Especial lecturas navideñas (II): relatos

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En nuestro segundo capítulo de este múltiple «Especial de lecturas navideñas» nos adentramos en el terreno literario, pero centrándonos exclusivamente en los relatos. ¿Los motivos? Primero, porque es una debilidad especial de quien escribe. Y segundo, porque la «cosecha» en este 2019 ha sido de lo más jugosa, como los libros seleccionados a continuación demuestran. Y no os despistéis, en breve volvemos con más. ¡Arrancamos!

La palabra del mudo, Julio Ramón Ribeyro (Seix Barral, 2019)
Benditas efemérides que nos permiten descubrir, o recuperar, a autores que merecen ser reivindicados y así, ni que sea de forma póstuma, abandonen su condición de «malditos». Es el caso de La palabra del mudo, flamante edición conmemorativa de la obra breve del peruano Julio Ramón Ribeyro (1929-1994). Considerado uno de los mejores cuentistas latinoamericanos, aunque algo soslayado frente a los pesos pesados del «Boom», del que se mantuvo conscientemente alejado, el limeño —aunque residió en París buena parte de su vida— dejó un copioso legado como maestro del relato en nueve libros de cuentos reunidos en este volumen, junto a varios rescates inéditos —incluido «Surf», creado el mismo año de su deceso—, y un eficaz prólogo a cargo de Sara Mesa. En total, noventa y siete historias de registros diversos, desde el crudo realismo a episodios nostálgicos pasando por flirteos con lo kafkiano, siempre bajo una prosa en apariencia sencilla, chéjoviana, fiel reflejo de un narrador-observador privilegiado. Y que ofrecen un imponente y bastante pesimista —no exento de un soterrado humor negrísimo— fresco del «lado oscuro de la vida», repleto de marginados, pobres de solemnidad, criminales, cabrones y miserables profesionales, en los que el destino es un rival invencible. Un escritor de las sombras que sale a la luz en toda su plenitud.  

Nevada, Claire Vaye Watkins (Malas Tierras, 2019)
Tres de tres para Malas Tierras, el indiscutible debut editorial del año para esta sección. Tras  rescatar un indispensable, Dog Soldiers de Robert Stone, y contribuir decisivamente al descubrimiento literario del 2019, Chris Offutt, con Mi padre, el pornógrafo, ahora cierran el año con los relatos de la joven Claire Vaye Watkins. Diez historias afiladas, de una pegada demoledora, sobre la pérdida y las mochilas —con frecuencia, secretas— que cargamos a nuestras espaldas. Y no me refiero tan solo al inicial «Fantasmas, vaqueros», formidable híbrido entre ficción y autobiografía, que aborda las consecuencias de ser hija de Paul Watkins, lugarteniente de Charles Manson. Estilísticamente diversos, con incursiones en lo epistolar —la inquietante reconstrucción de un accidente automovilístico en «Lo último que necesitamos»—, o lo histórico —el reverso demente de la fiebre del oro en «Los placeres»—, los cuentos de la californiana son certeros y lacónicos, una discípula aventajada de la gran Joan Didion de visita en el «Estado Plateado». Alguien con la rara habilidad de revelar el daño pretérito y el vacío presente de sus personajes mediante historias espeluznantes sobre turistas o chicas extraviadas —extraordinarios «Pasado perfecto, pasado continuo, pasado simple» y «Medusa»—, siempre con el estepario paisaje de Nevada influyendo en la acción. Lectura obligatoria. 

Florida, Lauren Groff (Lumen, 2019)
Escritoras, libros, el paisaje y la naturaleza de Florida, el «Estado del sol», en su expresión más ambivalente, ahora dócil y exuberante, para inmediatamente tornarse salvaje y, con frecuencia, virulenta… junto a las neurosis y conflictos emocionales, aún más peligrosos, de sus pobladores. Ese es el particular universo en el que se desarrollan los cuentos por los que Lauren Groff fue finalista del National Book Award, en una logradísima «psicogeografía» de un lugar muy particular, tejida en once actos. Dramáticas y sorpresivas, en las historias de Florida conviven lo doméstico y lo exótico, lo reflexivo y lo visceral. Las mujeres salen a caminar, se angustian —por el medio ambiente o la crisis conyugal—, o crían gallinas para combatir la soledad; los hombres están ausentes o son poco fiables; los jóvenes son abandonados o se ahogan en deudas. Y luego, tenemos serpientes, canículas extremas, huracanes. Claustrofobia y amenaza. Repleto de imágenes increíblemente vívidas —el gallinero arrasado de «La pared del ojo de la tormenta» es inolvidable, pobres aves—, Groff construye precisos artefactos literarios de creciente y sofocante tensión. No obstante, también hay espacio para un fast-forward, un instante de revelación que actúa como una tregua para sus personajes y el lector. Su Florida es un lugar inquietante y opresivo, pero es un viaje de lo más recomendable. 

Lamento lo ocurrido, Richard Ford (Anagrama, 2019)
No nos sobran los clásicos vivos, así que la mera existencia de un nuevo libro de Richard Ford —publicado por Anagrama en primicia mundial— ya es motivo para su recomendación. Además, en Lamento lo ocurrido el de Jackson, Mississippi, regresa al cuento, género que, en mi opinión —vamos a ser un poco polémicos—, y junto a las memorias, le ha deparado los momentos más brillantes de su longeva carrera. Es precisamente esa confortable sensación de pisar terreno conocido, la predominante para el lector ya al poco de comenzar «Nada que declarar», el primero de los diez relatos aquí reunidos. Personajes completamente reconocibles, sumidos en una confusión que, si acaso, adquiere matices más elegíacos y solemnes dada la madurez-vejez por la que muchos de ellos transitan, con la muerte cada vez más próxima; encuentros y reencuentros bañados en algo parecido a la melancolía; vivencias fugazmente recuperadas; y un narrador-testigo cuya voz nos suena a la de un viejo amigo meditabundo y sabio. Alguien capaz de cartografiar la existencia de sus protagonistas a través de sus consumadas sinopsis iniciales —marca de la casa—. Pero, sobre todo, mediante esos matices registrados en un gesto, un diálogo truncado o una acción apenas perceptible. Detalles que solo un maestro sabe condensar y que definen una vida. Sin heroísmos, por favor.  

La costa de Chicago, Stuart Dybek (Pálido Fuego, 2019)
Y de un clásico del relato irrefutable a otro con todas las hechuras para serlo, pero que, inexplicablemente, permanecía inédito en nuestro país. Afortunadamente, Pálido Fuego —especial alegría volver a contar con la magnífica editorial andaluza—, ha puesto remedio a ese debe trayéndonos a Stuart Dybek y su libro más famoso, La Costa de Chicago. Catorce cuentos que desbordan los parámetros de la colección breve, ya que se engarzan en una suerte de novela profundamente sensorial e imaginativa, que gravitan en torno a dos ejes narrativos. Por un lado, un personaje al que seguimos desde su juventud hasta su inminente boda. Y, por el otro, Farwell, el barrio obrero de la «Ciudad del Viento» habitado por inmigrantes polacos, rusos e hispanos, en el que se desarrolla la acción. El resultado es un fresco acerca del tránsito de la infancia a la vida adulta y el cambio con relatos que oscilan entre la escena, el recuerdo y el sueño. Realistas con imperecederos puntos de fuga —Chopin a través del conducto de ventilación, el cuadro más célebre de Edward Hopper deconstruido, chapas, trenes, leche condensada—. Nostálgicos sin caer en la indolencia. Íntimos sin abrazar el sentimentalismo. Optimistas, pese al inexorable paso del tiempo.  

La tierra de la lluvia escasa, Mary Austin (Volcano, 2019
Siendo sincero, servidor tiene una reserva cuasi automática frente al fenómeno de la denominada nature writing. Es la alargada sombra de sospecha ante la moda, la pose y la escritura hueca, meramente estética. Por eso La tierra de la lluvia escasa —primer Volcano en mis manos— se disfruta de forma especial. Escritos a comienzos del siglo XX con notable éxito, las meditaciones con aspecto de relatos de Mary Austin desprenden autenticidad, trasladando al papel toda la singular viveza de un territorio, entre la Sierra Nevada y el desierto de Mojave en California, que bien pudiera ser un país en sí mismo. Los catorce textos nos hablan de fauna, flora, costumbres y sentires de los habitantes de la región —mojaves, soshones, utes y paiutes— con un aplomo y una sencillez desarmantes, hallando la esencia, la savia, de un paisaje en apariencia yermo, baldío. Asimismo, la colección de escritos puede considerarse un antecedente proto-ecologista, incluso se vislumbra en ellos un marchamo feminista y una defensa de la cultura indígena americana. Pero, sin duda, la principal protagonista aquí es la prosa de Austin: templada, limpia, quedamente jubilosa. Una suerte de Emerson en el desierto, trascendiendo entre buitres, coyotes, e historias de vida y de muerte.  

Un corazón demasiado grande, Eider Rodríguez (Literatura Random House, 2019)
Y de la árida California pasamos a las tierras fronterizas entre el País Vasco y Francia de la mano de Eider Rodríguez, toda una sensación literaria en Euskadi —galardonada con los dos premios más importante del país—, y los relatos de Un corazón demasiado grande, antología de su mejor obra breve hasta la fecha. Precisa cronista de la cotidianidad de la clase media vasca, la de Rentería expone lo inescrutable, los claroscuros agazapados más allá de los constructos sociales aceptados cuando lo extraordinario sucede. Son una veintena de historias descarnadas y meticulosas, narradas con distintas voces y puntos de vista, que dejan una huella indeleble en la memoria del lector y nos enfrentan a la realidad tras nuestras buenas intenciones. El amor, la soledad, las esperanzas y desengaños, los celos y la muerte, el conflicto —terrorismo y guerra civil—, o las adicciones, son los temas a través de los cuales Eider plantea un sinfín de preguntas —por ejemplo, ¿somos tan solidarios como pensamos? ¿buenos vecinos? ¿es la abnegación materna indiscutible? ¿nos importan más los animales que las personas que nos rodean?— incómodas y punzantes, señalando nuestras contradicciones y, en definitiva, nuestro malestar.