Segunda parte del anual «Especial recomendaciones navideñas», tras las propuestas de no-ficción, hoy abordo las sugerencias literarias. Otras diez obras que merecían ser destacadas —de nuevo, estupendo desempeño de las editoriales implicadas, mil gracias—, intentando cubrir distintos géneros y estilos, buscando ofrecer algo para cada tipo de lector. ¡A leer tocan!

Buffalo Soldiers, Robert O’Connor (Sajalín, 2021)

Inicio la segunda parte del «Especial» subsanando un «debe» imperdonable. No me puedo creer que no haya reseñado Buffalo soldiers —estaba seguro de ello—. Porque el único libro de Robert O’Connor es una obra mayúscula del género bélico… en tiempos de paz. De las más descarnadas historias militares que servidor haya leído, la novela destroza, de arriba a abajo, con una prosa sin frenos ni cortapisas, la institución castrense. A través de su Ray Elwood, el pícaro final, convertido en testigo activo —fabrica y vende heroína— de la degradación del ejército, asistimos al derrumbe completo de generaciones de estadounidenses en una guerra que, a falta de enemigo real, se libra entre los propios soldados. Esa base en Manheim, Alemania, a finales de los 80, reúne todos los deshonores y vilezas posibles. Un «sálvese quien pueda» de negocios turbios que escalan motivados por la falta de escrúpulos y la soledad. Una caterva de adictos. Un nido de racismo y clasismo jerarquizado que, para más inri, coquetea con rancios abolengos. Un infierno que se divide entre «hijoputas y hijoputeados», y en el que vemos caer a Elwood al peligrosísimo segundo grupo. Sucesora de Dog soldiers y pariente más lejana, e igual de perjudicada, de Yonqui, estamos ante un retrato crudo y veraz, apenas camuflado por el sarcasmo, de la ansiedad extrema de una sociedad desengañada. Soberbio. 

Conversaciones entre amigos, Sally Rooney (Literatura Random House, 2021)

Sigo con la reedición de la novela de debut de ese fenómeno literario llamado Sally Rooney, de nuevo enredada en una historia sobre las relaciones afectivas y sus cada vez más endebles etiquetas, ahora situada en la bohemia artística irlandesa. Con un tono no exento de humor —la «alta cultura» y los problemas de ego se llevan la palma—, Rooney muestra su refrescante falta de prejuicios, así como su oído privilegiado para captar las frustraciones cotidianas de su generación. Por sus páginas desfilan feminismo, clase social, expectativas laborales, ansias emocionales… Algo que se expresa de forma tan palmaria en Conversaciones entre amigos que uno tiene la impresión de estar frente a una novela de ideas, y en las que la compleja trama amorosa de su cuarteto central, a veces, se antoja secundaria. Y eso que, como ya ocurría en Gente normal, destaca sobremanera su magistral habilidad para los diálogos, aquí, como bien reza su título, viga maestra de la propia novela. En cualquier caso, la autora irlandesa engancha con este agilísimo relato de confusiones emocionales —del deseo a los celos no hay distancia—, amores libres —junto a sus dolorosas quimeras—, y amistades ambiguas.

Subidón, Joaquín Reyes (Blackie Books, 2021)

Doble apuesta nacional para continuar el «Especial». Primero, con el debut literario del «jefe de los chanantes», Joaquín Reyes. Subidón es una novela breve y diáfana sobre el ego, las veleidades de la fama en la «era del Like», y los entresijos de la vida del cómico. Su protagonista, Emilio Escribano, se encuentra cabalgando la ola del estrellato… pero la adicción por los focos y la exposición mediática, o el atractivo de la posibilidad de glamurosas conquistas, conlleva un choque, inevitable y frontal, con la realidad mundana, los propios orígenes o las consecuencias de los actos. La colisión entre el quién er(a)s y el adónde crees que vas. En realidad, Subidón no es demasiado graciosa —para los estándares de este genio del humor patrio, se entiende—. Pero ese hecho no es tanto una decepción sino una sorpresa. La creación de Reyes no es muy feliz que digamos, y la risa, a excepción de las acotaciones marca de la casa —palabros y locuciones verbales felizmente familiares— junto a un jocoso y reconocible tono general, aparece en la miseria de la propia existencia, con frecuencia tan absurda y patética como nuestras decisiones o equívocos. Así, Subidón se acerca más a un El rey de la comedia en ciernes y sin vitriolo. Algo que nos habla de un escritor no solo «chanante»… sino muy capaz.

Panza de burro, Andrea Abreu (Barrett, 2020)

Turno para un rescate —primer encuentro con la editorial Barrett, ¡bienvenidos!— que se antojaba obligatorio a tenor de su imparable colección de parabienes y ventas. Me refiero a Panza de burro, el arrollador debut de la tinerfeña Andrea Abreu. Pese a su brevedad, no es una obra fácil de reseñar. Porque la trama, superficialmente el relato de la amistad, el final de la inocencia y la entrada a la adultez de dos amigas, no le hace justicia a la potencia narrativa del libro. Y es que hay algo profundamente novedoso y genuino en esta relación, desarrollada en un villorrio bajo la sombra de un volcán en una innombrada isla canaria. Panza de burro desprende una viveza inusual, no solo por su dueto protagónico, la inolvidable Isora —digamos, la madura o, al menos, «echada pa’lante»—, y su fan irredenta, nuestra abnegada narradora. Sino también en la gestación de las escenas, un fresco de modus vivendi y actitud vital señeras. Y es un triunfo incontestable, hipnótico, de una autora dispuesta a dinamitar los convencionalismos para trasladar incólume al lector la singularidad de las voces de las crías. Así, entre localismos, neologismos, anglicismos, pronunciaciones autóctonas, y una dupla tan deslenguada como deseosa de conocer, ni que sea un fisquito, que les depara el futuro inmediato, Abreu nos abre la puerta a todo un universo privado. Shit, ¡¡vaya primera novela!!

Dune, Frank Herbert (Nova, 2020)

Pasamos al segundo rescate de este «Especial» con todo un clásico, Dune, a rebufo de la sensación cinematográfica —al menos en ciencia ficción— de estos últimos meses.. No voy a hacer espóilers —los que sólo hayáis visto la peli, os queda mucho por delante—, pero a poco que sepáis de la historia entenderéis que se empiece por el personaje principal, es decir, el planeta Arrakis. Un lugar nada halagüeño, donde solo se sobrevive, convertido en el «tablero» de las más altas intrigas. Donde las «Casas» —sí, mucho antes que los Starks, Lannisters y compañía— se juegan el favor del emperador y, sobre todo, el poder de controlar la especia, clave para arrakenos y toda la galaxia. En base a premisas básicas —poder, odio, venganza y aventuras— Frank Herbert construyó una epopeya descomunal, descrita con profusión de detalles, hasta conseguir que el lector se vea transportado —casi asfixiado— al astro de las tormentas de arena. Lugares, seres y artefactos fantásticos que nos hablan de religión, esclavismo y feudalismo… aunque también de cambios. Una elaborada trama que yuxtapone todo tipo de conceptos, personajes, tiempos presentes, pasados y futuros, conformando un todo que, pese a resultar exigente al lector, engancha y va encajando. Una colosal tragedia griega con gusanos de arena, en la que merece mucho la pena adentrarse.

Tokio redux, David Peace (Hoja de Lata, 2021)

No podía faltar la novela negra. Y pocos exponentes del género mejores que el cierre de la «Trilogía de Tokio» —no temáis, se lee independientemente— de ese «francotirador» literario llamado David Peace. A uno le sorprende toparse con el británico —afincado en Japón— con una obra de corte clásico tras haberlo disfrutado versando sobre fútbol o los brutales estragos de Thatcher a la minería. No obstante, uno pronto reconoce que el escenario le va como un guante. Esa fractura narrativa, con distintos períodos temporales. La trama alambicada, retorcida. La obsesión como tema central. O la minuciosa investigación para recrear los contextos históricos del país: en 1949, en plena ocupación estadounidense, en 1964, año de las Olimpíadas de Tokio, y en 1988, mientras el emperador Hirohito agoniza. Y, sobre todo, la habilidad para plasmar el ambiente plomizo, entre la opresión y el enloquecimiento, por los años de guerra y ocupación. Elementos marca de la casa en los que el autor sitúa al lacónico detective Sweeney —sombrero de ala incluido—, encargado del caso Shimoyama, el desaparecido presidente de los ferrocarriles, junto a los sospechosos descarrilamientos posteriores. Una investigación inconclusa que, como la trama, se bifurcará en tres misterios y otros tantos protagonistas. Algo que en otras manos sería un exceso. Pero en manos de Peace, resulta un desbordante viaje a la locura…

La poda, Laura Beatty (Editorial Impedimenta, 2021)

Tampoco iba a faltar Impedimenta en el «Especial», en esta ocasión con una novela inusual, una vuelta de tuerca a la tan de moda nature writing, aquí con un poso existencialista menos thoreuano, en cambio más pegado —pese a que la premisa exige de la aquiescencia del lector— a nuestra realidad. Y es que La poda nos narra la huída de Anne, una quinceañera que abandona su hogar y se va a vivir al bosque, donde no solo aprende a sobrevivir, sino a convivir y relacionarse con la naturaleza. Hasta aquí, nature writing de manual. Pero Beatty, lo que resulta refrescante, no se ajusta a los parámetros esperables. Ello es gracias, primero, a una prosa nada florida, dueña de un ritmo interno propio y absorbente, en las antípodas de la delectación contemplativa típica del género. Y, segundo, debido a la amenaza que acecha a su heroína y su entorno. Ésta responde a diversos nombres y formas, pero puede resumirse en el disparate del crecimiento infinito que, si es contestado, señala a la diferente como la loca, cuando probablemente un mundo de hormigón que cercena bosques sea el ejemplo perfecto de una humanidad decidida a irse al garete. «Tan solo somos testigos, testigos, testigos»…

Boston. Sonata para violín sin cuerdas, Todd McEwen (Automática Editorial, 2021)

Y no abandonamos a Thoreau, aquí convertido en personaje fantasmal —literalmente—, cortesía de la siempre indispensable Automática y la feliz reedición de la obra de Todd McEwen. Como si After hours de Scorsese —jamás aceptaré lo de ¡Jo, qué noche!—, se dilatase en el tiempo —aquí algo menos de una semana—, a raíz de un desafortunado coscorrón en la mítica laguna Walden, Boston… nos cuenta el catártico y alucinado periplo de William Fisher. Hasta entonces un aburrido administrador en el Instituto de Ciencias, emparejado y torpe violinista. Ahora un «Ulises moderno» embarcado en una travesía bizarra, caótica y vergonzante. McEwen rompe reglas gramaticales y estructurales, combina voces —narrador y personajes—, arma escenas de puro slapstick en prosa, y pergeña veladas o palmarias diatribas contra la obsesión por el estatus, las apariencias —ese restaurante—, el trabajo, o el neohippismo burgués. Un «todo se desmorona» con incitación a la desobediencia civil incluida, para orquestar una sátira desquiciada sobre el absurdo de la existencia urbanita moderna. Boston… es una lectura sumamente original, con momentos desopilantes y notables cargas de profundidad en su interior.

Encuentros fugaces con el Che Guevara, Ben Fountain (Sexto Piso, 2021)

Aunque no ha sido la temporada más prolífica, no sería un «Especial» de quien escribe sin relatos. En estas ocho historias, Ben Fountain nos sitúa en varios de los territorios más jodidos del planeta. Lugares como Haití —la mitad del libro—, Sierra Leona, Colombia o Myanmar. Escenarios extremos en los que ingenuos americanos se ven involucrados e intentan hacer lo correcto… aunque eso sea precisamente lo más complicado en un mundo que adolece de moralidad. Fountain oscila con elegancia entre el desastre y el humor. Corrupción. Violencia. Peligro inminente. Ornitólogos secuestrados por guerrillas con idealista síndrome de Estocolmo. Cooperantes metidos en el contrabando de diamantes para financiar una revuelta. Diosas vudú que también son las queridas de un oficial de las Fuerzas Especiales. La dictadura de Myanmar reclutando a un golfista para promocionar el deporte en el país. Incluso el final del más icónico de los revolucionarios a través del relato de su posible amante. Creo que un cierto tono melancólico, pesimista, evidente en los protagonistas y sus cuitas, permea el libro. Sin embargo, quizás esa sea la mirada más realista posible. De lo salvaje, extraño y brutal, a lo ridículo, por tanto cómico, sólo hay un paso.

Vladivostok Circus, Élisa Shua Dusapin (Alianza Editorial, 2021)

Cierro el «Especial» en la ciudad portuaria de Vladivostok, enclave ruso entre China y Corea con una nouvelle —o cuento largo— de iniciación ubicada en un universo harto singular: el circo.  En una farándula de aires soviéticos y, al contrario del tópico, no itinerante —preparando su nuevo espectáculo, entre temporadas—, Dusapin sitúa a su heroína Nathalie, joven contratada como diseñadora de vestuario. Es su primera experiencia profesional y, aunque llega a la compañía con notorio desdén por el circo, y su carácter reservado dificulta su integración en el grupo, la intimidad diaria se abrirá camino en la construcción de vínculos y complejas relaciones entre los personajes. La escritora francesa brilla en las descripciones del lugar y ambiente circense, tan detalladas como sensoriales. También en la creación de las voces de sus personajes. Y lo logra sin decir demasiado —quirúrgicas frases cortas—, dejando que sea el lector quien vaya adentrándose, rellenando los huecos de sus trayectorias personales. Dejando que el misterio permanezca intacto. Igual que la disciplina de la peligrosa barra rusa: un equilibrio siempre frágil entre la obligatoria confianza absoluta del acróbata en sus portadores, y la inercia total en pos de la búsqueda de las piruetas aéreas más impresionantes.

¡Felices y responsables fiestas y lecturas!