás, para fingir que somos felices, para evitar ponernos en vergüenza? ¿Cuándo somos ‘verdaderos’? El contrato con Family Romance solo se romperá cuando surja un sentimiento genuino, y esa revelación resulta devastadora