Especial Rachel Kushner

Hoy traigo a Indienauta a Rachel Kushner, una de las autoras norteamericanas más celebradas de los últimos años, capaz —ojo al dato— de, entre infinidad de otros reconocimientos y parabienes de la crítica, ser finalista del National Book Award, en 2008 y 2013, con sus dos primeras novelas: Télex desde Cuba y Los lanzallamas. Ambas obras poliédricas, complejas en fondo y forma, ingentes trabajos de documentación al servicio de un collage de historias, distintos puntos de vista, personajes y hechos reales conviviendo con la ficción más fabuladora, situando a la escritora de Oregón como una de las plumas más originales y renovadoras de este milenio. Y ambas, gracias a Libros del Asteroide y Galaxia Gutenberg, novelas en las que nos zambullimos a la de ¡ya!

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Télex desde Cuba, Rachel Kushner (Libros del Asteroide, 2011)

En su debut literario, Kushner nos traslada a la Cuba pre-castrista, desde el golpe de estado de Fulgencio Batista hasta la llegada al poder de «los barbudos», con Fidel, Raúl Castro y el Che a la cabeza. Pero la Historia con mayúsculas es un juguete a subvertir en manos de la singular autora, que da voz a los más variopintos narradores para contarla. Como K.C. y Everly, niños estadounidenses crecidos en la isla, hijos de las familias que controlaban la producción de azúcar y níquel del país, productos del colonialismo que, sin embargo, viven ese convulso período de sus vidas entre la confusión y el miedo de quien considera ese lugar su hogar. O sus mayores, miembros de ese microcosmos —o mejor dicho ¿gueto?— radicado en Preston y Nicaro, teórica élite desarraigada y aislada por su cortedad de miras —la supuesta clase social nubla la razón—, varada entre los nubarrones políticos cada vez más evidentes, el hastío vital, serios problemas conyugales/familiares que explotan entre fiestas de «alto copete» y etílicos desvaríos. O el ex combatiente nazi La Mazière, un mercenario y traficante de armas dispuesto a sacar tajada de la convulsión política, un «profesional» de la guerra —¿por eso se hacen no?, para que alguien se haga aún más rico— que acabará siendo parte importante del golpe forjado en la selva. O la misteriosa, alegórica Rachel K, una bailarina y prostituta de lujo «relacionada» con todos los actores relevantes de una isla a punto de cambiar. Atentos a su «sospechoso» nombre… En definitiva, una coctelera de personajes e historias que se entretejen. Un rompecabezas de un período trascendental convertido en artefacto literario de gran calado.

Es cierto que el arranque del libro necesita de la complicidad del lector, que puede sentirse demasiado descolocado con unas primeras piezas de un puzle que ni por asomo parecen poder encajar. Además, como suele suceder con las obras corales, en Télex desde Cuba no todos los relatos logran mantener el mismo nivel de interés. En ese sentido, los de los «niños» Everly y K.C. van y vienen, entre anécdotas ora costumbristas, luego más o menos graciosas y, en algún caso, muy reveladoras de ese submundo de la multinacional insertada por la fuerza y los dólares en un país ajeno, junto a mundanos acontecimientos de una infancia «diferente».

En mi opinión, tiene mucha más enjundia y atractivo la narración de La Màziere, que nos da la posibilidad, entre fascinante y divertida —Kushner tiene un agudo sentido del humor que impregna sutilmente toda la novela—, de sumergirnos en las tramas, insidias, caos e incluso absurdo del estallido de una revolución que sería tan inapelable como improbable resultaba en apariencia. No salen demasiado bien parados los presidentes derrocados, Prío y Batista, déspotas risibles. Y los episodios en la selva que reflejan la poca preparación militar de los insurrectos son tan mordaces como elocuentes. Secuestrados que están más felices entre combatientes que junto a sus familias. Patrullas realizadas en chancletas. Líderes comunistas que ansiaban yates. Pero también crudos adoctrinamientos sobre la necesidad de ajusticiar a los prisioneros de guerra. Un océano de contradicciones concentrado en una pequeña isla convertida en el centro del universo, epítome del final de una época.

El mencionado comienzo, la ambiciosa estructura fragmentada, cuando no caprichosa con los saltos temporales, así como que precisamente sean los personajes más ficcionales y, admitámoslo, rocambolescos, los más atractivos de Télex desde Cuba, pueden echar a más de uno para atrás. Recomiendo paciencia y «perderse», «dejarse llevar» por la estilizada, exuberante y diversa prosa de Kushner. Porque el libro no deja de avanzar, los sucesos convergen y la temática histórica pierde su tradicional solemnidad y frialdad para fusionarse con la magia literaria, dando lugar a un híbrido afín a las obras de Doctorow o a una versión liviana de De Lillo. ¿Hemingway? ¿Xavier Cugat? Todo cabe cuando la imaginación de una autora brillante toma «prestada» la realidad y la transforma en algo distinto, sorprendente, audaz, imprevisible y rico.

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Los lanzallamas, Rachel Kushner (Galaxia Gutenberg, 2014)

Ahora que, si arriesgada es Télex desde Cuba, entonces Los lanzallamas es casi una locura. Motos y carreras contra el tiempo. Italia en 1977, el año en el que la izquierda del movimiento Autonomia Operaia y las Brigadas Rojas pusieron patas arriba el país. Nueva York como personaje que casi se huele, se toca e intimida en esa década de decadencia, catarsis y efervescencia continua. Batallas callejeras en Roma. Motherfuckers. Andy Warhol. Guy Debord y el situacionismo. Mucho cine y arte —que puede entroncar con el radicalismo más subversivo o, como en el caso de futurismo, con el fascismo—. Y aún más pistolas. Toda una experiencia literaria.

Kushner vuelve a utilizar acontecimientos y personajes históricos como el telón de fondo sobre el que situar su relato —mejor sería decir relatos—, fragmentando asimismo la obra en la que inserta a sus protagonistas centrales. Reno es nuestra narradora, una ingenua y apasionada joven, hechizada por las dos ruedas, la velocidad y que ansía ser artista. Al instalarse en la Gran Manzana entrará en contacto con la bohemia más singular, en particular con Ronnie y Sandro, heredero del imperio italiano de los Valera. Y aquí la trama explota en mil pedazos…

El pasado —de camisas negras y arte otrora vanguardista— y el turbio, embrollado presente, lugares, clases sociales y situaciones diametralmente distintas, se mezclan ante los ojos del apabullado lector. O, simplemente, historias embebidas de hechos reales conviviendo junto a puras fabulaciones. Igual que los géneros, que van de la novela de aprendizaje al romance pasando por la épica de las insurrecciones y contrarrevoluciones. Rachel Kushner sume en la confusión Los lanzallamas, incluso en comparación con Télex desde Cuba, multiplicada por diez. Y, sinceramente, la autora asume tantos riesgos que posiblemente convierta su libro en ilegible para algunos, superados por un desarrollo de la novela que acontece a trompicones y una falta de dirección que, a muchos, puede poner demasiado nerviosos —servidor levanta la mano—. Pero como decía con el caso anterior, si uno persevera y deja atrás los prejuicios —el «tufillo a moderno» está ahí— hay recompensa.

Porque la confusión es parte esencial de lo que Kushner, creo, desea contarnos. Pretende dinamitar los anclajes habituales de la novela como la linealidad, el peso central de una trama, en favor de lograr un retrato más potente y posiblemente más verosímil del caos. El caos del desbarajuste de la Historia, otra vez con mayúsculas, la política y los acontecimientos de un siglo pasado repleto de momentos convulsos. La fractura, verdad y mentira constantes del arte. El guirigay de sociedades, también submundos, tanto en Estados Unidos como en Italia, en constante sacudida. Y, sobre todo, el aturdimiento de la propia protagonista, espectadora de excepción de sucesos complejos y cercanos emocionalmente, trastocada por las traiciones y ese viaje siempre realizado a toda velocidad. Una vida que, según reza la leyenda con la que se abre el libro, hay que «hacer arder» —Fac ut ardeat—. Seguramente Rachel Kushner no sea recomendable para todo tipo los lectores. Incluso puede que sus obras no resulten plenamente satisfactorias para los que logran conectar con su osada manera de hacer colisionar realidad y ficción. Pero resulta gratificante adentrarse en el universo de una escritora tan valiente y especial.

Foto: Ann Summa