Pasión de los fuertes

El actor Randolph Scott (1898-1987) alcanzó la fama interpretando sobre todo a tipos duros en varios westerns, especialmente los dirigidos por Budd Boetticher, en los años 50 y hasta retirarse del cine con Duelo en la alta sierra (1962) dirigida por Sam Peckinpah. Pero en los cotilleos de Hollywood se decía que Scott, casado con hijos, era amante de Cary Grant, con quien compartía una mansión de verano que les permitía una completa intimidad. En Extraña forma de vida, título robado de un fado interpretado por la cantante portuguesa Amália Rodrigues, Pedro Almodóvar propone una estimulante mezcla de western y melodrama en el que dos tipos duros mantienen una doble vida. Ethan Hawke -actor estadounidense al que hemos visto con el sombrero vaquero en más de una película- y el chileno Pedro Pascal -en la cúspide de su popularidad gracias a un western espacialThe Mandalorian– son los protagonistas de este cortometraje de 30 minutos.

Almodóvar concentra en esa media hora la historia de un amor imposible, que se ha perpetuado a través de los años, a través de una vida entera, alimentándose del anhelo y el secreto. Dos personas se aman sin importar la distancia, la situación vital de cada uno, y el paso del tiempo, aunque uno esté dispuesto a arriesgarlo todo para buscar su felicidad, mientras el otro se sigue negando a sí mismo sus verdaderos sentimientos. Es difícil decir quién de los dos sufre más. Almodóvar plantea esta historia alejándose de los colores terrosos del cine del Oeste y buscando más bien el technicolor del género en los 50, con vaqueros que han cambiado las telas rústicas por colorida ropa de alta costura, un cuidado diseño de producción y la estupenda fotografía de José Luis Alcaine, que se aleja del realismo físico para buscar la estilización. Se apoya también Almodóvar en la música de Alberto Iglesias para generar tensión, ya que, como en muchos westerns, la trama acaba desembocando en un duelo. Pero quizás, Extraña forma de vida se termina demasiado pronto, cuando nos hemos implicado en el drama de los dos protagonistas, cuando queríamos saber qué iba a ser de ellos, Almodóvar nos encomienda la tarea de imaginar qué futuro les espera al sheriff Jake y a Silva.