Entrevista a Pequeño Mal

Hay grupos que nacen para continuar un camino y otros que aparecen para empezar de cero. Pequeño Mal pertenece claramente a la segunda categoría. Aunque detrás del proyecto estén Saray Botella y Lolo G. Molinier, nombres inseparables de Hazte Lapón, su nueva aventura mira hacia otro lugar: un pop de guitarras urgente, eléctrico y contagioso que bebe del power pop, el noise pop y el post-punk sin perder el gusto por las grandes melodías y unas letras llenas de referencias e imágenes sugerentes.
Tras una colección de singles que han ido perfilando su personalidad y con su esperado primer LP a las puertas, hablamos con Lolo G. Molinier sobre el nacimiento de la banda, el legado de Hazte Lapón, la importancia de los Buzzcocks, el underground de ayer y de hoy, la forma en la que componen sus canciones y ese equilibrio entre electricidad y emoción que convierte a Pequeño Mal en una de las propuestas más interesantes del panorama nacional.
Hazte lapón decidisteis dejarlo justo antes de la pandemia. Evidentemente eso es algo que desconocíais pero ¿en qué momento surgió Pequeño Mal? ¿Ya lo teníais pensado antes o fue justo durante la pandemia?
Sí, efectivamente dimos el último concierto de Hazte lapón en enero de 2020, dos meses antes de que se declarara la pandemia que complicó la vida de casi todos los músicos y de muchos de nuestros amigos, pero nosotros no lo hicimos porque tuviéramos capacidades adivinatorias, sino porque nuestra vida previa con el grupo era un caos. Teníamos un niño pequeño y los dos padres de la criatura tocábamos en el mismo grupo. Entonces, después de eso, además, nos pilló la mudanza de Barcelona a Málaga, de modo que durante mucho tiempo no solo no pensé en formar un grupo nuevo, sino que prácticamente no toqué la guitarra, no la descolgué. Estuve haciendo otras cosas, estuve escribiendo artículos, me centré en adaptarme al nuevo trabajo y a la nueva ciudad. Y un tiempo después, casi un año después del parón, empecé a coger la guitarra acústica en casa y surgieron algunas canciones. La mayoría de ellas no han superado mi autocrítica, pero algunas sí; entre ellas, dos de las canciones que forman parte del repertorio de Pequeño Mal: una es Epilepsia de amor, y la otra, Calaveras y diamantes. Esas surgieron de aquella época, después de un año sin coger el instrumento. Empecé a volver a ver si me salía alguna canción decente, pero era para mí muy frustrante porque no me convencían, no tenía paciencia para terminarlas… De lo que sí me di cuenta es de que las canciones que estaba haciendo tenían otras temáticas y otras reglas que no eran las que habían movido la composición antes, en Hazte lapón. Entonces, cuando empecé a tener más canciones, era evidente que tenía que ser para un nuevo grupo. Digamos entonces que no hubo primero canciones y luego banda, porque ya había varias canciones, pero no sabía qué iba a hacer con ellas. Hubo banda sobre todo, cuando encontré músicos con quienes tocar esas nuevas canciones.
Dices que primero llegaron las canciones y después llegó el grupo. ¿En qué momento te diste cuenta de que ya había material suficiente como para que mereciera la pena ir al local de ensayo? ¿Y a quién reclutas? ¿Cómo surgió el grupo y por quién está formado?
No sé muy bien si cuando empecé el grupo ya tenía material suficiente, porque hace ya bastante tiempo que empezamos a ensayar. Creo recordar que traje algunas canciones, como he dicho, pero otras cuantas han ido surgiendo en el local de ensayo. Eso era algo cualitativamente muy diferente a Hazte lapón, por lo menos, a la última etapa de Hazte lapón, porque con ellos no hubo una dinámica de local de ensayo, con banda como tal, desde 2013 en adelante, porque ya yo no vivía en Madrid, de modo que fuimos dejando de componer canciones como banda y todo lo hacíamos a distancia.
Con Pequeño Mal traje unas cuantas canciones y me reuní con viejos amigos músicos, por si querían formar un nuevo grupo. Eran músicos que nos habían acompañado en la última gira de Hazte lapón. Son músicos de Málaga que tenían bandas del underground dela ciudad desde hace muchos años: primero Icarus Crush y, actualmente, en Living Camboya. Antonio y Carlos son hermanos y son amigos míos desde la época del instituto, y los convencí para volver a tocar juntos. La última vez que habíamos tocado juntos, en el periodo de Hazte lapón tocaron canciones en las que no habían participado en su composición, y en esta sí han participado en la creación de estas canciones y en su sonido desde el principio.
Al principio, pues llevé esas que he dicho. Calaveras y diamantes, Epilepsia de amor… Luego estuve un tiempo mirando las evoluciones armónicas de los Pixies, y de ahí surgió Pompas de jabón, que es una canción evidentemente influida por los Pixies, y ya con la dinámica de banda, empezaron a salir más. Por ejemplo, Dos neuronas es una canción que surge de un riff que trae Antonio, y a partir de ello trabajo la canción yo, y aporto algunas partes nuevas y la melodía de voz, pero el riff original lo trae él, de manera que esto es una dinámica compositiva completamente distinta a Hazte lapón, más parecida a la típica banda de guitarras. De ahí surge un poco la lógica de que Pequeño Mal debe parecerse más a una banda de power pop o de noise pop, al estilo Superchunk o The Only Ones o los Pixies, que a ese pop de cámara que acabó siendo Hazte lapón.
¿Y podría tener sentido recuperar alguna canción de Hazte lapón llevándola a vuestro nuevo sonido?
Hace poco me di cuenta de algo que me sacó un poco de mis propios prejuicios con respecto a mi propio material. Siempre había pensado en Hazte Lapón y Pequeño Mal como algo semejante a la transición que hubo de Surfin’ Bichos a Chucho… pero el otro día me di cuenta de que El Último de la Fila había tocado en esta gira de vuelta dos o tres canciones de Los Burros e incluso una de Los Rápidos. Entonces me di cuenta de que a veces los músicos nos ponemos unas reglas estancas un poco absurdas, puesto que las canciones de ambos grupos las he escrito yo. Entonces, la cuestión, creo, no es si esto es Pequeño Mal, no puede ser Hazte Lapón. La clave es que, si versionamos una canción de Hazte lapón, será llevándola al terreno de Pequeño Mal. No creo que lo hagamos con frecuencia, pero quizás si alguna encaja en el repertorio y en las constantes musicales que Pequeño Mal pues ¿por qué no? Son canciones mías también.

Por cierto, el nombre Pequeno Mal, ¿qué querías decir con esto? ¿Qué puedes explicar del nombre? A mí me recuerda, me ha venido a la cabeza, Minor Threat, ¿no? Amenaza menor, pequeño mal… no sé, ¿un poco viene por ahí? No sé si tiene algo que ver.
Sí, sí, la verdad es que realmente es un pequeño homenaje a Minor Threat, el homenaje que un médico, con el humor negro que tenemos los médicos, puede hacer a la banda Minor Threat. Porque encierra el mismo tipo de oxímoron, ¿no?, el de la amenaza menor.
Petit mal es como se llamaba a un tipo de epilepsia, la ausencia, que en comparación con el Grand mal epiléptico era un mal menor, una amenaza menor. Pero sí, sí, desde luego, es un pequeño guiño a una banda fundamental que, aunque en lo musical quizás no se vea la importancia o la influencia que tiene en nosotros, en la parte ética tiene una influencia notable, hasta el punto de que en algunos conciertos hemos empezado con el grito «¡somos Pequeño Mal!», como aquel «We are just a Minor Threat!
Minor Threat fue un grupo de hardcore y vosotros sois de Málaga, donde precisamente hay una escena hardcore bastante importante Sin embargo, vosotros miráis más hacia el power pop, el pop de guitarras…¿Qué influencias tenéis? ¿Y hay algún grupo que haga de nexo, que coincida entre Hazte Lapón y Pequeño Mal?
Bueno, en los inicios de Hazte Lapón realmente había mucha influencia del rock de guitarras de finales de los 80 y principios de los 90. Sobre todo al inicio, no solo de grupos evidentes como Pavement, Hefner o The Auteurs —que no tienen nada que ver con el hardcore—, sino también de otras bandas que también tenían su peso como Hüsker Dü, Superchunk o Pixies. Esa influencia estuvo ahí, siempre estuvo ahí; quizás más al inicio que al final de la banda, y sirven de nexo con Pequeño Mal porque, al ser una banda de guitarras, vuelve a notarse el peso y la influencia de bandas, pues, como del punk, el post-punk, el hardcore y de la primera escena hardcore de los 80 en Estados Unidos. Y ahí están Fugazi, Hüsker Dü, The Replacements, Pixies, Superchunk… Creo que esta banda, a su vez, enlaza con otras bandas de punk que también fueron muy influyentes para mí durante mis primeros años, como Wire, The Only Ones, Magazine o Buzzcocks. Yo creo que al final ese germen es más evidente en Pequeño Mal, pero siempre estuvo ahí, también en los inicios de Hazte Lapón. Y al respecto de eso te diré que, desde luego, la escena hardcore de Málaga fue muy influyente también en mi formación musical cuando tenía veinte años, porque a finales de los 90 y principios de los 2000 era lo más parecido que teníamos a una escena independiente en la ciudad donde yo estudiaba y vivía, y en la que había nacido. Era una ciudad donde no pasaba nada hasta que la gente que hoy está detrás del festival Canela Party empezaron a traer a bandas del ámbito del hardcore, como Nisei o Madee, pero también pudimos ver en Málaga a la banda de post-rock japonesa Mono o a Delorean presentando su primer EP. Eran cosas que venían del hardcore, pero que salían del ámbito estrictamente hardcoreta. Yo en esa época también escuchaba mucha música emocore, como Get Up Kids, Texas Is the Reason, Death Cab for Cutie o, sobre todo, Sunny Day Real Estate, de manera que, en cierto modo, la escena hardcore de Málaga es parte de mi formación musical porque la viví en directo.
De toda esta ristra de nombres que has dado, hay uno que ya ha salido en alguna otra entrevista que os he leído, y es el de los Buzzcocks. Y es que creo que sus singles han sido bastante determinantes en la idea que tenéis con Pequeño Mal de presentar las canciones, ¿no? Lleváis varios meses presentando singles, y creo que la idea del disco que sale en otoño va por ahí: presentar vuestro “Singles going steady” particular ¿Qué nos puedes contar de esto?
Yo siempre le doy vueltas al formato para que tenga coherencia artística, pero de una manera muy práctica. Es una especie de lucha frente a un enemigo ciclópeo que es el algoritmo musical. Le das vueltas a cómo un músico de más de cuarenta años en una ciudad de provincias puede sacar un proyecto de rock de guitarras con letras más o menos ingeniosas y conseguir que alguien lo escuche.
Supongo que es la misma posición en la que se encuentran proyectos que a mí me gustan mucho y que están ahí un poco en tierra de nadie, como La Estrella de David, Estrella Fugaz, por ejemplo, o Aurora Roja. Entonces, la idea del formato en este caso es, ya que hay un trabajo en canciones que no es conceptual, sino que es un trabajo en canciones más inmediatas, que deben funcionar por sí solas, pues hemos encontrado la vía del estreno en singles dobles como una manera de ir presentando el proyecto y conseguir que la gente le dedique un poquito de su tiempo a esas dos canciones. Que el disco sea una recopilación de esos singles resulta lo lógico. Es algo que creo que es natural y sustancial al proyecto.
Y, efectivamente, ahí el Singles Going Steady de los Buzzcocks es una referencia, porque era a la vez un disco de singles muy claros, pero todos muy torcidos. No eran precisamente los Beatles, o por lo menos eran unos Beatles sucios y destartalados. Y creo que ese punto de fabricar singles infecciosos, pero por fuera del mainstream, por fuera de la industria del single, solo permite esa comparación. También podría ser un poco aquella gesta que hicieron The Wedding Present, The Hit Parade, que estuvieron un año en el que sacaban, no sé si fue un single cada mes, y los colaron todos en el top 40 de ventas en UK; esa también puede ser otra referencia. Aunque no seamos ni los Buzzcocks ni los Wedding Presents, esa es la inspiración.
Por tanto, el disco que creo que saldrá en octubre —si me equivoco, corrígeme— será una recopilación de estos singles, ¿pero habéis guardado una sorpresa, alguna canción mas por descubrirnos?
Exacto, el disco, con su edición física en vinilo, saldrá este otoño y recopilará todos los singles que han salido en 2025 y 2026, y que han servido para presentar el proyecto. Queda un single más, que tiene dos de mis canciones favoritas de la tanda de canciones que hemos grabado, que está por salir y saldrá a la vez que el disco
Y hablando de grabación, habéis grabado el disco con Jordi Gil, ¿cómo fue la grabación? ¿Cómo la planificasteis? ¿Fuisteis grabando poco a poco o habéis grabado todos los singles de golpe y los habéis ido soltando?
Grabamos con Jordi Gil en dos tandas. Teníamos ya 11 o 12 canciones, pero decidimos grabar primero las cinco que teníamos más claras, que son las que aparecieron el año pasado, y en una segunda tanda seis canciones nuevas que veníamos trabajando previamente.
La verdad es que están prácticamente grabadas en directo, o sea, lo que es la base rítmica: bajo, batería, guitarra y voz, está grabado tocando toda la banda a la vez en el estudio. Yo creo que eso se transmite en la grabación; es un modo de grabación muy distinto a los discos de estudio que habíamos hecho en Hazte Lapón, sobre todo el último. Entonces, para eso hay que ir a Sevilla y tocar, y trabajar las canciones allí. La base de la banda ha tocado las canciones todos juntos, y sobre eso hemos grabado las voces definitivas de Saray y yo, y luego, los arreglos de teclado. Han sido unas jornadas muy fructíferas de estudio. Jordi Gil es un productor que trabaja con muchos de los mejores músicos de todo el país, especialmente de Andalucía, como Califato ¾, Derby Burrito, Rocío Márquez, Sr. Chinarro en su época, Vera Fauna… Es un estudio que sabe sacar un sonido orgánico muy interesante y creo que ha sacado lo mejor de las canciones. Tiene gran parte de la culpa de ese golpe fuerte, enérgico y compenetrado que tiene la grabación.

En Pequeño Mal vuestro punto fuerte, a priori, es el gancho melódico y urgente que tenéis, este pop de guitarras tan bien ejecutado, pero también las letras tienen importancia, no son algo menor. En Hazte Lapón eran uno de los puntos fuertes, de hecho, los discos de Hazte Lapón giraban alrededor de conceptos, ¿no? La paternidad, la vida adulta… ¿Hay algún concepto en las letras de Pequeño Mal que vertebre el disco o cada canción tiene su propia historia?
Creo que cada canción, esta vez, solo se remite a sí misma. Algunas tienen que ver con experiencias reales y otras son, por primera vez, fantasías de cosas que nunca han sucedido, como esos dos ex-amantes que se reencuentran y se temen de Calaveras y diamantes, o la reflexión sobre la voracidad y la peligrosidad del deseo masculino que se cierne sobre esa presa que es Cleo, en Cleo (y los hombres fatales). Ahí, como siempre, hay algunas referencias que ponen en marcha las canciones, como la escena del desvanecimiento de Madame Bovary en Epilepsia de amor, o una escena de la película Cléo de 5 a 7 de Agnès Varda, o como la escena del ritual de arrancamiento del corazón de Indiana Jones, que aparece en Pompas de jabón. Siempre el imaginario literario, cinematográfico y pop es parte del patchwork que construye las imágenes de las letras, pero destaca en esta ocasión que cada canción es un poco un mundo, ¿no? Hace poco me crucé con un amigo que conoce bien a Hazte Lapón, Alfonso, un profesor de filosofía de Cáceres, que me decía que las letras de las canciones de Pequeño Mal eran más complejas, y me sorprendió. Quizá yo no las concebía más complejas, pero es verdad que, como no responden a una especie de viñetas sobre una relación de pareja, pues efectivamente tienen un elemento más abstracto, más poético y, por tanto, solo yo sé lo que realmente significa cada frase o incluso, si soy fiel a la teoría freudiana, ni siquiera yo sé por qué digo las cosas que digo en cada canción. En cualquier caso, las letras tienen un poquito más de licencias poéticas y quizá por eso son más intrincadas y un poco más herméticas.
Para cada single has ido dibujando para la portada a diferentes monstruos. Monstruos simpáticos, no demasiado amenazadores. Supongo que esto tiene que ver con el nombre del grupo, pero, ¿cómo surgió la idea de este bestiario que has que habéis ido desarrollando y si tendrá continuidad también en la portada del disco?
Bueno, me alegra que me preguntes por esta parte menos conocida, que es mi faceta de modesto ilustrador amateur. No diría que soy ilustrador, soy simplemente un dibujante aficionado que ocasionalmente ha hecho carteles y portadas para amigos y también para alguno de los grupos que he tenido. Por ejemplo, la portada de No son tu marido se basa en un dibujo mío, pero llevaba mucho tiempo sin encargarme de la parte gráfica. Y quizá precisamente en un momento de explosión de la IA y de estas portadas horrorosas de la inteligencia artificial generativa, me apeteció un poco encargarme yo de nuevo de hacer los dibujitos de las portadas que, bien o mal, son genuinos, porque son míos.
Estos dibujos surgieron cuando grabamos allí en Sevilla con Jordi Gil. Empecé a garabatear la idea de niños llevando máscaras de animales aparentemente monstruosos, pero no demasiado. Apareció la idea esta de un perro que llevaba un hueso sangrando en la boca, para la canción Golden Retriever, y luego hice el icono del murciélago que aparece en las camisetas de Pequeño Mal. La idea era precisamente esa: son como niños que llevan máscaras gigantes, como si fuera un poco al modo de los gegants catalanes, pero máscaras aparentemente monstruosas de animales realmente convencionales, ¿no? Una cabra, un perro, un murciélago, un cangrejo… con la resonancia que tiene el cangrejo con el cáncer, digamos. Y apareció esta idea de “pequeños males” como leitmotiv. Animales como, efectivamente, pequeñas amenazas o amenazas menores. Frente a una catástrofe nuclear o el colapso climático, digamos, la posibilidad de que te muerda un perro, de que te muerda un murciélago o de que te pegue un pellizco con la pinza un cangrejo es solo un mal menor. Y esto organizó la iconografía de lo que han sido las portadas de los singles. Los dibujos son míos, los diseños son de nuestro batería, Fernando Bertola, y en la portada del disco habrá una nueva versión de estos pequeños males, que han organizado un poco la presencia gráfica del grupo. Los mismos animales, los mismos pequeños males, dibujados de otra manera.
Seguís con El Genio Equivocado, que ya fue vuestro sello en Hazte Lapón. ¿Qué aporta un sello a día de hoy, en 2026? ¿Sigue siendo importante? ¿Sigue siendo mejor estar en un sello que la autoedición?
Pues no sé qué decirte, porque no sé… me veo un poco en una situación en la que creo que tanto las bandas como los sellos independientes —que a día de hoy son prácticamente todos menos Sonido Muchacho— están en una difícil supervivencia. Creo que, en ese sentido, tanto El Genio Equivocado como las bandas como Pequeño Mal tienen una supervivencia complicada. En nuestro caso, la cuestión principal es que no vivimos del grupo, y realmente eso nos da un prisma que nos permite ser libres con respecto a la producción artística. Esto tiene muy mala fama, la de grupos que no aspiran a vivir de su música, pero realmente sería como haberle pedido a los poetas de toda la historia que pudieran vivir de lo que vendieran con su poesía, ¿no? Pedirle, yo qué sé, a Jaime Gil de Biedma o a Philip Larkin, que vivan solo de sus poemas. Hay un arte que no puede aspirar a vivir solo del arte que produce. Y creo que el underground también tiene esta cuestión: debe aspirar a ser, por lo menos, autosuficiente en su financiación, pero siempre hay una parte un poco de mecenazgo, ¿no?, de gente que dedica tiempo y ganas a algo que muchas veces no produce dinero o incluso que produce pérdidas.
Entonces creo que ahí la ventaja que tiene El Gen Equivocado como sello, la ventaja que tiene pertenecer a un sello como El Gen Equivocado es que tenemos una filosofía común y una relación personal buena. Ellos hacen una parte que se les da mejor respecto a la organización de lanzamientos, el management —del que también se encargan ellos—, la edición física y la venta, y nosotros nos encargamos de la parte musical y también de nuestra capacidad de generar conciertos. Con ello hay un equilibrio precario, y cuando el equilibrio es precario siempre es mejor, creo yo, estar junto a amigos que comparten una filosofía ética y estética. Esa es la ventaja que le veo. Pero la supervivencia de ambas cosas, de sellos y grupos underground, está hoy muy puesta en duda. Esto no está mal necesariamente, porque quizá nos empuja a volver a lo que el underground fue en algún momento: una estructura de música fuera del mainstream y que no aspiraba a entrar en el mainstream; que cuando los grupos o los sellos entraban, digamos, en el canal principal, era de casualidad, y que en su base lo que tiene es una filosofía cooperativa y una vocación por circular por canales paralelos al canal principal. Esto es una cosa que en los 90 se rompió, en los 2000 se acrecentó y en los 2010 ya es realmente demencial. No está claro que el underground pueda sobrevivir cuando todo el mundo pretende desembocar en algún momento en el mainstream. Y quizá hay que reivindicar la presencia de una música fuera del mainstream que no pretende entrar en él. Desde luego, yo estoy en este punto. Sobre este tema recomiendo el artículo de Andrea Galaxina, que se pregunta si es posible hoy una cultura underground como la que existió en décadas pasadas. Como yo, ella no es demasiado optimista con el panorama actual.
Creo que habéis dado más conciertos con Pequeño Mal, sin haber sacado vuestro primer disco, que prácticamente con Hazte Lapón en vuestra última etapa ¿Qué ha cambiado para que ahora seáis un grupo de directo, además un grupo en el que creo que los directos son una parte muy importante y en la que destacáis especialmente?
Al final, con Hazte Lapón dimos más conciertos de lo que parece. Los años que sacamos discos y el siguiente, en 2015-2016 y en 2019-2020, yo creo que dimos con Hazte Lapón 10-12 conciertos al año, lo que supone casi un concierto al mes. Ten en cuenta que en esa época teníamos un niño pequeño, ambos padres formábamos parte de la banda y la banda estaba en una ciudad y nosotros en otra. Creo que fueron bastantes conciertos, pero es verdad que las circunstancias hacían que pareciéramos un grupo que no se movía bien en directo y que tampoco tenía muy buenos directos, la verdad. Precisamente por la coyuntura no era fácil ensayar. En la última época de Hazte Lapón tocamos con dos de los músicos que hoy forman parte de Pequeño Mal, y en esa época sí que había una dinámica de ensayo bastante fructífera y dimos conciertos bastante solventes. Lo que cambia ahora es que esos músicos que nos acompañaban antes tocando canciones que no eran suyas, hoy son músicos que han formado parte de la composición y la creación de las canciones, de manera que la energía que se ha puesto en esas canciones en el local se transmite en el directo. Entonces es verdad que es un grupo muy pensado para que funcione en directo también, porque casi todos los elementos que suenan en la grabación se pueden llevar al directo. Es una diferencia significativa respecto al pop de cámara en el que se convirtió Hazte Lapón, que siempre requería una adaptación especial al directo. Aquí lo que suena es básicamente lo que se traslada al escenario, y esto hace que en un concierto se escuchen las canciones bastante parecidas a como se grabaron.
Vuestro próximo plan es este mismo sábado en Barcelona, en la primera de las dos fiestas de despedida de La Fonoteca junto a La Estrella de David. Imagino que os hace especial ilusión este plan, ya que es una ciudad a la que estáis muy vinculados, y también a un colectivo e incluso a David, que fue productor de un EP de Hazte Lapón
Efectivamente, la ocasión es perfecta. Llevamos sin visitar Barcelona ya bastante tiempo: estuvimos haciendo un acústico por los 10 años de No son tu marido en el Heliogàbal y desde entonces no hemos tocado en Barcelona, y con banda pues no tocamos desde 2019 en una fiesta en el Festival BIS.
Así que aprovecharemos para celebrar, con cierta pena, la despedida de La Fototeca, pero celebraremos los 15 años de conciertos, proyectos y todo lo que La Fototeca ha hecho para dinamizar el underground de la ciudad de Barcelona. Y mejor acompañados imposible: con uno de nuestros músicos favoritos, que además es amigo, David Rodríguez, que presenta un disco maravilloso sobre los juegos de la madurez, del amor y el desamor, que se llama Máximo.
Esperemos que la ciudad responda a la primera visita de Pequeño Mal.