Especial Bernie Sanders

No podía ganar. Lo han tratado de impedir por activa y por pasiva —otro día hablamos del bochornoso comportamiento de los medios—. Han hecho que venza Hillary Clinton. Incluso hubieran preferido a un energúmeno atroz de peinado inconcebible —me niego a nombrarlo—. El establishment no podía permitir que Estados Unidos tuviera un candidato socialista —socialista de verdad, no como Pedro Sánchez— a la presidencia del país. Pero lo que ha conseguido Bernie Sanders con su candidatura a la Casa Blanca por el Partido Demócrata ya es algo histórico para Norteamérica. Va más allá de una contienda electoral. Es un fenómeno sociopolítico que, espero, tenga continuidad al margen de los resultados de las primarias demócratas. Es una auténtica revolución política. Por eso este especial, aprovechando la reciente aparición de dos libros, complementarios entre sí, sobre la figura del veterano senador en nuestro país. Gracias a Malpaso y Capitán Swing, dos editoriales siempre atentas al «pulso de la actualidad», por su colaboración.

Nacido en Brooklyn, Nueva York, en 1941, el senador Sanders es el político independiente en activo con una carrera más longeva en el Congreso de los EE.UU. Antiguo activista del Movimiento por los Derechos Civiles y miembro de la Liga Socialista de la Juventud, fue alcalde de Burlington, Vermont, de 1981 a 1989, localidad que bajo su mandato se convirtió en la ciudad con mayor índice de bienestar del país. Tras la alcaldía representaría al estado de Vermont en la cámara baja, cargo que ostentó durante dieciséis años, hasta que en 2007 pasó al Senado. Su campaña, financiada por las contribuciones ciudadanas al margen de las donaciones de las grandes corporaciones, es una contestataria llamada a la revolución social en el país por excelencia del capitalismo: justicia económica, racial y social. Recuperar Estados Unidos de las garras de los ricos —ese Wall Street siempre dispuesto a la rapiña— y devolverlo al pueblo. Situar cuestiones como la obscena disparidad económica, la igualdad, la asistencia sanitaria universal, la gratuidad de la educación, los derechos de las minorías, el cambio climático, en el centro del debate… en un mensaje diáfano que ha calado entre la población norteamericana, especialmente entre los jóvenes, los jubilados y las minorías. Sin más dilación, Feel the Bern!

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Discurso, Bernie Sanders (Malpaso, 2016)

Atentos a su subtítulo, Sobre la codicia de las grandes empresas y el declive de la clase media. Sanders quizás no tenga el don de la mercadotecnia o el beneplácito del marketing publicitario en sus mensajes pero, a cambio, nunca se ha andado con medias tintas, subterfugios o edulcorantes. Y menos aún en este libro, la transcripción íntegra —aquí traducida por Jaime Blasco— de su memorable intervención en el pleno del Senado el 10 de diciembre de 2010… ¡durante más de ocho horas! Ni Fidel Castro en sus mejores tiempos…

¿El motivo? Aprovechar un ejercicio de «filibusterismo» —bloquear la aprobación de una ley mediante una intervención de larga duración, gracias a la ausencia de un límite de tiempo, hasta que se pospone la sesión, tenéis un magnífico ejemplo cinematográfico en Caballero sin espada de Frank Capra, protagonizada por James Stewart— para pormenorizar las razones de su oposición a una propuesta de ley, acordada por el partido republicano —les niego la mayúscula— y la administración Obama, que proponía exenciones fiscales para los más ricos, reducía el impuesto de sucesiones y desviaba recursos destinados al fondo de la seguridad social.

Pero su discurso, que ese día sería trending topic mundial, sacudiendo mediáticamente el país, iba mucho más allá. Era una denuncia, apasionada y rigurosa, de la vil connivencia entre Wall Street —a los que llama «maleantes», ¿no es un abuelo adorable?— y Washington. Un alegato en favor de una clase media norteamericana en vías de extinción, a merced de ese 1% mezquino y tramposo, capaz de hablar sin vergüenza de la abolición del salario mínimo, de los beneficios de la deslocalización para las empresas estadounidenses, de las bondades de la desregularización —¿a qué os suena?—. Sanders, desde su atalaya de incontinente y elocuente oratoria, señala sin miedo a Alan Greenspan, a Hank Paulson, JPMorgan Chase, Wells Fargo, Bank of America, etc, para diagnosticar los motivos y causantes de una estafa que venía gestándose bastante tiempo atrás y que, en el momento de la caída, torticeramente se calificó de crisis económica. Y lo que es todavía más sangrante, cuyas heridas siguen bien abiertas. Y logra que un discurso interminable —lógicamente farragoso por momentos, debido a su extensión— hoy se lea como una llamada a la revolución política. Y el germen de su actual cruzada hacia el Capitolio.

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Bernie Sanders. Sus principales ideas para Estados Unidos, Jonathan Tasini (Capitán Swing, 2016)

Y llegamos al «Sanders candidato», en este breve pero muy completo libro que recopila el ideario del senador neoyorquino. Gracias al estimable trabajo de concisión y claridad por parte del escritor y analista político-económico Jonathan Tasini —traducido al castellano por Ricardo García Pérez— su recopilación del pensamiento de Bernie Sanders resulta de una sencillez notable. Dividida en veinte capítulos temáticos, la obra reúne fragmentos de discursos, declaraciones públicas y entrevistas, creando lo que podríamos calificar como un manifiesto de su visión para Estados Unidos, pero también un sucinto proto-programa electoral del candidato demócrata más a la izquierda en la historia del «partido del asno» —vale, eso tampoco era muy difícil—.

Economía, educación, salud, medio ambiente, política exterior, derechos civiles, inmigración, comercio… Tasini no deja muchos asuntos por abordar —a bote pronto, Internet y las cuestiones culturales brillan por su ausencia—, aunque dada la extensión del volumen, varios de los temas aparecen apenas perfilados, siendo tratados de forma algo superficial por el veterano político. Por poner tan sólo un par de ejemplos, cuando habla de medio ambiente o medios de comunicación, el diagnóstico de «los males» que aquejan a su nación son claros y meridianos, no así sus propuestas de solución, bastante vagas. En cambio, donde Sanders es tan contundente como transparente es en el terreno económico. Impuestos, seguridad social, sistema sanitario, formación, finanzas… todo su argumentario está fundamentado en la distribución de la riqueza y la equidad. Especialmente recomendables son sus Diez medidas justas para reducir el déficit y crear empleo —digo recomendables, no fáciles de aplicar, menos si cabe en un mundo con propuestas de TTIPs, Partidos Populares azules y naranjas, Junckers y Merkels— y su demoledor capítulo contra Wall Street y el corporativismo depredador titulado ¿Demasiado grande para quebrar? Demasiado grande para existir. Sin desperdicio.

Pero todavía hay otro aspecto que me parece incluso más relevante de este libro. Y es el corolario que cierra cada uno de sus capítulos: la labor realizada por el senador hasta la fecha en su desempeño como congresista respecto a cada uno de los temas tratados. Esa es la mejor carta de presentación de la candidatura de un político. La coherencia entre sus ideas y su hoja de servicio público. Bernie Sanders no es sólo un orador vehemente con un mensaje pertinente en la actual era post-crisis —corrijo, post-estafa— para millones de personas, o un posible aglutinador de la izquierda con un ideario mucho más valiente que el de unos demócratas partícipes de la perversa «maquinaria neoliberal». Es alguien que puede demostrar, con hechos a lo largo de una dilatada trayectoria, que está dispuesto a luchar por lo que cree. Un futuro mejor para la clase trabajadora, ese 99%, de su país. Tristemente, parece que no tendrá lugar en la próxima legislatura. Pero ojala solo haya sido el comienzo de un proceso, de una revolución en definitiva, que está por venir.