Entrevista con Cómo Vivir en el Campo

Seis discos. Más de doce años. Y la sensación, escuchando Tan lejos como esta tarde me lleve, de que Pedro Arranz y los suyos acaban de hacer el mejor disco de su carrera.
El nuevo álbum de Cómo Vivir en el Campo es largo, variado y lleno de sorpresas: un bandoneón grabado en casa de Tito Cartechini — que tocó con Piazzolla y Troilo —, un guitarrista de pedal steel desde su rancho en Texas, cuerdas, teclados, una versión de Natalia Lafourcade que llegó casi por accidente y ese “chotis perpetuo” que Begoña Casado identificó un día escuchando las voces a capella y que resume mejor que nada lo que es esta banda.
Hablamos con Pedro sobre el proceso de grabación, las canciones que se quedaron fuera, lo folclórico como concepto, los americanismos venezolanos y la utopía de que alguien escuche un disco entero de una sentada. También sobre el concierto del 29 de mayo en Barcelona junto a Invisible Harvey y la presentación en Madrid el 14 de junio en La Sala El Sol.
Una conversación larga, generosa y llena de referencias. Como sus discos.
Hola Pedro, antes que nada felicidades por el disco. Creo sinceramente que es vuestro mejor trabajo. También es vuestro disco más largo. ¿Han sido estos tres últimos años especialmente fructíferos en ideas? ¿Has tenido que dejar material fuera? ¿Cómo ha sido el proceso, teníais ya material anterior que habéis ido puliendo y encajando con nuevo?
¡Hola! Muchísimas gracias por esas palabras. En principio, la idea era escribir canciones sin ninguna premisa en concreto y hacer un disco doble, con ese carácter que tienen los dobles LPs, donde hay lugar para todo tipo de cosas… No lo hicimos finalmente, pero quizá por eso sea tan largo y variado. Desechamos la idea por una cuestión de tiempo y también por razones prácticas, pero te puedes imaginar, han quedado muchas cosas fuera, unas ideas más desarrolladas, otras menos, pero vaya, eso es algo que ocurre siempre. Sucede a veces que hay temas que en un disco no encuentran su sitio y después acaban encontrándolo en otro; es el caso de ‘Vestido imperio’, que lo escribí para el anterior disco, Yiyi, y no terminó de cuajar hasta que Pablo, casi recién entrado a la banda, lo cogió y metió esa línea de batería tan hipnótica (debo decir que lo que escuchas en el disco es él improvisando ideas sobre la marcha el primer día que la tocaba). Más adelante sacaremos algún EP con parte de todo ese material que se quedó fuera, ya es una costumbre.

El título del disco vuelve a ser precioso y poético: “Tan lejos como la tarde me lleve”. No sé si te apetece explicar algo del título o a veces es mejor dejar lugar a la interpretación y el misterio.
Casi siempre hay algo detrás, pero me gusta que cada cual haga de las letras y los títulos su propia película.
Pasando a las canciones, el disco empieza con “De vez en cuando en lugares extraños” en la que repetís la fórmula de anteriores trabajos: empezar con una canción larga, eléctrica, la que más puede recordar a Yo la tengo, uno de vuestros grupos fetiche e influencia evidente en vuestros primeros trabajos. ¿Casualidad o es que os gusta esta carta de presentación?
Dentro de lo estilísticamente dispersos que suelen ser nuestros discos, creo que nos gusta la idea de mantener algo familiar en ese no-esquema de las cosas.
Una de mis favoritas es ‘Nazarena’, penúltima canción del disco. Los que lleguen hasta ahí descubrirán un tema cargado de electricidad que por momentos tiene un deje aflamencado, aunque también un piano que te lo firman los Stones de principios de los 70. Parece una canción salida o al menos pulida en ensayos en el local. ¿Sois un grupo que trabaja mucho las canciones? ¿Cómo es vuestra dinámica?
Las ideas llegan al local unas veces más estructuradas y otras menos. Cuando llegan más crudas, todo el proceso de arreglos y demás suele salir de forma bastante espontánea y natural entre los tres, así que tampoco necesitamos darle demasiadas vueltas antes de grabar… normalmente le damos muchas más vueltas a todo después, durante el proceso mismo de grabación: ahí es cuando cambiamos las canciones, las regrabamos y vestimos de mil maneras diferentes antes de quedar satisfechos, es muy divertido. También te diría que cuando realmente las trabajamos en el local es, una vez terminado el disco, cuando nos vemos en la necesidad de tocar en directo con una guitarra, un bajo y una batería esas canciones que en el disco pueden llevar todo tipo de arreglos. Es como si fuéramos una banda haciendo versiones de sus propios temas. Es un juego, un reto en la mayoría de los casos.
Siempre os habéis encargado vosotros de la producción. ¿Ha habido alguna novedad en la forma de plantear la grabación respecto al anterior? ¿Cómo ha sido el proceso?
Desde el primer disco siempre nos hemos encargado de todo nosotros mismos, y seguimos funcionando de la misma manera, así que en ese sentido no ha cambiado nada. El proceso de producción fluye desde dentro y va cogiendo caminos que a menudo nos sorprenden a nosotros mismos… nos dejamos llevar por nuestra intuición y forma de entender la música. Sería interesante contar con un productor ajeno a la banda, pero seguro que perderíamos esa parte tan lúdica que es la de enredar todo hasta que encuentras eso que andabas buscando: también es la mejor manera de aprender, y cada vez lo vas haciendo mejor. En cuanto al planteamiento de la grabación, hay bastantes más momentos dejados a la improvisación que en discos anteriores, solos de guitarra, arreglos de teclado y de voces, líneas de batería… creo que conseguimos un resultado bastante orgánico, que era la idea desde el principio. En último término, es Miguel quien termina dándole una coherencia a todo a través de la mezcla, a la que se le dedica todo el tiempo que haga falta. Es un trabajo muy complicado, tratándose de canciones conceptualmente tan distintas, pero el resultado está ahí, y es fabuloso. Por lo demás, el resto del proceso es un poco como viene siendo siempre: llevo las ideas al local y trasteamos los tres un poco con ellas: si salen adelante y nos convencen, bien; si no, ya vendrán otras. Personalmente, el hecho de dejar a un lado canciones que pensabas que podían funcionar, lejos de frustrarme, me motiva a buscar nuevos caminos. Cuantas más ideas desechas, más ideas nuevas aparecen.
En el disco anterior había colaboraciones ilustres como las de Javier Vacas (Vacazul, Sex Museum, Los Coronas, Corizonas…) o Javier “Skunk” Gómez (Depedro, SuperSkunk, Vacazul…). ¿Ha habido colaboraciones o personas que han ayudado a sacar adelante las canciones en esta ocasión?
Tito Cartechini, el bandoneón que se escucha en ‘Correr el sur’, es una leyenda que ha viajado por todo el mundo y tocado con gente como Astor Piazzolla, Aníbal Troilo o Mercedes Sosa… no te puedes imaginar el honor que es haber podido trabajar con él a sus casi 80 años, en su casa. Podría escribir un libro con todas las historias preciosas que le escuché contar de su vida, allá en Argentina. Aaron Marshall es un guitarrista de pedal steel que vive en una pequeña ciudad de Texas, al que mandamos una demo de ‘Tú a mi vera’ con un patchwork de fraseos suyos (que “robamos” de su canal de YouTube) cortados y pegados por encima de la música. El contexto y el resultado le encantaron y acabó grabándonos desde su rancho esas preciosas líneas que se pueden escuchar en el disco (es justo lo mismo que hicimos con ‘Malbaratada’ y el solo de trompeta). Ha participado más gente: Franco Callaci, un tipo maravilloso, teclista lleno de ideas y talento, que hizo que canciones como Gaztetxe, De la foto que guardo o Nazarena volaran muy alto. También, por supuesto, la voz de Begoña Casado, que viene trabajando con nosotros ya desde hace muchos años y en directo es una más de la banda. El grupo empezó a coger un nuevo camino a medida que su voz se fue haciendo más presente en los discos y los directos. Aparte, han participado también amigos, familiares… es muy bonito hacer partícipe de las canciones a la gente que quieres.

La nota de prensa la firma Raquel Pelaez, una reputada escritora y periodista. Habla del “chotis perpetuo en la voz de Pedro”, una bellísima frase que resume perfectamente una parte importante de lo que sois y que creo que por primera vez reinvidicáis claramente: lo folclórico. ¿Te ves reconocido en esa frase y en la reivindicación?
Sí, muchas de las descripciones que hace Raquel en la nota son cosas en las que he pensado a menudo durante estos años y que nunca había oído mencionar a nadie. Si te pones a mirar, canciones como ‘Moderna’ o ‘Lo que no logra la razón lo hace el diablo’ ya tenían un poso muy particular en ese sentido, y que se ha ido haciendo más presente en el sonido del grupo con el paso de los años. Igual, te diría que lo de folclórico en este caso viene por lo exótico o pintoresco que puede llegar a resultar el concepto, el sonido del grupo, más que por unas raíces musicales más o menos localizadas. Durante la grabación de Yiyi, mientras trabajábamos las voces de Costilla, en un momento en el que estábamos escuchando las pistas de voz aisladas, recuerdo que Bego dijo: “¿te das cuenta de que esto es un chotis?”… y era sorprendente porque, escuchado así a capella, aquello resultaba tal cual un chotis. En fin, nací y crecí en Camberí (Bego también), así que algo se tiene que notar. Igual, siempre he dicho que Malevaje es una de las bandas que más me han inspirado, influenciado, y por ahí seguro que viene algo también. Me gustó muchísimo el análisis y el retrato de la banda que hizo Raquel, tan acertado y tan inteligente. Lo guardaré como una de las cosas más bonitas que he leído sobre el grupo.
“Suena a meseta y a mar” dice también la nota de prensa. En anteriores discos el viaje llevaba de Madrid a California. ¿Sigue siendo ese el mar de tus pensamientos o, como te pregunté en la anterior entrevista, has descubierto otros mares. ¿Quizás el Mediterráneo?
No hemos sido nunca un grupo que se caracterice por revisar demasiado sonidos ni patrones autóctonos. Lo folclórico lo llevamos muy subliminalmente, para el que lo quiera encontrar. Está escondido en las melodías de voz, las letras, en ciertos ritmos y planteamientos… pero instrumentalmente debemos más a Fleetwood Mac o a Buffalo Springfield (por ejemplo) que a cualquier cosa de aquí. Aunque sí, no se puede negar que hay algo muy castellano sobrevolando todo el tiempo.
‘Guircho’ es la segunda canción del disco. He tenido que buscar que es una palabra venezolana que viene de ‘wild child’. ¿Te nutres mucho de literatura, poesía y música sudamericana? ¿Alguna obsesión reciente que quieras compartir?
Siempre me han fascinado y divertido mucho los americanismos, todo ese universo de expresiones y palabras latinoamericanas, cada cual más bonita e imaginativa; me gusta mucho cómo funcionan cuando los tomas prestados y los metes ahí de pronto, sobre todo si el oyente no está familiarizado con ellos. Quizá no sepan qué significa exactamente eso que acabas de cantar pero sí que perciben la intención, el sentido. Es una forma de decir las cosas de una manera diferente y expresiva. Son muy poéticos, y a menudo llevan parejo un sentido del humor precioso. El caso de güircho es un anglicismo venezolano, como ocurre con el pariguayo de RD (party watcher, o sea panoli), que son dos de mis palabras favoritas. Son una genialidad. En cuanto a las lecturas, sí que leo bastante poesía latinoamericana, y la disfruto más que la española, precisamente por eso: hay ahí un lenguaje, una forma de comunicar y expresar las cosas tan vibrante e imaginativa que nunca deja de sorprenderme. Por recomendarte alguno, te diría Luis Chaves o Laura Wittner, por ejemplo. Y Nicanor Parra, siempre.
Precisamente en el disco hay una canción de una cantante mexicana, Natalia Lafourcade, que tiene una cadencia que parece deudora de Jeannette. ¿Ya eras fan o la descubriste recientemente? ¿Cómo llegaste a esta canción?
Llegué de una forma bastante casual, alguien que la tarareaba, y al buscarla lo que menos me llamó precisamente fue ese aire a Jeanette que respira la producción. Alguna vez pensé en tocarla en directo a ver si se la podía hacer sonar diferente pero nunca lo hicimos y, bueno, el incluirla aquí fue una ocurrencia muy del último momento, medio improvisada y con el disco ya terminado. Natalia Lafourcade es una artista excepcional (y ahí sí hay folclore, del de verdad). Hasta ese momento de llegar a esta canción tampoco la había escuchado apenas, si te digo la verdad, pero me enamoré en seguida de su música.
Recuperando también una pregunta de nuestra anterior charla, ¿sigue siendo tu ambición que este disco se escuche entero? ¿Si es en vinilo, mejor?
Ambición… utopía casi. Pero las hay, esas personas que se escuchan los discos de una sentada existen, y al final haces los discos para ellas; piensas “serán pocas, pero lo van a disfrutar”. Juan Ramón Jiménez decía aquello de “para la minoría, siempre”… pues eso. En cuanto al soporte, se pueden hacer las cosas de tantas maneras distintas. Puedes ver una película de la forma más miserable, en la pantalla rota de una tablet, y disfrutar como un niño. Un disco puedes comprarlo o no y en cualquier contexto tiene que ser capaz de defenderse por su música, pero siempre le vas a añadir algo importante cuando además te zambulles en esa estética que el artista eligió para ilustrar su música, que no es algo casual ni gratuito. Pero vaya, antes escuchabas muchísima música mal grabada en unas cassettes roñosas a más no poder, y la gozabas igual. Un móvil sonando a 128 kbps no te va a volar los sesos como un buen equipo y unos buenos bafles pero la música sigue estando ahí. Los tocadiscos Crosley y esas vainas son otra historia, porque deberían estar prohibidos, sin más.
Hablando de vinilo, tengo que preguntaros por la portada, esas dos enigmáticas y anacrónicas ¿jarras?. No sé si es una referencia a alguna de las canciones del disco. ¿Es como en otras ocasiones la obra de algún artista?
La foto la hice yo hace unos años, sin pensar que acabaría en la portada de un disco. Después, anduve meses dando millones de vueltas al tema del arte, hasta que un día, de pronto, me di cuenta de que esa era la imagen que estaba buscando. Son dos piezas de un juego de té. Si cotilleas nuestro instagram un poco atrás en el tiempo puedes encontrar el origen de la foto por ahí escondido.
El disco lo saca de nuevo vuestro sello, El Genio Equivocado. Si no me equivoco son ya mas de 12 años juntos. ¿Cómo lleváis esta relación tan duradera?
Cuando arranqué este proyecto recuerdo que, durante años, lo único que ambicionaba era conseguir salir del limbo de los CDs autoproducidos y existir más allá de eso, que un sello nos editara un single, un EP, cualquier cosa pequeñita aunque fuera, que uno pudiera cogerlo entre sus manos y decir “ahí está, ahí queda eso, ya puedo morirme tranquilo”… Años después, resulta que tenemos seis LPs por ahí circulando, cinco de ellos con El Genio Equivocado. Nunca podremos agradecerles lo suficiente el apoyo incondicional que nos han brindado siempre y las facilidades y la libertad creativa que nos han concedido desde el principio. Es un privilegio poder hacer las cosas así y, en lo personal, un sueño hecho realidad.

A principios de 2025 sacasteis un EP que creo que pasó un poco mas desapercibido, y que empezaba con una versión de Whitesnake, un grupo que no está demasiado reivindicado.
Ah, esa versión de ‘Guilty of love’… qué bonita que nos quedó.
Necesito saber qué estás escuchando estos últimos meses. Tus recomendaciones son siempre bienvenidas.
Un disco al que vuelvo muy a menudo: Le pas du chat noir, de Anouar Brahem; solamente laúd, piano y acordeón… nunca te puedes cansar de escucharlo.
Y un par que compré el otro día y que me sorprendieron: LIV de Livingston Taylor (una pequeña joya del hermano pequeño de James Taylor. De sus tres hermanos era el más talentoso, aunque creo que le pesó el tener una voz calcada a la de a su hermano mayor) y el primer disco de Mark-Almond (un dúo inglés de los 70, nada que ver con el cantante de Soft Cell. Un disco extraño y relajante).
En unos días, el viernes 29 de mayo, estaréis en Barcelona tocando junto a Invisible Harvey. ¿Qué podemos esperar de este concierto? ¿Tenéis alguna fecha mas de presentación?
Es un placer volver a tocar con Invisible Harvey, creo que hacemos un cartel estupendo los dos grupos juntos. En el concierto podréis comprobar eso que te comentaba más arriba cuando hablaba del reto que supone traducir las canciones del disco al formato de trío. Al final, salen unas versiones diferentes de los temas, en muchas ocasiones sorprendentes y con desarrollos distintos a los del disco, con mucho espacio para la improvisación. Por ejemplo, en formato de trío, Gaztetxe de pronto suena más a los Pixies que a otra cosa… aunque luego (prepárate) se transforma en algo más cercano a Whitesnake, ya que los has mencionado. También, de vez en cuando aprovechamos para incluir en directo otros músicos (piano, cuerdas, vientos…). En la presentación en Madrid, el 14 de junio en El Sol, nos acompañará en algunas canciones Franco Callaci, teclista del que te he hablado antes. Nunca hemos tocado en ese formato, así que será algo especial.
Siempre acabamos con un rápido cuestionario para acabar de conocer a nuestros entrevistados. A ti ya te lo hice, pero lo repito a ver si cambias alguna de las respuestas:
dime una película, una serie, un podcast o programa de radio y una comida.
Película: Buffalo 66.
Serie: Colombo.
Programa de radio: Jesús Bombín en Radio3, Songhunter en 3Cat.
Comida: hace poco descubrí la porra antequerana y, como fan del salmorejo, puedo decir que fue una experiencia religiosa. De postre, fresas con dulce de leche.