Con motivo del estreno del documental ‘La Marsellesa de los borrachos’ (podéis leer nuestro comentario sobre la película en ‘Indienauta’), hemos tenido la oportunidad de hablar con su director, Pablo Gil Rituerto, que ha sido muy generoso con sus respuestas y comentarios de gran interés.
¿Cómo ha sido el camino hasta ‘La Marsellesa de los borrachos’, hasta tu primera película?
‘La Marsellesa de los borrachos’ es un proyecto cocinado a fuego lento, no tanto por decisión propia como por condicionantes externos. Pero creo que ese tiempo dilatado le ha venido bien a la película, me ha permitido imaginarla mucho, pensarla. Es un proyecto en el que he estado entrando y saliendo a lo largo de los años, combinándolo con mi trabajo como montador para otros cineastas. En los parones de trabajo siempre volvía a ella y poco a poco iba dándole forma. Al principio solo, luego con el apoyo de Alba Lombardía y más tarde con el resto del equipo y productores, el director de fotografía Daniel Lacasa, Bernat Manzano y Montse Pujol de Boogaloo Films, Frédéric Féraud de Les Films de l’oeil sauvage… Mucha gente ha trabajado duro para que este proyecto saliera adelante.
¿Cómo surge el proyecto? ¿Qué te interesa de esta historia?
El proyecto surge de otro anterior frustrado. Quería trabajar a partir del archivo sonoro de un escritor que había entrevistado a presos durante el franquismo, pero finalmente no pude acceder a ese archivo (¡aunque ojalá pueda hacerlo en el futuro!). En todo caso, ahí quedó la idea de trabajar a partir de un archivo sonoro. Era una idea que me seducía como reto formal, como un reto de montaje, me parecía interesante investigar la manera de dar cuerpo cinematográfico a un archivo sonoro, construir su contracampo visual, quizás inspirado por las películas de Susana de Sousa Dias que me habían impactado mucho en esa época. Cuando encontré el libro ‘Canti della nuova Resistenza Spagnola’ y leí en las primeras páginas que ese libro era fruto de unas grabaciones sonoras quise saber más. Ahí comenzó la investigación hasta dar con el paradero de quienes hicieron ese viaje, y de las grabaciones y fotografías que realizaron. Ambos archivos, sonoro y fotográfico, habían permanecido inéditos hasta la fecha. Sentí que rescatar esa historia podía dar pie a pensar también sobre nuestro tiempo.
¿Por qué un grupo de italianos se arriesga a ser detenido en la España franquista para recopilar canciones de protesta?
‘Cantacronache’es un grupo fascinante. Una mezcla de etnomusicólogos, cantantes, escritores… que empezó su actividad en Turín a finales de los años cincuenta. Habían realizado viajes similares por Italia, recopilando canciones partisanas y de trabajo, también en el norte de África… El viaje a España formaba parte de un proyecto más grande, tenían previsto recorrer otros países de Europa, pero tras el acoso judicial y mediático al que fueron sometidos, este sería su último viaje. Por otro lado, camuflar como un viaje turístico lo que en el fondo era una acción cultural y política, era algo que otros también ensayaron en la época. Es el caso de ‘El Sur’ de Juan Marsé, un libro de viajes encargado por José Martínez de ‘Ruedo Ibérico’ y que en el fondo era un estudio antropológico de las condiciones de vida en Andalucía durante esos años, o ‘El viaje inútil’ de Rossana Rossanda , o ‘L’altra Spagna’ de Angelo del Boca… En ese momento era importante construir una contra-historia de España para rebatir la propaganda aperturista y el blanqueamiento del régimen franquista y para ello se trabajaba intensamente desde las redes del exilio español y el internacionalismo europeo.
Una de las cosas más bonitas de la película es cómo se centra en los materiales que se van encontrando: libros, grabaciones analógicas, fotografías. ¿Cómo fue la recopilación y organización de esos materiales? ¿Cómo decides darles protagonismo en la pantalla?
La primera fase de trabajo en la película fue una labor ingente de investigación en archivos. Junto a Alba Lombardía visitamos un montón de archivos en Italia, España, Holanda… y fuimos recopilando toda la información posible sobre el viaje y el proceso judicial. Esa fue la base para empezar a construir la narración. Pero no quería hacer una película informativa, o no solo. Lo que me interesaba era la evocación de aquella historia, no tanto su reconstrucción. A lo largo de la película van apareciendo estos documentos que funcionan como una pista para el espectador. Es una invitación al espectador a buscar más información una vez acabada la película. Hay diferentes ediciones del cancionero en diferentes idiomas, vinilos de los propios ‘Cantacronache’, recortes de prensa…esta historia contiene muchas líneas de fuga y la película te sugiere algunos caminos por los que seguir explorando.
¿Qué sentiste al escuchar por primera vez esas grabaciones de canciones de protesta olvidadas que tú mismo has llamado en una entrevista ‘canciones exiliadas’?
Bueno, creo que intenté decir “grabaciones exiliadas”. En el sentido de que es un patrimonio que, desde mi punto de vista, tiene mucho valor y que paradójicamente ha sobrevivido gracias a estar fuera de España, a buen recaudo. Quizás en España hubiera sido más difícil que ese material se conservase hasta nuestros días. Esas voces anónimas quedaron registradas en las cintas y cruzaron la frontera. Pero las personas que pusieron la voz y el cuerpo se quedaron a este lado de la frontera, y para algunos de ellos tuvo durísimas consecuencias. Celso Emilio Ferreiro acabó por exiliarse a Venezuela, Jesús Lopez Pacheco en Canadá… A eso me refería por “grabaciones exiliadas”. Pero las canciones no. Las canciones, y es algo que comprobamos al rodar la película, viven y se han transmitido a lo largo de los años de boca en boca, y aún hay muchos que las recuerdan. Esa es la fuerza de la tradición oral, que se reformula con la transmisión, se guarda en la memoria, se comparte una y otra vez… La poesía es un artefacto con una fuerza enorme para resistir los envites del poder.
¿Cómo se produce la colaboración con Nacho Vegas, Maria Arnal y los artistas que intervienen en ‘La Marsellesa de los borrachos’?
Trabajar con Maria Arnal, Nacho Vegas, Faia Díaz Novo, O Leo de Matamá, la Ronda de Motilleja, Amorante y el coro minero de Turón ha sido un verdadero regalo. A algunos los conocía de antes, a otros a través de amigos comunes y a otros los fui a buscar hasta que los convencí. Todos ellos han sido muy importantes para la construcción de la película, no solo por sus reinterpretaciones de las canciones del cancionero sino porque me sirvieron de guía e inspiración para rodar en territorios tan diversos. ‘La Marsellesa de los borrachos’ le debe mucho a su generosidad y a su talento. Los considero referentes, no solo por su obra, si no por su manera de estar en el mundo.
Se cumplen 50 años de la muerte de Francisco Franco y el Gobierno tiene pensado celebrar 100 actos para conmemorar la conquista de la libertad ¿Crees que es necesario recordar para no repetir el pasado?
No deja de ser una casualidad que la película se estrene en un año tan significado, no era mi intención atender a ninguna efeméride cuando empecé a trabajar en este proyecto. Y, contestando directamente a vuestra pregunta, en este país la cosa es mucho más grave. No se trata solo de recordar, sino de reparación y justicia. Eso es fundamental, hayan pasado cinco o cincuenta años. Los crímenes de lesa humanidad no prescriben. Urge romper el muro de impunidad con que la élite judicial ha conseguido que no haya ni verdad, ni justicia, ni reparación para las víctimas de la represión franquista y sus familiares. Lamentablemente, son muchos quienes abonan el olvido y la desmemoria, y otros tantos los que usan la memoria como mera propaganda vaciada de una acción política y judicial efectiva que dé fin a la impunidad.
Los años del franquismo, de la dictadura, fueron muy duros y oscuros, pero ¿Crees que hay cierta nostalgia hacia esa época de lucha?
No sé si la hay, pero, en todo caso, no me interesa una visión nostálgica de nuestra Historia. ‘La Marsellesa de los borrachos’, creo, está lejos de esa nostalgia. La película trabaja con materiales del pasado, pero no para quedarse en una visión mítica o romántica, sino para pensar nuestro tiempo a través de ellos. Aunque, hablando de nostalgia, lo que percibo en los últimos tiempos no es una nostalgia de las luchas antifranquistas sino todo lo contrario, una nostalgia reaccionaria, que anhela una supuesta paz social omitiendo la violencia y el miedo que la sostenían.
¿Cómo ves el panorama actual del documental en España?
No sé si existe un panorama documental, no sé si ese palabro describe ya nada. Si atiendo a las películas con las que he ido coincidiendo este año en las presentaciones de ‘La Marsellesa de los borrachos’ en diferentes festivales, diría que es fantástico: ‘Caja de resistencia’, ‘Mitología de barrio’, ‘Saturno’… hay compañeros haciendo películas documentales maravillosas. Pero si miro la repercusión mediática… eso es otra cosa. Nada nuevo por otro lado, el cine de lo real en este país se mueve por el subsuelo y, mediáticamente, se destacan las películas que van arropadas por directores o protagonistas famosos. Por otro lado, lo de las plataformas de streaming y la fiebre por el true crime, es digno de estudio.
¿Cuáles son tus orígenes como cineasta? ¿Cómo llegas a interesarte por el cine documental?
Cuando estudiaba la carrera tuve la oportunidad de asistir a un seminario con el director cubano Octavio Cortazar. Entablamos amistad y me descubrió muchas películas, otro mundo… Recuerdo la primera vez que vi ‘Titicut Follies’ de Frederick Wiseman en una cinta VHS totalmente desgastada que Octavio se había traído de Cuba. O los cortometrajes de Bert Haanstra. Eso me abrió nuevas perspectivas sobre el cine. Así que al terminar la carrera me fui a Barcelona, quería estudiar con Joaquim Jordá, que daba clases en un máster de la UPF, y que en esa época hacía documentales fascinantes como ‘Monos como Becky’ o ‘Veinte años no es nada’… pero falleció poco antes de que yo llegara a la ciudad. Aunque el cambio de Madrid por Barcelona mereció la pena. Allí pude estudiar con Mercedes Álvarez y José Luis Guerin, y lo mejor, empezar a trabajar con ellos, primero como asistente de montaje y luego como montador. En ese aspecto creo que la sala de montaje ha sido mi verdadera escuela durante todos estos años gracias a la generosidad de muchos cineastas que han confiado en mí para trabajar con ellos. Les debo mucho.
¿Estás preparando algún nuevo proyecto que nos puedas contar?
¡Sí! Y estoy muy entusiasmado con ello. Estoy trabajando en una nueva película, esta vez de ficción, pero poco más puedo adelantar ahora. La estoy desarrollando gracias a una beca de la Residencia de escritura de guiones de la Academia del Cine Catalán. La Residencia es un proyecto fantástico, que te da la oportunidad de desarrollar un proyecto con el tiempo necesario, sin los rigores de tener que atender a otros encargos. Estoy muy agradecido a la Academia por la oportunidad.
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