Sorpresa y frescura son las dos sensaciones que despierta una película como Enorme. Se trata de una comedia francesa firmada por la directora Sophie Letourneur que nos presenta a una peculiar pareja: Claire Girard (Marina Föis) es una exitosa pianista, siempre de gira, casada con su representante y secretario personal, Frédéric (Jonathan Cohen). Ambos son como la noche y el día: ella es callada, retraída y se deja llevar, él habla hasta por los codos y está tomando decisiones constantemente, siempre en movimiento.

Este contraste de la pareja protagonista -y el estupor que provocan en los que los rodean- es el principal ingrediente cómico de la película, que se define, creo yo, en dos momentos al principio de la trama. Primero, Fred se presenta en un hotel bajo el nombre de Claire, creando cierta confusión en el personal, pero sobre todo definiendo su relación con su mujer -él hace y decide todo por ella- y estableciendo la dinámica de la trama: Fred vivirá el embarazo como si fuese él la madre. Luego, Fred decide que Claire debe tocar, por primera vez, con una orquesta, y le aconseja que deje de comportarse como una solista y atienda a las necesidades del resto de músicos, preparándola quizás para su futuro papel de madre.

Repleta de gags y pequeñas bromas que van desde lo costumbrista, pasando por el humor blanco, y hasta atrevidos chistes sexuales -bastante salvajes- y apelando sobre todo al humor absurdo, Enorme se ocupa también de tema complejos, como el papel del padre en la maternidad, y la frustración que puede llegar a sentir una mujer que acaba siendo un mero envoltorio para un bebé. Y ante lo excesivo de su humor, sorprende la forma realista y naturalista en la que se nos presentan las horas previas al parte. Muy recomendable.