Tras una primera entrega del «Especial recomendaciones veraniegas» rebosante de cómics, hoy venimos cargados de música y periodismo, en su faceta deportiva —aunque con mucha sociología detrás—, histórico-política y sobre el propio oficio. ¡Vamos a ello!
MÚSICA

Sostener la nota, David Remnick (Debate, 2024)
Arrancamos las recomendaciones sonoras del «Especial» con un coloso de la crónica periodística escribiendo sobre once leyendas de la música —Aretha Franklin, Mavis Staples, Patti Smith, Bruce Springsteen, Paul McCartney, Keith Richards, Buddy Guy…— en su etapa crepuscular. Uno temería ante el peligro de tamañas reuniones en la cumbre, que suelen caer en palmarias sesiones de «baño y masaje». Pero la cabeza y la pluma del Pulitzer David Remnick son demasiadas garantías para adentrarse en Sostener la nota. Y, muy pronto, ya con el perfil inicial de Leonard Cohen, la recompensa por confiar en el director del The New Yorker es ingente para el amante de la música y el periodismo con regusto literario. Escritos durante los últimos treinta años, en ellos Remnick bascula con su proverbial elegancia entre la biografía, la entrevista y el análisis. Vividos, detallados y con acceso privilegiado —diría que a excepción de Dylan—, estos artículos son la certera demostración del valor de la observación para el buen periodismo. Y, lo que resulta aún más interesante, se asoman a ese extraño estado de incertidumbre, a veces rayana en la zozobra, al que incluso los mitos se enfrentan cuando se vislumbra el ocaso profesional y parece que solo queda hablar del legado. Raül Jiménez

La música es mi amante. Memorias, Edward Kennedy «Duke» Ellington (Libros del Kultrum, 2024)
Más leyendas. Con motivo del 125º aniversario del músico norteamericano se reedita su biografía, con traducción de Antonio Padilla, ya publicada por Global Rhythm Press, en 2009. Además, coincide con el 50º aniversario de su fallecimiento. Duke Ellington (1899-1974) es sin duda el compositor más influyente del jazz de las grandes bandas, ocupa un lugar eminente en los libros de música del siglo XX. Era un maestro del color y la textura instrumental y de los efectos tímbricos especiales, y experimentaba con la armonía y la forma. Pronto sus obras se acercaron a lo sinfónico. Las décadas de los años 30 y 40 son consideradas por muchos los mejores años creativos de Ellington. Es autor de «Sophisticated Lady», «Mood Indigo», «In a Sentimental Mood». En cambio, «Satin Doll», «Take the ‘A’ Train» y «Chelsea Bridge» son de Bill Strayhorn (1915 –1967) afamado compositor, pianista y arreglista, en calidad de coautor, que grabaron juntos. El libro se estructura en ocho actos, una entrevista y una extensa y documentada relación de composiciones. Una serie de capítulos conforman una biografía al uso, decenas de apartados que reúnen las vivencias compartidas con otras luminarias como Sidney Bechet, Louis Armstrong, George Gershwin, Johnny Hodges, Lena Horn, Ella Fitzgerald, Charlie Mingus, John Coltrane o Sinatra. El libro, que se publicó originalmente en 1973, hace hincapié en los músicos que lo acompañaron a lo largo de su extensa carrera. Miquel Queralt

Un cortocircuito formidable, Oriol Rosell (Alpha Decay, 2024)
Seguimos con la que podría ser la lectura musical nacional del año. Un título que, pese a su brevedad —apenas doscientas páginas— y suponer el debut del autor, espero que arme un buen follón. Y es que ese es el leitmotiv de Un cortocircuito formidable, recorrer y analizar la historia del ruido, con la voluntad desmontar prejuicios, resumibles en el sempiterno «eso no es música…». Lidiar con un concepto tan abstracto debería suponer un obstáculo difícil de superar. Sin embargo, Oriol Rosell consigue, de forma libérrima, minuciosa sin resultar plomizo, equiparar escandalera sónica a experimentación, a una suerte de género musical per se. De ese modo puede trazar una línea argumental y temporal que va de los Kinks —padres de la distorsión en el pop-rock— al muro de estrépito de los Jesus and Mary Chain o las «escenas del estruendo», como el black metal de Mayhem, la música industrial de Throbbing Gristle o el japanoise de Merzbow. Sin olvidar propuestas ya no radicales, sino directamente confrontacionales, que revelan cómo el ruido ha sido y es usado como la estridente punta de lanza de medios de expresión vanguardistas, estéticos… pero también contraculturales y políticos, de resistencia y protesta ante lo establecido. Una sugerente invitación a abrazar el caos. Raül Jiménez
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Algo muy dentro de Alex Chilton, Marce «Becerring» Moreno (Sílex, 2024)
Bravo por Sílex y su apuesta por publicar títulos cuya comercialidad se antoja discutible y que, además, se salen de las sendas bastante encorsetadas de las biografías musicales. Es el caso de este Algo muy dentro de Alex Chilton, un músico de culto envuelto en un aura de misticismo y malditismo cool para minorías, siendo apenas conocido más allá de los reverenciados —a posteriori— Big Star. Ese enigma irresuelto, un vacío real respecto a una figura fantasmal —a lo Nick Drake— es lo que intenta subsanar Marce «Becerring» Moreno de forma inusual y refrescante. Vuelca distintos formatos en el libro, ya sean artículos con nuevos enfoques, entrevistas a quienes fueron parte de su entorno —Jody Stephens, Jon Auer, Chris Stamey, miembros de The Box Tops, o su viuda, Laura Chilton—, o reseñas varias. Incluso busca una cohesión gráfica a través de las ilustraciones de «El Ciento». Una labor que, diría, desemboca en una conclusión: hubo multitud de Alex Chilton distintos, también algunos indeseables —su personalidad hermética, alimentada por sus adicciones, podía mutar hacia lo irascible—. Alguien que, pese a las dificultades personales y el largo y tortuoso camino desde el pelotazo juvenil de «The Letter», fue capaz de reinventarse y, simplemente, disfrutar de la música. Raül Jiménez
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Atlas de los sonidos remotos, Víctor Terrazas (Menguantes, 2024)
Cerramos el apartado musical con una extravagancia. Desde la cuidadísima edición en cartoné, con un papel grumoso de calidad para invadir de tonalidades de amarillo y azul la memoria y el corazón. La declaración de intenciones llega pronto, en el mismo prólogo. «Los mapas y la música cuentan más cosas sobre nosotros de lo que creemos. Son mucho más que una superficie o un espectro sonoro donde situarnos. Demuestran lo arbitraria que puede ser una frontera, pero también lo cerca y conectados que estamos los unos de los otros». Este no es un volumen para analizarlo, es un artefacto mudo, que se compone de color, sonidos y ganas de viajar. González Macías (1973), diseñador gráfico, escritor, editor y aficionado a los mapas desde pequeño, realiza un acto de orfebrería geografía y de artes gráficas. Y Víctor Terrazas (1995), escritor y periodista especializado en política y música, selecciona múltiples bandas sonoras, que recorren el globo terráqueo. Si hubiese que escoger dos palabras que definen la esencia de la obra sería remoto y, también, próximo. El resto lo debe poner el lector y su capacidad para comunicarse, relacionarse y aislarse para calibrar sus emociones a partir de la música. Elemento sanador donde los haya. Atlas de los sonidos remotos, que llega a su segunda edición, no es un mapa, no es una guía, ni tan siquiera un atlas, como reza en título. Es una bocanada de aire fresco que invita a romper esquemas y a instalarse en la libertad de la música, sus silencios y sus pausas. ¡Buen viaje, lectores! Miquel Queralt
DEPORTE

Invasión o victoria. Extranjeros en la NBA, Gonzalo Vázquez y Máximo José Tobías (JC ediciones, 2023)
También hay hueco para el deporte en el «Especial». Primero, con la reedición de esta suculenta obra, que aguanta el tipo pese a tener más de una década a sus espaldas. A mi juicio, ello se debe al inmenso trabajo de Gonzalo Vázquez en su mitad del libro, Antes de la invasión. A años luz de la mera retahíla de nombres/casos de foráneos a lo largo de la NBA, nos brinda un ensayo de índole sociológico, donde el baloncesto es casi una excusa. Un estudio que arranca antes de James Naismith acerca de un país aislacionista y supremacista. Y cuya idea de extranjería es harto particular y cambiante, de la intersección entre etnia, religión y raza, a las cada vez más preponderantes nacionalidad y política. Sobre este marco teórico, Vázquez hilvana un continuo de relatos de los verdaderos pioneros —lo lograsen o no—. Esbozos de vidas e idiosincrasias muy distintas sobre tipos que tenían potencial o jugaban rematadamente bien al baloncesto y, en conjunto, muestran la evolución en el acceso y reconocimiento del extranjero en la Liga. Una tesis que consolida Máximo José Tobías al trazar un completo recorrido, de los ochenta a la primera década del milenio, por los forasteros más representativos que, no sin dificultades, accedieron a la NBA hasta dominarla, como sucede hoy. Sólo una queja: la cubierta. Pese a idolatrar a Peja «American Graffitti» Stojakovic —inolvidable con los plavi y los Kings de Rick Adelman—, la imagen no hace justicia a esta obra mayor. Raül Jiménez

La tribu vertical, Borja Bauzá (Libros del K.O., 2024)
Si en la recomendación previa había casi tanta sociología como baloncesto, en La tribu vertical redoblo la apuesta. Y es que el fútbol palidece ante esta crónica de su «otro lado», la de sus gradas y aledaños, o como reza su subtítulo, Una historia de los ultras, hooligans y otros grupos radicales del panorama patrio. Por aquí desfilan política, violencia, masculinidades tóxicas, liturgias comunales, mitologías… Y explica parte de la España reciente —también, con demasiada frecuencia, la más bovina y mezquina—. Propulsado tanto por la borbotónica y directa escritura de Borja Bauzá, periodista que fue parte de uno de estos grupos en su juventud, como por la amplitud de voces recabadas, el libro tiene mucho de lectura fundacional. Por un lado, establece una cronología de los hechos, de sus orígenes setenteros a nuestros días, con especial mención a los años salvajes de los primeros noventa. Por el otro, desgrana las diferencias, alianzas y disputas —con otros grupos y las directivas de los clubes—, así como las influencias —nacionales e internacionales— de un fenómeno repleto de matices, pero ante el que tendemos al reduccionismo. Sin perder el pulso de la realidad en pos del academicismo, Bauzá apuesta por informar a través del entretenimiento, salpicando su ensayo de anécdotas —algunas brutales— que explican los porqués de esta subcultura. Apasionante. Raül Jiménez
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Crónicas balcánicas, Axel Torres (Contra, 2024)
Y cerrando esta inesperada trilogía de rotundo periodismo con coartada deportiva nos vamos de viaje a los Balcanes menos turísticos —aunque Albania sea hoy un destino de moda— gracias a Axel Torres. O, mejor dicho, de viajes, porque son varios, hasta cinco, los periplos por la región narrados por el periodista catalan entre 2013 y 2023. Hay dos historias principales en Crónicas balcánicas. Una es la del gradual, desde el cero absoluto, reconocimiento de la selección de Kosovo —y su liga nacional—. El otro es el de la rivalidad Albania-Serbia, con unos hechos alucinantes que implican un dron y una batalla campal en medio del partido de ida por la clasificación a la Eurocopa de 2016. A partir de ellos, Torres explora esos territorios otrora exóticos, mundos aparte a pesar de estar radicados en zona europea, en busca de un conocimiento sociopolítico, cultural, mucho más allá de lo futbolístico… Y, me atrevería a decir, ¿también de sí mismo? Porque el autor, que no teme abrirse en canal y hablarnos de salud mental o problemas sentimentales —igual que en El faro de Dalatangi, su recomendable incursión islandesa—, no es el mismo al principio del libro que al concluirlo. Algo que lo convierte en un buen periodista, especialmente en esta era de opinadores y regurgitadores de información desde sus habitaciones. Y un tipo interesante. Inquieto. Vivo. Raül Jiménez
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PERIODISMO

Ven a este tribunal y llora, Linda Kinstler (Gatopardo Ediciones, 2024)
Más periodismo. La académica y periodista californiana se interesa por la historia del criminal nazi Herberts Cukurs, antiguo piloto, ajusticiado por el Mosad y reivindicado por el nacionalismo letón. Para Linda Kinstler (1991), la hija estadounidense de emigrantes letones soviéticos, la historia es personal. Así se deduce en Ven a este tribunal y llora. Se crio entre judíos —el círculo de su madre— y asistió a una escuela judía. Una vez que la investigadora se interesó por la historia de Letonia, descubrió que había una razón para el silencio. Boris Kinstler, su abuelo paterno, había estado junto a Cukurs en el Arājs Kommando, el infame escuadrón de matanza creado por las SS al comienzo de la ocupación alemana de Letonia en el verano de 1941. De hecho, Yaakov Meidad, uno de los agentes del Mosad que había ayudado a secuestrar a Adolf Eichmann en Argentina cinco años antes, dirigió la misión para matar a Cukurs, en Uruguay. Dejó sobre el cuerpo una carpeta que contiene un pasaje de la declaración final de la acusación de Sir Hartley Shawcross en los juicios de Nuremberg, que imagina que la humanidad misma «viene a este tribunal y grita: ‘Estas son nuestras leyes, ¡que prevalezcan!‘». Esta aleccionadora historia de «justicia aplazada, retrasada, eludida y deshecha» sugiere que esas promesas se hacen mucho más fácilmente de lo que se cumplen. Miquel Queralt

Bartleby y yo, Gay Talese (Alfaguara, 2024)
Un ilustre de la profesión para cerrar. Gay Talese (1932) ha sido calificado de conciso, elegante, trágico o caprichoso. Interesado en aquellos que pasan desapercibidos, caso del redactor jefe de obituarios del The New York Times, Alden Whitman. Todo un personaje. O como en la estrella retirada del cine mudo, Nita Naldi. Inspirándose en el cuento de Herman Melville Bartleby, el escribano, el escritor revisita a los inolvidables «don nadie» que ha perfilado a lo largo de su carrera. Bartleby y yo. Retratos de Nueva York es el reflejo de un testimonio sincero de un ícono del periodismo. Incluye tres piezas, tal vez, la mejor es la última, «El brownstone del doctor Bartha». Un médico amó tanto su domicilio neoyorquino –una casa de cinco pisos– que, ante la perspectiva de perderlo para pagar un costoso divorcio, decidió volarlo, en 2006, consigo en el interior. Pero el artículo más famoso que firmó fue al no menos famoso Frank Sinatra. El cantante le negó una entrevista, pero el entonces periodista se las ingenió para obtener información del propio entorno del actor. El resultado fue «Frank Sinatra tiene un resfriado», de 1966, aparecido en la revista Esquire. En Bartleby y yo, el autor retoma la historia e incluye un extenso making of de aquel trabajo. A pesar de que no parece muy adecuado el subtítulo de la edición del libro en castellano, Retratos de Nueva York, cuando este singular periodista nos deje, el poder de las historias sobre las meras noticias perderá vigor y visualización. Miquel Queralt
Falta una última entrega, la dedicada a la narrativa, en nuestro «Especial», ¡así que nos volvemos a leer en breve!
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