Erasure, ‘The Neon’ (Mute, 2020)

La banda británica vuelve a sus raíces en su nuevo álbum

No puede ser que le estemos dando cancha a muchos de los grupos que beben del synth-pop de los ochenta, y dejemos de lado a los que llevaron este este estilo hasta donde está hoy. Y sí, se puede meter a Erasure dentro de ese grupo, porque Vince Clarke es uno de los pilares fundamentales de ese movimiento, y Andy Bell ha sabido dotar de melodrama y sentimiento a sus composiciones. Juntos, han creado una colección de hits de esas que quitan el hipo, y lo mejor de todo es que, más de 35 años después de su formación, siguen sacando discos notables.  

Ellos mismos han confirmado lo evidente, que ‘The Neon’, el que es su disco número dieciocho, es una especie de vuelta a sus orígenes. Y no hace falta que lo juren, porque estamos ante uno de esos trabajos en el que los que los temas bailables, los estribillos redondos, y las melodías sintéticas pegadizas, se fusionan para dar con canciones brillantes. Todo aderezado con un poco de drama y algo de petardeo, que para eso son Erasure

La primera parte del disco no da tregua. Pueden pasar de un hit tan claro y arrollador como “Hey Now (Think I Got a Feeling)”, a entregar un corte más serio y reposado como “Nerves of Steel”, en el que, ojo, meten una guitarra de lo más sucia. Pero la cosa no queda ahí, y en “Fallen Angel” y “Shot a Satellite” se sacan de la manga un par de singles clarísimos que bien podrían entrar dentro de su apabullante colección de grandes éxitos. Es que incluso “No Point in Tripping”, que es algo más evidente y basta, tiene su rollo.  

En la segunda parte del disco bajan un poco el ritmo, y sí es cierto que, a pesar de entregar temas tan directos como “Diamond Lies” y “Careful What I Try to Do”, están un poco más irregulares. Más que nada porque intentan condesar ideas muy diferentes en muy poco tiempo. Así, nos encontramos con un corte más minimalista como “Tower of Love” ; una balada al piano llamada “New Horizons” que no pinta mucho, y el tema final, que es una dulce nana sintética que, la verdad, no está nada mal.  

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