5 Oct 2026 15.026 artículos desde 2008
Libros

Éramos unos críos, Patti Smith (Lumen, 2025)

Sin lugar a dudas, los mejores que entendieron el punk fueron los Rolling Stones —de quienes Patti Smith grabaría el 2007 «Gimme Shelter», en su álbum Twelwe— que en 1978 se descolgaron con Some Girls, una batidora de música disco y rocanrol marca de la casa y otras hierbas de raíz negra. Supieron ver que el punk estaba muy lejos de revolucionar nada. Con la actitud no es suficiente. El revolcón no salió de Londres y otros puntos de la geografía británica. El cambio se formuló mediante un montón de discordia, desgarro, ira, ganas de bailar y toneladas de enviarlo todo al diablo, pero eso llegó antes. La cultura hip hop. Solo hay que prestar atención a Questlove junto a Ben Greenman  y su visión de la jugada en Hip Hop es historia o, si se prefiere, The Come Up. Historia oral del hip hop, de Jonathan Abrams. 

Desde otra óptica, sorprende que a Patti Smith se la relacione tanto con el punk rock. Hace unas semanas, una cabecera de peso de NYC la calificaba de madrina del punk. Cierto es que vivió aquella efervescencia airada de cerca, pero ella era una mujer decidida que deseaba ser relevante. Y el paso de los años la ha situado del lado de las palabras. Cosa que no quita que haya construido una notable carrera fuera de ese género. 

Nacida en 1946 en Chicago y criada en Filadelfia y en el sur de Nueva Jersey, Patti Smith llegó a Nueva York en 1967 con las ganas de comerse el mundo. El sueño era convertirse en poeta. Pero eso llegó después. Smith lideró el Patti Smith Group, que incluía al guitarrista Lenny Kaye. Superada esa etapa, contó con el dúctil guitarrista y casi una enciclopedia musical —que luego sería su marido y padre de dos de sus hijos— Fred «Sonic» Smith de MC5. Ambos eran devotos de la poesía. Su unión personal y musical dio como resultado interesantes discos que tendieron puentes entre la sonoridad instrumental de Smith y las palabras rimadas de Smith. Su manera de escribir ha dejado huella en otras voces.   

Entre los protagonistas del libro destaca su amadísimo Robert Mapplethorpe, un estupendo fotógrafo. Su tenacidad y su astucia fueron el trampolín para salir de la miseria y el anonimato y así lograr una fama que todavía perdura. En cambio, Smith escogió un camino de largo recorrido; no se deslumbró por un éxito precoz, para ello ya tenía la música. Un buen amigo para siempre fue y es Bob Dylan, que le prestó la atención debida. La futura aclamada literata, también pintora y fotógrafa, desde un principio estuvo atenta a las influencias que la ayudarían a explorar y afianzar su peculiar sensibilidad, incisiva y poco convencional. La escena literaria, a la cual anhelaba unirse más que cualquier otra cosa, la calificó en algún momento como la renacentista del punk. 

La reedición de Éramos unos críos (Just Kids, 2010) —que coincide con Pan de ángeles (2025)— se podría entender como un manual desestructurado de cómo se puede iniciar una carrera en el ámbito cultural, sin un céntimo y no perecer en el intento. En 2005, el Ministerio de Cultura francés la nombró Comendadora de la Orden de las Artes y las Letras.