Entrevista con Luis Emilio Guzmán (Hangar rojo)

Ya está en cines la estupenda película chilena ‘Hangar rojo’ sobre el golpe de estado de 1973 y hemos tenido la oportunidad de hablar con su guionista, Luis Emilio Guzmán.
¿Cómo surge el proyecto de Hangar rojo?
El proyecto nace por una amistad con el autor del libro, Fernando Villagrán. En algún momento él me acercó el material y me dijo que creía que podía funcionar como una serie o una película. Esto pasó hace ya más de quince años.
La película está inspirada en hechos y personajes reales ¿Cómo fue el proceso de documentación?
El proceso de documentación fue, primero, leer mucho el libro de Fernando, que no solo aborda la historia de Jorge Silva, sino también la de muchos militares de la Fuerza Aérea que se negaron a participar del golpe militar. Luego hicimos unas cuatro entrevistas con el propio Jorge Silva antes de que muriera. Esas conversaciones fueron fundamentales para entender su vida, su visión y todo lo que ocurrió en esos días.
¿Qué parte es ficción?
Yo creo que, sobre todo, el mundo de Hahn, el antagonista, fue bastante ficcionado. También el personaje de Hernández, el chico nuevo que entra a la escuela de aviación y que vive su primer día ahí. Él termina siendo una especie de protegido de Jorge Silva y, narrativamente, me servía mucho porque necesitaba un personaje cuya mirada permitiera conocer cómo funcionaba ese mundo desde adentro. Así que ahí hay bastante ficción, también porque el guion tenía que ser muy acotado.
¿Sigue levantando ampollas una película sobre la dictadura en Chile?
Las ampollas que todavía genera el tema en Chile las vamos a ver cuándo la película se estrene acá, en octubre. Esperamos que provoque debate. Creo que existe una parte del público que está cansada de las películas sobre el golpe militar, pero también siento que esta historia tiene algo distinto: muestra un punto de vista que prácticamente no se ha visto en el cine chileno y muy poco en el cine latinoamericano, que es el de los militares que no estuvieron de acuerdo con el golpe. Así que creo que, al menos, va a generar discusión, y eso nos importa.
¿Cómo se traslada tu guion a las imágenes? ¿Qué nos puedes decir de las decisiones estéticas que se tomaron y de la colaboración con el director?
En términos de las decisiones estéticas y el trabajo con el director, todo fue muy de la mano. El guion ya apuntaba a una cámara en el hombro, muy pegada al personaje, siguiendo constantemente su visión y sus movimientos. Queríamos una mirada acotada, muy inmersiva. Y el blanco y negro también fue una decisión muy conversada desde el inicio, algo que me pareció súper interesante porque ayudaba mucho a construir el tono de la película.
Emilio ¿Qué película te hizo querer ser guionista?
Muchas, pero creo que la que realmente me hizo pensar que yo podía escribir fue Goodfellas (Uno de los nuestros). Sentí que se podía escribir sobre algo que a uno lo fascinara, sobre la amistad, sobre personajes muy vivos. Después vinieron Magnolia y toda la irrupción de Quentin Tarantino, sobre todo con Reservoir Dogs y Pulp Fiction. Ahí sentí que el guion también podía ser una forma muy personal de expresarse.
¿Cuáles son tus referentes cinéfilos?
Mis referentes cinematográficos varían mucho. Van desde Billy Wilder y Howard Hawks hasta la influencia enorme del cine de los años 70, especialmente Martin Scorsese. También algunas cosas de Francis Ford Coppola, y por supuesto Tarantino. Steven Spielberg también ha sido muy importante para mí. Y ya cuando estudiaba periodismo y cine, mis grandes referentes eran Tarantino, Paul Thomas Anderson y Richard Linklater, sobre todo por la trilogía Before Sunrise (Antes del amanecer). Ese tipo de cineastas siguen siendo referentes constantes para mí.
¿Qué le dirías a un joven aspirante a guionista en los tiempos de la Inteligencia Artificial?
Le diría que puede trabajar con ella, que no es un enemigo, sino una herramienta de apoyo. Pero también creo que la IA todavía no reemplaza el momento en que uno realmente se siente guionista: escribir una escena, escuchar hablar a los personajes, encontrar una visión propia. Falta tiempo para que esa satisfacción creativa pueda ser igualada por una máquina.