Especial lecturas Cov-eraniegas (II)

Especiallecturasweb-1.jpg

Aunque el Sant Jordi alternativo será más que descafeinado, y el horizonte vacacional de agosto se está nublando vertiginosamente —cabeza, por favor—, aquí sigo, dispuesto a proponer más lecturas con el segundo capítulo del «Especial lecturas Cov-eraniegas». Tras las sugerencias literarias de la semana pasada, hoy los ocho títulos seleccionados transitan por géneros tan dispares como la biografía musical, el ensayo sociopolítico y cultural, mucho cine y, por supuesto, cómic. Mucho donde escoger y de lo que hablar, ¡así que empezamos! 

MÚSICA

Historias de terror, Liz Phair (Contra, 2020)
Abrimos la segunda parte del «Especial» con Liz Phair, icono indie norteamericano en los 90 que, haciendo honor a su carrera a contracorriente y sus letras de franqueza desafiante, se marca unas memorias de lo más inusuales. En realidad más cercano a una colección de relatos biográficos —hasta diecisiete— sin orden cronológico, tan reflexivos como íntimos, o a un disco conceptual sobre su persona, Historias de terror sorprende por el alcance personal, nada complaciente, de estos episodios. Pasajes de literatura gótica sobre su infancia, devastadoras aventuras extramaritales y rupturas sentimentales, los confusos vaivenes de la maternidad… La música escasea, siendo más contexto o detonante de situaciones derivadas de la profesión —esa sesión de fotos, el fallido concierto a causa del apagón de Nueva York, su peculiar viaje a Shanghai— que eje de ningún capítulo, sirviéndole para hablar de sexualidad, feminismo, el #MeToo y el rol de rockera firmemente independiente y sin tapujos, pero muy reconocibles miedos. Formidable narradora, la de Chicago logra eliminar el aura intocable del músico consagrado para hablar de una mujer de carne y hueso. Alguien valiente, errática, brillante y vulnerable. Alguien con quien logras empatizar, seas fan de su música o no.

De cara, Debbie Harry (Libros Cúpula, 2020)
Y de una fémina indomable del indie estadounidense a las memorias de otra indómita del rock, Debbie Harry. Una figura —de los discos podríamos hablar largo y tendido— indiscutiblemente mítica en la historia de la música, cara visible de Blondie y la escena punk-new wave de Nueva York. Su autobiografía es algo dispersa, sobre todo en su tramo final, pero ese es un factor que casa con el espíritu ecléctico y juguetón de la banda y la actitud desafiante y lacónica de su frontwoman. En estas páginas, Harry se revela como una auténtica tipa dura, más neoyorquina —pese a su nacimiento en Florida— que los hot dogs. Alguien sin pelos en la lengua, hecha a sí misma —el camino de Blondie hacia la fama no fue nada sencillo—, que las ha visto de todos los colores y ha sobrevivido para contarlo sin reparo alguno. Y en esa combinación de grandes triunfos y momentos terribles —enfermedad, quiebra financiera, drogas, agresión sexual… hasta ¡Ted Bundy!—, narrados con irreverencia y trufados por cuestiones superficiales o digresiones, el lector se encuentra con unas memorias sumamente originales. Además, su relato, ya desde el título, ofrece una notable reflexión sobre el poder, a la vez que maldición, de la imagen y la sexualidad de una mujer osada en una industria de hombres. Un reto constante con el que Debbie Harry ha lidiado, con éxito, durante casi cuatro décadas. 

CINE

¡Me cago en Godard!, Pedro Vallín (Arpa, 2019)
Recurso por excelencia durante el confinamiento, en este «Especial» tenemos celuloide por partida doble. Empezamos con un ensayo punzante, saludablemente malévolo y provocador, cuya irreverente revisión holística del «buen gusto» cinematográfico sitúa el progresismo en Los Vengadores y el «cine palomitero» yanqui, mientras que el cine de autor europeo, el que atiborra filmotecas y Filmin, en realidad alimenta el onanismo conservador burgués —¿cuántas películas más de bon vivants reunidos en la campiña francesa necesitáis para daros cuenta que sus cuitas son problemas de ricos?—. Semejante tesis resulta sostenible gracias a que a Vallín, dúctil gacetillero de dilatado currículo cultural, le sobran argumentos. Aquí hay suficiente historia de Hollywood, ese «nido de rojos», para cuestionar el mantra de su adoctrinamiento neoliberal. Ofrece análisis fílmico —arquetipos por doquier— para hacer tambalear a Cahiers du Cinema. Y señala, con jocosa maestría que, tras la entronización del auteur europeo frente al solvente artesano estadounidense, se oculta una elitista apropiación de un entretenimiento de origen plebeyo. Además, el asturiano escribe maravillosamente, un abigarramiento ilustrado, no obstante dicharachero y con retranca, tan placentero como edificante. Incluso sin coincidir con todos sus planteamientos —demasiado generoso con los superhéroes, quizás sus inicios fueran progres, pero hoy frecuentan el anarcoliberalismo más reaccionario, o cuesta otorgar tanto valor empoderador a las femme fatales de los 50—, vas a disfrutar sobremanera de ¡Me cago en Godard! 

Mata a tus ídolos, Toni García Ramón (Catedral, 2020)
Y del sesudo no obstante muy estimulante ensayo cinéfilo, al atracón de historias sobre el séptimo arte, reunidas por un periodista que se ha pateado todos los festivales del mundillo y ha consagrado su vida a la entrevista —más de tres mil, afirma el mataroní— a esos «perros verdes», actores, actrices, directores y gente de similar pelaje. Por estas páginas, que se antojan cortas, desfila lo más granado del «Olimpo» cinematográfico, caso de Al Pacino, Robert de Niro, Jack Nicholson, Bill Murray, Spike Jonze, Wes Anderson, Sofia Coppola, Scarlett Johansson, etc. Sin embargo, es la fuerza de la anécdota, ya sea por su extravagancia, hilaridad, momento mágico o revelatorio, el adictivo motor del volumen. ¿Ejemplos? El bloqueo emocional frente a la gran Helen Mirren. La surrealista entrevista al añorado Philip Seymour Hoffman junto a cierto «personaje» austríaco. El regalo envenenado de Tom Hanks. La cerveza junto a Johnny Depp. O los encontronazos con los insufribles Sir, Hopkins y Kingsley… Pero no os vayáis todavía, que aún hay más. Porque entre batallitas, o encuentros y encontronazos, Toni García Ramón nos abre la trastienda —esos publicistas, agentes de prensa o tipos y reglas en las entrevistas— de un universo y profesión peculiarísimas, cuya ostentosa gloria parece cosa del pasado, pero cuyo embrujo sigue siendo notable.  

ENSAYO

Todo era posible, Manuel Moreno y Abel Cuevas (Libros Walden, 2020)
Cambio radical de tercio con una obra me atrevo a decir relevante, un pedazo de la memoria histórica de este país, la de sus revistas underground y de contracultura, encajonadas entre 1968, cuando los idealistas y revolucionarios ecos del hippismo y el mayo francés lograron encontrar las fisuras del tardofranquismo y 1983, momento en que la «Movida madrileña» pasa a ser definitivamente mainstream. Espectacular en su exhuberante material gráfico y notable en su análisis de fondo —el contexto que propició su surgimiento, o como la Movida opacó a las publicaciones realmente contestatarias, misma tesis defendida por Jordi Costa en Cómo acabar con la contracultura, complemento ideal de este libro—, Todo era posible muestra el admirablemente diverso ecosistema de ese inquieto sector editorial. De las iniciales revistas musicales, como Disco Express o Radio Popular, a la pionera Apuntes Universitarios, germen de Ozono, que junto a Star y Ajoblanco fueron los bastiones de una red imparable y mutante. Triunfo, Revista de Occidente, el Cómix barcelonés, el creciente submundo de los fanzines… opciones previas al desembarco, directo al imaginario colectivo nacional, de cabeceras como El Víbora, Popular 1, Hermano Lobo o El Viejo Topo. Mucho más que una colección de «revistuchas» extravagantes para freaks y radicales. Pura, valiosa cultura popular a reivindicar. 

La conquista de lo cool, Thomas Frank (Alpha Decay, 2020)
Más contracultura, ahora en clave estadounidense, y puesta seriamente en cuestión —o, al menos, radicalmente redimensionada—. Reedición ampliada con prólogo del mencionado Jordi Costa, La conquista de lo cool es un viaje no apto para idealistas, en el que Thomas Frank nos lleva a la Gran manzana, concretamente a la Madison Avenue de los 60, en el momento en el que a sus trajeados, repeinados y exageradamente fumadores publicistas se les «encendió la bombilla»: la revolución vende. El tortazo al mito de la «Era de Acuario» es de aúpa, quedando desmontado desde prácticamente su misma génesis, porque fue siempre de la mano de su mercantilización. Incisivo y minucioso, Frank muestra al lector como la industria publicitaria asimiló rápidamente la imaginería, actitud y lenguaje rebelde, transformándolos en inocuos eslóganes y productos de consumo. Y aún, más triste, señala que el hippismo fue sólo el caldo primigenio, el banco de pruebas del capitalismo para, desde entonces, engullir cualquier tipo de malestar social y convertirlo en moda. Pensad en las clásicas camisetas psicodélicas o del Che Guevara. O en la actualidad, el supuestamente subversivo «The New Normal» festivalero —lo hipster merecería libro propio—, los jugadores de la NBA pensando frases en clave #BlackLivesMatter que pondrán en su camiseta cuando se reinicie la competición, la dudosa etiqueta Bio, entre infinitos ejemplos. Capitalism stole my virginity

El enemigo conoce el sistema, Marta Peirano (Debate, 2019)
Vamos un paso más allá. El ominoso título ya avisa. Pocas lecturas más espeluznantes que esta. ¿Podríais vivir sin tecnología? ¿No, verdad? ¿Nunca os preguntáis qué hay detrás? Pues, aunque lo sospechabáis, imaginaos que una obra os pormenoriza cómo esos recursos y utensilios digitales, la red, no son libres, ni abiertos, ni, por supuesto, democráticos. Es la relación entre tecnología y poder, que la periodista madrileña Marta Peirano traza con demoledora precisión. ¿Adicción al móvil, a las series? Visto. ¿Recolonización planetaria vía fibra óptica? Visto. ¿Estado hipervigilante y fin de la privacidad? Visto. ¿Dictadura del algoritmo? Visto. ¿Negocio tras la compraventa de los datos personales? Visto. ¿La batalla perdida —¿o es ya la guerra?— del software libre y el anticapitalismo digital frente al absolutismo de la web 2.0. y sus marcas? Visto. Y, sobre todo, la MANIPULACIÓN —inmenso séptimo capítulo, más pertinente que nunca— que socava la democracia a base de Steve Bannon, propaganda rusa, presidentes títeres del capitalismo depredador, bulos y bots en redes sociales, con la exquisita connivencia del periodismo. Peirano no ofrece esperanzas. Lo que convierte al libro en una experiencia más deprimente que una intervención de Macarena Olona. Nos exige ser ciudadanos más responsables. Hay que conocer al enemigo.

CÓMIC

Jordi, el mosso d’esquadra sensible, Chini (La Fuga, 2020)
La tradición manda, así que el cierre de este «Especial» lo tiene que poner un cómic. A ser posible, con enjundia y cierta querencia por nuestra realidad cotidiana. Complicado encontrar una opción mejor que este volumen recopilatorio de la tira sobre un picoleto catalán tan impresionable y simplón como superado por los acontecimientos político-sociales de una Catalunya en permanente y harto conocida ebullición. Creación del bonaerense Chini (You are so overrated), su mosso Jordi es una combinación del eterno Peter Pan —fuet, canelons, mimos de mamá y la tía Encarna, fan de Amaral y Bob Esponja—, el cuñado —nada bueno ha salido de Scorpia— y el mamporrero legal que nunca debería serlo… Alguien, en definitiva tan de carne y hueso que recorrer junto a él «los episodios nacionales» del siglo XXI —la crisis económica/estafa, el 15M, la interminable serie «El procés»— hace de la sátira al cuerpo policial un relato bastante más profundo del absurdo de este surrealista período político en el que vivimos, así como del enmascarado ser humano encargado de ejercer la represión.  

Con independencia de las posibles circunstancias, ¡felices lecturas a todos!