Estoy pensando en dejarlo

Memorias

Hay que alabar la política de Netflix de permitir a los mayores autores actuales –Martin ScorseseAlfonso CuarónBong Joon-ho, los hermanos Coen, o los hermanos Safdie– realizar films con lo que parece una libertad total. El resultado de esta política es un puñado de magníficas películas como Roma o El irlandés. Ahora nos encontramos con un autor peculiar como Charlie Kaufman -guionista de Cómo ser John Malkovich (1999), director de la animada Anomalisa (2015)- que entrega Estoy pensando en dejarlo, una obra que parece poco complaciente con el espectador, sobre todo en las dos largas secuencias en las que los protagonistas Jake (Jesse Plemons) y la joven -cuyo nombre parece variar durante el relato- (Jessie Buckley) mantienen sendas conversaciones mientras conducen por una carretera cada vez más nevada, de ida y de vuelta de la casa de los padres de él. Dos conversaciones en las que apenas pasa nada, pero en las que pasa de todo. 

Kaufman es tan atrevido como para retarnos a establecer cuál es realmente el punto de vista en este relato, en el que cada plano contiene elementos extraños, confusos, contradictorios. Tras varios saltos temporales injustificados y extrañas paradojas, entendemos que estamos ante el discurrir de la memoria, en una película que parece un cruce entre Fresas salvajes (1957) y la habitación de hotel del final de 2001: Una odisea del espacio (1968). Aquí ese lugar evocador, ese cruce en el que coexisten diferentes momentos, es la casa de los padres de Jake, interpretados por unos magníficos Toni Collette y David Thewlis. Allí pasamos de presenciar una historia romántica sobre una pareja que puede empezar o acabar una relación, a la comedia esperpéntica y desoladora de lo que significa entrar en la vida de otro, e incluso, en algunos momentos, parece que nos introducimos en una historia de terror psicológico. Kaufman se desmelena y hace que sus personajes hablen de cine -de Cassavetes y de musicales-, de feminismo, de arte y de poesía: atención a la estupenda Jessie Buckley recitando un poema de Eva H.D., en un tono que acaba siendo, más que teatral, literario: el film se basa en el libro de Iain Reid. Hay momentos de humor, pero también cosas tan inquietantes y misteriosas como cuando la joven se reconoce en una foto de Jake, de niño. 

¿Qué significa todo esto? No es preocupéis, el sentido de la historia queda bastante claro al final de la misma, pero también es recomendable dejarse llevar por la libertad con la que Kaufman introduce secuencias musicales o de animación, en una historia conmovedora que habla de la soledad y de la peor nostalgia, la de una vida insatisfactoria.