Escapar. Historia de un rehén, Guy Delisle (Astiberri, 2016)

Concluida la vorágine de Sant Jordi, regresamos a nuestra dinámica habitual con Escapar, el último cómic de Guy Delisle en aparecer en nuestro país, que nos llega de la mano de Astiberri —a quienes vais a ver bastante por aquí en próximas fechas, lo que hace especial ilusión—. Pocos autores han conseguido la repercusión del autor franco canadiense con sus obras, que logran incorporar la denuncia Crónicas birmanas y Crónicas de Jerusalem y el análisis político-social —el indispensable Pyonyang o Shenzen a un relato marcadamente subjetivo, en primera persona, que se presenta siempre con un dibujo limpio, sencillo y sin demasiados ornamentos. Ese es también el caso que nos ocupa hoy. Sin embargo, Escapar, presenta varias novedades.

La más importante es que Delisle aquí no es protagonista, sino únicamente transmisor de la historia de Christophe André, miembro de una ONG que proporciona asistencia médica en la región del Cáucaso —entre Ingusetia y Chechenia— secuestrado durante su primera misión humanitaria en 1997. Un cautiverio que duraría casi cuatro meses y que el ilustrador quebequés recrea con pasmosa, aterradora minuciosidad. Y ese es el segundo aspecto a destacar, la decisión plenamente consciente, muy arriesgada, de no reparar en la extensión de la novela gráfica —superando las cuatrocientas páginas— si ésta sirve para captar y mostrar las terribles sensaciones que conllevan una situación tan dramática. El tiempo detenido, robado. La desesperante, mortal rutina, con su atroz acumulación de momentos inermes e idénticos. La desazón de desconocer qué puede estar sucediendo en el exterior, si hay un plan en marcha, una opción de ser rescatado o simplemente otro día más va camino de evaporarse, lentamente, entre esas cuatro paredes.   

Delisle repite encuadres «sin tapujos», usando una paleta de colores muy limitada y mortecina, de azules y grises. Las viñetas van y vienen y la trama podemos decir que «objetivamente» avanza, porque el tiempo no se detiene… ¿pero en cuántas páginas no ocurre absolutamente nada? Esa es precisamente la idea. Porque reflejar lo padecido por Christophe en su confinamiento exige lidiar con la interminable, deprimente, angustiosa monotonía. En ese sentido, en aras del realismo, su autor ha puesto toda la «carne en el asador». No hay desvíos que podrían hacer más «digerible» el relato, quizá para hablarnos de la situación política en Chechenia, enseñarnos las motivaciones de sus captores o mostrarnos los intentos de sus compañeros para lograr su rescate. Tampoco escenas grotescas o gratuitas. Ni siquiera un flashback de su pasado en libertad, un recurso habitual para aumentar la carga dramática. Delisle solo está interesado en indagar y compartir la experiencia de alguien encerrado contra su voluntad. Sine die.

La apuesta de Escapar consigue aproximar el cómic al terreno de la novela o el relato psicológico como pocas veces servidor ha visto/leído. El efecto de acumulación y reiteración de los austeros, plomizos decorados, los nimios sucesos y los pensamientos del rehén, lidiando por no venirse abajo ni dejarse derrotar por la desesperación, sume al lector en un estado de desasosiego, que obliga a seguir leyendo en busca de la resolución del extremo caso. Hay momentos en que uno podría echar de menos algún tipo de mirada política —apenas existe interacción con sus secuestradores—, o de contextualización del caso, elementos «marca de la casa» de Delisle hasta la fecha. Pero uno sabe que son deseos vanos por nuestra parte, que romperían la coherencia del cómic en favor de nuestra necesidad de obtener datos, información, explicaciones, que de alguna forma «edulcoren» el desarrollo de la lectura. Aquí no se trata de malos y buenos, «razones» e injusticias. Sino de una experiencia, impecable, sobrecogedoramente trasladada al papel, que nadie debería sufrir jamás… Bravo por las obras audaces, osadas, valientes.