17 Oct 2026 15.052 artículos desde 2008
Entrevistas

Entrevista con Gabriel Azorín

Hablamos con Gabriel Azorín, director de Anoche conquisté Tebas, una de las películas españolas más originales, interesantes y estimulantes que podrás ver esta temporada.

¿Cómo surge la idea para hacer esta película? ¿Qué fue primero: el guion o la localización?

Lo primero fue el lugar. Conocí los baños de Bande una tarde de invierno de 2017. Al anochecer, me metí en una de estas bañeras con forma de sarcófago que luego son muy importantes en la película. Después de pasar un buen rato ahí solo, el calor del agua y la cadencia del vapor me llevaron a un estado de introspección muy placentero. Como las termas están en mitad de un valle y por la noche no hay luz eléctrica, llegó un momento en que la oscuridad era absoluta. Solo quedaba levantar la cabeza y mirar al cielo. Así lo hice. Y vi el cielo estrellado más impresionante de mi vida. Al cabo de un rato pensé en la cantidad de personas que, antes que yo, habrían hecho ese mismo gesto en ese mismo lugar a lo largo de 2000 años. Por un instante, me sentí en comunión con todas ellas. 

Pero ahí solo había un deseo por rodar el lugar. No había ninguna idea cinematográfica. La idea cinematográfica surge en febrero de 2019, cuando les propuse a María Antón Cabot y Carlos Pardo Ros, compañeros míos del colectivolacasinegra, volver a las termas para comprobar si seguía sintiendo ese mismo influjo misterioso. Esta vez llevamos una cámara muy sensible a la luz, capaz de ver más que el ojo humano. Llegamos por la tarde, nos bañamos hasta que cayó la noche y entonces empezamos a grabar a unos chicos que estaban bañándose en una de las piscinas. Cuando volvimos a casa y revisamos el material, pensé que, si quitábamos los móviles y los bañadores de colores chillones que llevaban los chicos, era imposible saber si estabas en 2019, 1513 o en el siglo I. Habíamos rodado imágenes sin tiempo.

¿Había un guion cerrado o han participado los actores en la creación de los diálogos?

El guion estaba escrito hasta la última coma. Solo nos permitimos trabajar con la improvisación en el plano en el que se hace de noche mientras los chicos juegan con una app para mirar constelaciones. Nuestros diálogos no son naturalistas, sino que buscan la belleza; no están escritos para hacer avanzar la trama. Para Celso Giménez, co-guionista y consigliere de la película, y para mí era importante que los personajes hablaran con sinceridad y hondura sobre cosas que de verdad les importan, y que el espectador pudiera ver al pensamiento trabajar en tiempo real: decir algo, sentir que todavía no basta, volver sobre ello, corregirse uno mismo, insistir. Me gusta mucho ver a la gente conversar en el cine; es una de las cosas que más me emocionan, junto con ver cómo dos personas se conocen. 

Luego hay un trabajo muy largo con los actores para que ellos puedan probar estos textos complejos, estos diálogos largos que tienes que habitar para poder darles esas pausas, esa escucha. En el cine es muy importante el que habla, pero yo creo que es más importante el que escucha. 

Háblanos del planteamiento visual de la película y del trabajo con el director de fotografía Giuseppe Truppi.

Con Giuseppe compartíamos una obsesión: queríamos que el espectador tuviera la sensación de habitar un limbo donde convivieran diferentes tiempos históricos. Por el día, la puesta en escena de la película trabaja con dinámicas grupales: coreografías de cuerpos que entran y salen del encuadre y le dan un ritmo interno a la imagen. Jugamos con la profundidad de campo y con panorámicas que van revelando un mundo vivo. Pienso aquí en lo que decía André Bazin sobre el cine de Jean Renoir: que su cámara no se limitaba a mostrarnos lo que cabía dentro de un rectángulo sino también, a través de lo que él llamaba la profundidad de campo lateral, aquello que quedaba fuera. 

Pero llega la noche, y con ella un proceso de sustracción. Desaparecen poco a poco los bañadores de estampados chillones, los móviles, los coches y todo aquello que denota contemporaneidad. Hasta que finalmente desaparece también la luz eléctrica. El horizonte se borra y solo quedan los cuerpos en el agua. Mi objetivo era generar la ilusión de que el tiempo se ha detenido. El dispositivo, en el fondo, no puede ser más sencillo: cuerpos desnudos compartiendo el espacio y el tiempo de un plano cinematográfico. 

¿Qué es para ti el tiempo en el cine?

Carlos Muguiro me dijo una vez, y se me quedó marcado, que toda película plantea un conflicto entre la linealidad y la circularidad del tiempo. Él hablaba de esa capacidad tan extraña que tiene el cine de presentarse como una experiencia fugaz y permanente a la vez; de recordarnos que la vida es efímera y, al mismo tiempo, cobijarnos en una temporalidad habitable y eterna. Yo creo que es ahí donde está la esencia de Anoche conquisté Tebas. 

¿Es la cámara de cine la verdadera máquina del tiempo?

De alguna manera, sí. Durante mi estancia en la Elías Querejeta Zine Eskola, descubrí el cine de Margarida Cordeiro y António Reis y me obsesioné con la capacidad que tiene un plano cinematográfico para revelar todos los tiempos que habitan un lugar; o, dicho de otro modo, para filmar distintos tiempos en un solo plano. Ellos materializaron esa intuición a través de lo que llamaban “estratigrafías”. 

Joris Ivens describió así una escena de Ana (1982): “¡Flashbacks de 5000 años! Y Reis y Cordeiro tienen el valor de retroceder en el tiempo y en el espacio, y nos dicen: son las mismas, son las mismas personas, son los mismos movimientos de la humanidad que, al final, vuelven en esta casa, es el ciclo de la vida: las montañas, el agua, el río, la relación del hombre con la naturaleza, con los animales”. 

¿Cómo se trabajaron los diálogos en latín?

El latín fue probablemente uno de los procesos más largos y con más incertidumbre de toda la película. Al fin y al cabo, íbamos a intentar revivir una lengua. Y no sabíamos si lo íbamos a conseguir. Trabajamos durante cuatro años junto a la filóloga y traductora Laura Camino, que además es poeta, porque había una cosa que me preocupaba especialmente: no quería que los diálogos sonaran a misa. Quería que sonaran como unos chicos de veinte años que hablan entre ellos después de una jornada de trabajo. El latín no era la lengua materna de muchos soldados romanos, era la lengua que les obligaban a aprender si querían entrar en el ejército.

Por eso el trabajo no consistió solo en traducir los diálogos, sino en encontrar una musicalidad propia para cada intérprete. Incluso el casting estuvo condicionado por esa búsqueda: procuramos trabajar con actores cuya lengua materna no fuera romance. Oussama Asfaraah es marroquí y Pavle Cemerikic, serbio. Nos interesaba una sonoridad que resultara nueva y, al mismo tiempo, profundamente íntima.

¿Cómo se puede hacer cine en España sin morir en el intento?

He dedicado siete años de mi vida a esta película. Hay quien dice que los ciclos vitales van de siete en siete, así que podría decir que le he entregado uno entero. Y, en ningún momento, he sentido que me cansara de ella. Ha habido momentos difíciles, claro, pero nunca me he desenamorado. No he necesitado pensar en otras películas posibles porque no quería hacer una película, quería hacer Anoche conquisté Tebas. Así que, hasta que no vuelva a sentir algo parecido por otro proyecto, me dedicaré a la pedagogía y a trabajar en las películas de mis amigos. Que a mi entender son otras dos maneras muy dignas de hacer cine.

¿Qué película te hizo querer hacer cine?

Furia de titanes (1981), la de los monstruos de Harryhausen con el protagonista de La ley de Los Angeles (1986). También La aventura (1960) de Antonioni.

¿Tienes alguna película preferida sobre viajes en el tiempo? ¿Y de romanos?

De romanos me flipa Sebastiane (1976) de Derek Jarman y, como te decía, Furia de titanes -si aceptamos Furia de titanes como película de romanos-. ¿Interstellar (2014) cuenta como película de viajes en el tiempo? Luego hay una que vi de niño y que me marcó porque me dio mucho miedo que se llama Los pasajeros del tiempo (Time After Time, 1979), de Nicholas Meyer. En ella H.G. Wells construye una máquina del tiempo pero Jack el destripador se la roba y viaja a San Francisco en 1979.

¿Quiénes son tus espectadores ideales? ¿A quién le va a gustar tu película?

Como espectador, siempre me han interesado las películas que resultan misteriosas pero no solemnes, las que contienen un pequeño milagro y te acompañan durante días después de haberlas visto. Me gustaría pensar que Anoche conquisté Tebas tiene algo de todo esto. Y, sobre todo, me haría mucha ilusión que gustara a espectadores tan jóvenes como los protagonistas