Acabamos esta intensa semana de propuestas de lecturas con la tercera y última entrega del «Especial recomendaciones navideñas 2022», explorando una decena de títulos de ficción. ¡Vamos a ello!

El hombre que se enamoró de la luna, Tom Spanbauer (Literatura Random House, 2022)

Arrancamos la tercera entrega de este «Especial» con un par de desafíos literarios para lectores deseosos de retos. Primero, con esta novela de culto sobre la identidad envuelta en una alambicada, mágica y lúbrica mezcla de western y cuento de hadas. Escrita originalmente en 1991, El hombre que se enamoró de la luna es una obra transgresora —lógico teniendo en cuenta que Tom Spanbauer es el creador del concepto «escrituras peligrosas», adentrarse en temas que asustan o avergüenzan al autor—. Aquí el principal tabú cultural sería el sexo, explorado de la manera más abierta y desconcertante posible, y situado nada menos que en el Idaho —estado natal del propio autor— de 1880. Allí nos cuenta la historia de Cobertizo, un joven víctima de violación la misma noche que su agresor matará a su madre india. Será recogido por Ida Richelieu, prostituta y alcaldesa de la localidad, quien le proporcionará un hogar y le iniciará en la búsqueda de su propio camino. Estamos ante una novela de formación y educación singularísima, experimental si se quiere —Spanbauer es un minimalista con una innegable musicalidad en su prosa, nada farragosa—. Un canto a la libertad personal y, especialmente, sexual, con explosiones de violencia y amargura, que va tornándose en una emocional y atemporal obra de superación. 

Delicious Foods, James Hannaham (La fuga, 2022)
Especialidad absoluta de la casa editora, Delicious Foods es una comedia negrísima, tan osada en forma, tono y fondo que podría entender que sobrepase el límite para muchos. James Hannahan ha creado una novela mordaz, vitriólica, y exigente —voz narrativa y línea temporal van y vienen— para el lector, donde el humor y la exageración le permite adentrarse en temas espinosos como la esclavitud, el racismo y la violencia hacia los marginados. Ahí reside la singularidad de la obra. En el delicadísimo equilibrio entre la corrosiva voz del significativo narrador Scotty y la trágica historia de Darlene, otrora esposa y madre ejemplar, ahora incapaz de sobreponerse a la violenta muerte de su esposo. En busca de escapatorias falaces, llámense drogas —insisto, atentos al increíble Scotty— o la tiránica empresa titular, clara reencarnación de un tiempo no tan lejano en EE.UU., especializada en aprovecharse de los débiles, de la que deberá escapar para reencontrarse con su hijo Eddie. Una trama sumamente original para hablarnos, con ocurrencia, ingenio y cruda honestidad, de desesperanza y redención… en un relato que se repite vergonzosamente, adoptando «distintas pieles», en Norteamérica.

Compasión por el diablo, Kent Anderson (Sajalín, 2022)

¿Queda algo por decir de la guerra de Vietnam? ¿Puede la literatura ofrecernos una nueva perspectiva? La penúltima adición a la infinita colección «Al margen» de Sajalín quizás no sea un enfoque estrictamente distinto. Pero su tono y, sobre todo, su extraordinaria pegada, certifica que sí hay espacio para volver a quedar noqueado por esa conflagración. Porque Compasión por el diablo de Kent Anderson, veterano de esa contienda, aporta esa sombra aterradora de lo real manando del papel, desmontando punto por punto cualquier atisbo de glamour, honorabilidad y heroísmo del soldado o la institución. Esto es la «exhibición de atrocidades» de Joy Division en todo su macabro esplendor. Anderson logra que sus personajes centrales, ya sea el bisoño Hanson —su alter ego—, el cafre sanguinario de Quinn, el más ladino Silver, o la tropa de secundarios viles —no hay un oficial que no sea corrupto—, epitomizen la adicción por la violencia más descarnada y gratuita, junto a la deshumanización de propios y extraños. Como si el ya estupendo y descreído Buffalo Soldiers —en la susodicha colección— aún pudiese tener dos, o tres, o quince, «vueltas de tuerca». Siendo la más aterradora y novedosa de ellas el fallido retorno a casa y ulterior regreso a Vietnam de nuestro protagonista, el verdadero hogar para la «carne de cañón». «This is the way, step inside»… (Por Raül Jiménez)

Cita en Samarra, John O’Hara (Lumen, 2022)

Dos clásicos estadounidenses para continuar. Primero con el regreso del gran John O’HaraContra nos trajo lo mejor de sus cuentos y nouvelles—, en una de sus obras más conocidas. Una novela próxima a cumplir nada menos que 90 años, pero que sigue siendo un prodigio literario. La cuenta atrás en el terrible camino a la perdición de Julian English, un joven que hasta la navidad de 1930 era, junto a su pareja Caroline, el epítome de la «biutiful people» de Gibbsville —mucho de la propia vida del escritor en la historia y localización del libro—. También un vividor abocado a una encrucijada borrosa y perennemente etílica, un «sucedió una noche» de aciagas consecuencias ante el que nuestro protagonista zozobra durante tres días de autodestrucción y actos kamikazes. Cadillacs, whiskies gigantescos, ensueños resacosos, impertinencia, iconoclastia e incontinencia verbal mezclada con un ritmo y músculo narrativo sin parangón «¿Estáis seguros de que es el caos la respuesta a mis plegarias?» cantaban mis añorados Hazte Lapón. Para O’Hara, ciertamente el eslabón perdido entre Francis Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway, la respuesta es un tajante y absorbente sí… (Por Raül Jiménez)

La mirada del ángel, Thomas Wolfe (Trotalibros, 2022)

No dejamos esa época pretérita —la novela fue publicada originalmente en 1929— para hablaros del exitoso debut del reverenciado Thomas Wolfe. Fuertemente autobiográfica, estamos ante un coming-of-age de prosa exquisita ubicada en una rotunda crónica familiar. Y es que la historia del joven Eugene Gant, trasunto del propio Thomas, es asimismo la de su padre, alcoholizado escultor de figuras funerarias. Su madre, que pese a haber traído diez hijos al mundo —o quizás por eso mismo—, ansía convertirse en un «tiburón» del sector inmobiliario. O la de sus hermanos, demasiados para no crecer en soledad. Demasiados para no competir por la atención y afecto de sus distantes progenitores, algo que no entra en la naturaleza de nuestro protagonista. Porque La mirada del ángel es igualmente el relato de un carácter, fantasioso y retraído, creciendo en un hogar sin cariño, ajeno a su manifiesta sensibilidad. Buscando su propio camino, que inevitablemente le llevará a abandonar ese insignificante pueblito de Altamont, Catawba —sustitúyase por Asheville, Carolina del Norte—. Un estado de ánimo hecha sutil, minuciosa, afligida novela. Una obra muy especial…(Por Raül Jiménez)

Matar cabrones, Fernando Mansilla (Barrett, 2022)

Fuera caretas. El descubrimiento autoral para quien escribe en este 2022 es el malogrado Fernando Mansilla. Tras el extraordinario Canijo —próximamente en la lista de lo mejor del año de esta sección—, ahora tengo que hablar de este Matar cabrones, su novela póstuma. Una novela negra cuyo detonante es el asesinato de dos maleantes en el centro de Sevilla. En realidad una lograda excusa para regresar a las queridas malas calles de Mansilla. A sus desheredados, que supo dignificar como nadie sin caer en romantizaciones. A ponernos frente al espejo de una sociedad que aplasta a muchos para beneficio de unos pocos. Parece que resultado de una labor especialmente abnegada de los editores de Barrett —no os saltéis el sentido prólogo antes del prólogo—, Matar cabrones se disfruta como una suerte de Canijo 2, enganchados, de nuevo a una prosa tan eléctrica y salerosa como extrañamente natural, verdadera. A su pléyade de personajes inolvidables, capitaneados por Adelardo —lo único que me cuesta del libro es ese nombre—, todos pobres de solemnidad, todos perdidos y colgados, a los que se suman unos pocos hijos de puta de primer nivel. El lado jodido de la vida,  transformado en una coral celebración… literaria y vital. No os perdáis a Fernando Mansilla. (Por Raül Jiménez)

Viento herido, Carlos Casares (Impedimenta, 2022)

Segunda pluma nacional en el «Especial» con la que paso a los relatos —no pueden faltar para quien escribe—, en este caso tan breves como demoledores, en una obra magna de las letras gallegas modernas. Datado en 1967, Viento herido se compone de doce historias que apenas superan el centenar de páginas y que, sin embargo, contienen auténticas multitudes y tormentas en su interior. La tradición oral —incluso cierta cadencia interna— dándose la mano con técnicas vanguardistas, ahora dislocando la prosa, luego alternando puntos de vista o recurriendo al recurso del monólogo interior. Pero, más allá de formas y estilos, bajo su apariencia mínima, estos cuentos golpean con su catalización del fatalismo y la brutalidad. Niños que dan miedo y viejos que apenan el alma. Pérdidas, definitivas o circunstanciales, y violencias que nos hablan de los restos de la guerra —tremendo «Como lobos»— convertida en juegos crueles. Ritos de paso y tiempo inexorable, que se malgasta en anodinos domingos o en tabernas repletas de fantasmas. Desesperación y personajes desesperados. Realismo mágico con la balanza claramente desequilibrada en lo primero, mientras que la magia debe buscarse en el extraño hechizo y congoja que provocan estos relatos… de impacto. (Por Raül Jiménez)

Gravedad cero, Woody Allen (Alianza, 2022)

Más forma breve de la mano de una pluma ilustre y querida, aunque los «tiempos» —léase el entrecomillado— no le estén dando una jubilación —él mismo se ha encargado de anunciarnos su inminencia— tranquila al director neoyorquino. En Gravedad cero nos encontramos con un Woody harto familiar, devoto de los juegos de palabras y los dobles sentidos, aventajado discípulo de S. J. Perelman y, claro, Groucho Marx. No mentiré, hay algo «viejuno» en la mayoría de estos diecinueve cuentos que se leen entre el confort del reencuentro con el amigo y la búsqueda de esa chispa de ingenio que te desmonta —sigo pensando que Sin plumas debería ser lectura obligatoria—. En ese sentido, estamos ante un Woody crepuscular, más de sonrisa sostenida que de carcajada brillante. Pero la imaginación desbordante, el abrazo del dislate absurdo —el mejor ejemplo, el del erudito coche inteligente de «Cuando el adorno de tu capó es Nietzsche»— que esconde un condensado zasca en toda regla a infinidad de cuestiones —ya sea el decadente cine o su propia autobiografía, caso del magnífico «Crecer en Manhattan»—, sigue ahí, presto a revelarse, condensado, en toda su hilaridad. Quien tuvo, retuvo…(Por Raül Jiménez)

Huntington Beach, Ken Nunn (Libros del Asteroide, 2022)

Doblete noir para cerrar este «Especial». Editada en 1984, la novela está considerada un clásico del género y una de las grandes novelas sobre surf. Kem Nunn construye una elegía de cómo hacerse adulto en medio de unas condiciones vitales adversas. En su camino del acceso a la edad adulta, el protagonista advierte situaciones y acciones delictivas. Aunque, la obra tiene algunas trazas de thriller, no entra en el género de la novela negra. Nunn construye un edificio costumbrista de la cultura del surf en que gañanes, motores, e incipientes punks viven en el lado hosco de una ciudad costera de California, que da título a la novela. Las escenas de surf, tal vez, en su día, representaron un hito, que se ha desvanecido con el tiempo. Existen textos posteriores, como Años Salvajes. Mi vida y el surf, de William Finnegan, Libros del Asteroide, 2016, un retrato obsesivo del significado del surf, el surfista y la conquista de las olas. Además, hay dos novelas, también ubicadas en la «Tierra del Sol», de Don Winslow que encuadran con ritmo y tensión vidas relajadas, llenas de sol, playa, surf, drogas y crimen, en Salvajes, 2012. La otra fotografía la vuelta al peligro de un sicario retirado que se relaja surfeando en El invierno de Frankie Machine, 2010. (Por Miquel Queralt)

Empezamos por el final, Chris Whitaker (Salamandra, 2022)

Y acabamos el «Especial» con otra novela negra, que viene aclamada por numerosos premios, traducciones a veinticinco idiomas y hasta inminente adaptación a serie. Aunque hay matices. Porque en Empezamos por el final nos encontramos las premisas básicas del género, traumas, asesinatos y misterios sin resolver que se desarrollan en dos líneas argumentales. Pero la intriga pronto se expande a un drama rural con componente social en la olvidada Montana. De ese modo, por un lado tenemos a Vincent King, libre tras tres décadas de cárcel por el asesinato de la hermana de su ex novia Star. Por el otro, los hijos de ésta, Duchess, protagonista absoluta e inolvidable del libro, y Robin, quienes tratan de sobrevivir junto a una madre rota, incapaz de cuidar a nadie. Con la llegada del ex convicto al villorrio de Cape Haven las viejas heridas se reactivarán, además de las pesquisas por parte de Walk, jefe de policía y ex mejor amigo del asesino. Chris Whitaker logra cuadrar el círculo. Combina ritmos opuestos —sosegada segunda parte pero trepidante final—. Los acontecimientos se suceden y aceleran, no obstante hay espacio para recrear un ambiente turbador a la par que realista —apuntando cuestiones como la especulación inmobiliaria y crisis económica—. Todo al servicio de unos protagonistas abocados a enfrentarse al dilema más antiguo del mundo. Dirimir el bien del mal. (Por Raül Jiménez)     

¡Felices fiestas y lecturas!